Miquela, «recargando las pilas» en una de sus imágenes más recientes. / Brud

Para ser 'influencer' no hace falta existir

Ganan terreno en las redes los personajes generados por ordenador que muestran sus 'vidas'

Carlos Benito
CARLOS BENITO

Siempre ha resultado discutible que Instagram muestre la realidad. Las fotos que se exhiben en la red social aspiran a ser algo así como una versión supuestamente embellecida de la vida: más allá de la selección que nos lleva a compartir unos momentos de nuestro día a día y no otros, en una cuidada guionización de nuestra existencia, ocurre que el proceso de producción (el fondo, la pose, el encuadre...) y de posproducción (este filtro, este otro, mejor los dos) va alejando el resultado de aquella escena que sirvió como punto de partida. Y, si eso sucede con la gente 'normal', no digamos ya con los famosos, rodeados de una compleja maquinaria que define cuál ha de ser su imagen en internet. El producto final queda muchas veces a caballo entre la realidad y la ficción, de manera que no es tan raro que haya acabado cruzándose por el camino con otras imágenes que han hecho el recorrido inverso, desde la ficción hacia la realidad.

Son los llamados 'influencers virtuales', personajes generados por ordenador que relatan y presentan sus 'vidas' a través de las redes sociales, especialmente Instagram. La mayoría tienen una imagen realista, sobre todo si entendemos como realidad las imágenes editadas que contemplamos habitualmente en las redes, y algunos incluso han empezado su carrera haciéndose pasar por personas de carne y hueso, un empeño en el que les asiste la facilidad con que la tecnología actual puede sustituir una cara por otra en fotografías y vídeos. El fenómeno no es nuevo: la primera y más relevante de las influencers virtuales, Miquela, apareció en las redes en abril de 2016, casi otra era en el tiempo acelerado de internet. Y, además, existen precedentes como Hatsune Miku, la cantante japonesa que no existe pero da conciertos multitudinarios en forma de holograma, en activo desde 2007. Pese a la relativa veteranía, el impacto de estos personajes sigue restringido, sobre todo, a los jóvenes: según las estadísticas que maneja la plataforma HypeAuditor, la tercera parte de sus seguidores son mujeres de entre 18 y 24 años, mientras que su audiencia se vuelve irrelevante más allá de la frontera de los 35.

Imma, con el pelo rosa, 'conoce' a otra influencer virtual, Ella, en un museo de Tokio. / Aww

Miquela, que se acerca a los tres millones de seguidores en Instagram, es la estrella más brillante en este peculiar universo. Al ser la pionera, dio lugar a encendidos debates sobre su condición de persona real o personaje ficticio. En realidad, se trata de una creación de la compañía californiana Brud, pero sus responsables dinamitan las convenciones al afirmar que Miquela es «tan real como Rihanna». La confirmación de que se trata de un personaje no ha disuadido a sus seguidores de dirigirse directamente a ella en los comentarios, pero es que, ciertamente, esta joven pecosa no difiere tanto de las 'celebrities' corpóreas, casi imaginarias también en su abismal distanciamiento. Miquela publica sus canciones en plataformas como Spotify, ha trabajado para firmas como Chanel, Prada (¡en directo desde Milán!), Calvin Klein, Givenchy, Vans o Samsung, ha aparecido en la lista de las personas más importantes en internet de la revista 'Time', ha protagonizado conflictos con otros influencers virtuales, ha entrevistado a cantantes 'de verdad' e incluso ha mantenido un romance con un modelo 'real', además de ganar 9,9 millones de euros este año, según las estimaciones de OnBuy.

El salto al cine

Y, por supuesto, también ha hecho declaraciones a los medios. «Es una locura cómo ha cambiado todo desde 2016. Trump ni siquiera era presidente aún, pero había una tensión y una incertidumbre en el mundo que resultaban palpables. Empecé mi Instagram casi como una respuesta a esa ansiedad cultural (...). Quería compartir cosas bonitas que, con suerte, diesen forma a un mundo más tolerante», explicó a 'Highsnobiety' esta partidaria del movimiento Black Lives Matter. Desde hace unos meses, lleva sus asuntos la prestigiosa agencia de talentos CAA, que al parecer va a impulsar su salto al cine. A la vez, Miquela (o, más bien, algún ser humano detrás de ella) impulsa de algún modo el debate sobre ese extraño lugar que ocupa en el espectro ontológico. Estos días, se está dedicando a responder preguntas de sus seguidores, y uno de ellos quería saber si no le parece cruel que sus creadores la hayan traído a este mundo miserable. «A veces la realidad es dura, pero también puede ser mágica», le ha contestado.

Shudu, en una 'colaboración pagada' con Samsung. / The Diigitals

En la lista de influencers virtuales destacan, por detrás de Miquela, criaturas como Imma (una japonesa de pelo rosa que arrasa en Brasil y ha trabajado para Valentino, Hermes o Ikea), Shudu (una modelo negra representada por The Diigitals, la primera agencia dedicada exclusivamente a seres virtuales) o Noonoouri (cuya apariencia más cercana al 'anime' no la ha privado de contratos con Valentino, Dior o Versace). ¿Por qué? ¿Qué lleva a empresas tan importantes a trabajar con personajes generados con ordenador? «Con ellos triplican la implicación que suscitaría el influencer humano medio, además de conseguir más atención de los medios y mostrarse como partidarios de la innovación. Hay compañías que crean influencers virtuales para expandir sus canales de internet sin depender de influencers humanos, imprevisibