Ilustración: Leal

Irundina, Euquerio y otros nombres en peligro de extinción

Nuestros abuelos y bisabuelos se llamaban Ulpiano o Filomena, pero no solemos considerar esas opciones para nuestros hijos: «En la Edad Media, los nombres se ponían de moda por santos y héroes; hoy, por actores, cantantes y deportistas»

Carlos Benito
CARLOS BENITO

Leyendo los periódicos de hace un siglo, nos encontramos con que muchas noticias están protagonizadas por personas con nombres imponentes: que si Domicio ha matado a su hermano Emeterio en una discusión, que si el viudo Victoriano se ha casado con Raimunda y ha recibido una cencerrada, que si la Policía ha detenido a Melitona por ejercer de adivinadora, que si los niños Brígido y Bernardino han ingresado en el hospital por sendos accidentes domésticos... (y sí, todos son ejemplos reales tomados de viejos diarios). Si echamos un vistazo al santoral de este mismo mes, reuniremos más nombres de esos que nos resultan a la vez familiares y ajenos: todavía es posible que muchos de nosotros hayamos conocido a algún Celestino, Pantaleón, Eufrasia, Práxedes, Apolinar, Abundio, Pancracio, Ciriaca, Bonifacio, Modesto o Heliodoro, aunque junto a ellos nos vamos a topar entre los santos de julio con otros personajes de bautismo casi fabuloso, como Monegunda, Carilefo, Mustiola, Nanfanión, Disibodo, Optaciano, Plequelmo o Glodesindis.

Pero está claro que, por mucho que nuestros bisabuelos fuesen Filomena o Ulpiano, no solemos tener en cuenta esas opciones a la hora de registrar a nuestros hijos. Hay cientos y cientos de nombres que una vez fueron relativamente comunes y que hoy ya no se emplean: hace seis años, por ejemplo, el equipo del Instituto Nacional de Estadística detectó que ya no quedaba en España ninguna Urraca, pese a su ilustre pasado como nombre de la realeza (ahí está el apasionante ejemplo de Urraca I de León, la Temeraria) y también de un popular personaje de tebeo (la maligna Doña Urraca). Otros muchos antropónimos, por usar la palabra técnica para los nombres propios de persona, están siguiendo poco a poco ese mismo camino hacia la extinción. Los casos más extremos, según la consulta a sus bases de datos que ha hecho el INE para este periódico, son los de Irundina (quedan veintidós, con una media de edad de 80,5 años), Exiquia (veinte y 81,4 años de promedio), Parmenia (veintiuna y 81,9) y, entre los varones, Vítores, Euquerio y Artesino (hay veinte de cada uno, con medias de edad por encima de los 75).

La herramienta del INE que permite consultar la frecuencia de cada nombre y su reparto por provincias y por décadas de nacimiento, además de ser una estupenda fuente de entretenimiento en familia, demuestra hasta qué punto los nombres están sujetos a eso que ahora llaman tendencias. «La influencia de las modas es exagerada», confirma un portavoz del instituto. Si comprobamos los veinte nombres más representativos de hace un siglo y los veinte más comunes de hoy, nos encontraremos con que en algunas provincias (Bizkaia, por ejemplo) no se repite ni uno. Algunos han sido arrolladoramente populares pero han ido perdiendo pujanza: hay 133.000 Antonios nacidos en los 50 y 132.000 nacidos en los 60 (en esas dos décadas, fue el 'top' entre los varones), pero solo 40.000 que hayan venido al mundo en las dos décadas que llevamos de este siglo. Entre las mujeres, María del Carmen reinó durante cuarenta años: hay 647.000 en España, pero solo el 9% han nacido a partir de 1980. El nombre cuya presencia se está reduciendo a mayor ritmo es José, con 14.500 menos en el plazo de un año.

Hoy se llevan los nombres simples y cortos (los que más aumentaron de frecuencia en 2020 fueron Hugo, Martín, Lucas, Lucía, Sofía y Martina) y aquellos espléndidos apelativos del pasado se van quedando para la novela histórica. ¿Por qué Modesta, Maximina, Balbina, Secundino o Cipriano se veían como posibilidades atractivas hace ochenta años y hoy ya no? «Es cierto que nos llama la atención que muchas personas mayores llevan nombres que hoy nos parecen estrafalarios, y eso se debe a que existía en España la costumbre muy extendida de bautizar a los niños con el nombre del santo que figurase ese día en el santoral católico. Esa práctica se remonta al año 1570, cuando la Iglesia católica, después de las disposiciones tomadas en el Concilio de Trento, hizo obligatorio bautizar a los niños con nombres extraídos de su santoral, y esa norma se llevó a rajatabla aplicando al niño el nombre del santo del día, aunque no existiese esa obligación como tal. Muchos de los nombres que aparecen en el santoral corresponden a personajes de origen griego y latino que vivieron entre los siglos I y III y que fueron ejecutados durante las grandes persecuciones de los emperadores romanos, razón por la que encontramos tantos nombres formados por raíces griegas o latinas que hoy nos suenan rarísimos y que, sin embargo, fueron comúnmente llevados por nuestros abuelos. Si miramos el santoral católico del 12 de julio, nos encontramos con Clemente, Félix, Fortunato, Hermágoras, Hilarión, Paterniano, Proclo o Vivenciolo, así que imaginemos a nuestro abuelo o nuestra abuela siendo bautizados ese día y a sus padres teniendo que elegir», expone Roberto Faure, autor del 'Diccionario de nombres propios' (Espasa).

De Robustiano a Daenerys

Desde 1977 ya no hay por qué ajustarse al santoral. Eso nos ha traído, por ejemplo, 169 niñas que se llaman Daenerys, nacidas después del éxito de 'Juego de tronos'. Pero lo de las modas pasajeras no es cosa nueva, ni mucho menos: «Que un nombre se ponga de moda se debe esencialmente a que lo haya llevado un personaje famoso del momento –apunta Faure–. En la Edad Media, los nombres se ponían de moda por ser de santos muy venerados o de caballeros, héroes, reyes y personajes famosos: por ejemplo, Rodrigo se puso de moda en el siglo XII por el 'Cantar de Mío Cid'. En el siglo XVI ocurrió con Carlos, por el emperador Carlos V, y en los años 70 proliferaron los Juan Carlos por Juan Carlos I. Hoy, el fenómeno no ha cambiado y los nombres se popularizan por actores, cantantes, modelos, personajes televisivos o deportistas famosos».

El experto en onomástica añade que estos cambios de tendencia permiten datar con bastante exactitud la década de nacimiento de quienes llevan determinados nombres: «Raquel se popularizó muchísimo en España en los 60 y 70 por la actriz Raquel Welch, las Pamela proliferaron en los 80 por el personaje de Pamela Ewing en la serie 'Dallas', las Tamara también se extendieron en los 80 por la hija de Isabel Preysler y las Vanessa por la hija de Manolo Escobar y por la canción que éste le dedicó. También podemos estar casi seguros de que en España las Jessica, las Jennifer, los Kevin o los Christian nacieron en los 80. Y, por el contrario, la mayoría de las personas que se llaman Telesforo, Robustiano o Desiderio tienen alrededor de 80 años».

Parece improbable que ocurra con Telesforo o con Filomena, pero también hay nombres que de alguna manera 'resucitan'. En algunos casos, esa popularidad recobrada se debe a cambios profundos en la sociedad. Un buen ejemplo es Anastasia, que muestra dos picos separados por un profundísimo valle: quedan 770 Anastasias nacidas en los años 30, hay solo 289 de la década de los 60 y 281 de los 70, pero de nuevo asciende a 796 en la primera década de este siglo, impulsado en buena medida por la inmigración desde países como Rusia, Ucrania o Moldavia, en los que es tremendamente común. Otras veces, el resorte que impulsa un nombre es el mismo que lo hundió, el capricho de las modas. Un caso emblemático es el de Martina, que durante años fue propio de señoras mayores (era de esos que en los pueblos se solían decir con el artículo por delante) pero este siglo se ha vuelto uno de los más populares entre las niñas: «Para saber por qué, solo hay que buscar a los personajes famosos del momento que puedan estar detrás», comenta Faure, que cita ejemplos como la modelo, actriz y presentadora Martina Klein o la actriz Martina Cariddi. Seguramente bastaría una Urraca joven y exitosa para que contempláramos su nombre bajo otra luz más favorecedora.

«El repertorio es hoy muchísimo más amplio»

Entre los estudiosos de la onomástica suelen detectarse dos tendencias contrapuestas. Una tiene algo de nostalgia por aquellos bautismos formidables de otros tiempos: el fallecido lexicógrafo Josep María Albaigés, por ejemplo, abogaba por «hacer que suenen otra vez los Mainario, Edelberto, Esdras, Teófanes y tantos otros». La otra postura, en la que se sitúa Roberto Faure, destaca que estamos ante un fenómeno que ha ocurrido siempre: «Simplemente cambian el repertorio, las fuentes de inspiración, las tendencias y los gustos –argumenta–. Y, de hecho, no se puede hablar de empobrecimiento con respecto al pasado, sino todo lo contrario, pues el repertorio es muchísimo más amplio. Sin las restricciones de antaño, los padres pueden seguir utilizando los nombres 'tradicionales' del santoral católico y del 'acervo español', o pueden utilizar los nombres 'vernáculos' de las distintas culturas de España, como la gallega, canaria, catalana, vasca o aragonesa, o pueden escoger nombres de personajes históricos, literarios, cinematográficos, de otras culturas y lenguas... Cada vez es mayor la permeabilidad cultural».

Nombres de ayer y de hoy

Marciano

Las bases de datos del INE detallan el número de personas que llevan determinado nombre en España, con su reparto geográfico y por décadas de nacimiento. Marciano es un ejemplo obvio de nombre en desuso, prácticamente sin registros nuevos en este siglo. Hay 1.259, con una media de edad de 69 años. Las Marcianas son 1.142 y mayores que sus tocayos, con 72,7 años de promedio.

Irundina

Ahora mismo, desde un punto de vista estadístico, es uno de los nombres más cercanos a la extinción. Lo llevan 22 mujeres, con una edad media de 80,5 años. Erundinas hay muchas más (1.484, con 74,8 años de media).

Filomena

Fue un nombre muy habitual en algunas regiones de España. Hoy hay 7.948, de las que la mitad nacieron en los años 30 y 40. Los Filomenos, en cambio, se quedan en 253.

Anastasia

Hay 5.302, con dos picos muy marcados:viven 770 Anastasias nacidas en los años 30 y hay 796 que vinieron al mundo en la primera década de este siglo. Anastasio no ha experimentado el mismo resurgir:en lo que llevamos de siglo, solo se ha bautizado así a 40 niños.

Roberto

Llevan ese nombre 98.104 varones, de los que más de la mitad nacieron en las décadas de los 70 y los 80. Su media de edad (41,5 años) es muy similar a la de los Carlos (40,1), César (40,7), Mónica (39,4), Sonia (39,1), Silvia (37,7) o Susana (43,4), por citar algunos nombres que arrasaron en aquellos años.

Andrea

Se convirtió en uno de los nombres más populares en los 90 y la primera década de este siglo: nada menos que el 72% de las 108.336 Andreas españolas han nacido en esos veinte años. También hay 2.602 varones llamados así.

Lucía

Es el nombre que más crece hoy entre las niñas. El 62% de las 208.878 que hay en España han nacido este siglo. Sofía y Martina lo acompañan como nombres en auge.

Hugo

Es un nombre de toda la vida, pero su presencia era muy minoritaria hasta este siglo. Hay 2.621 nacidos en los 90, 30.340 de la primera década de este siglo y 47.345 de la segunda. Un caso de evolución similar es Lucas.

Arya

A raíz del bombazo de 'Juego de tronos', se ha bautizado así a más de novecientas niñas. Es especialmente popular en La Rioja.

Leo

Se ha convertido en uno de los nombres de moda para los peques: se contabilizan 22.259, con una media de edad de 5 años. También hay 50 mujeres llamadas Leo, con un promedio de 30 años.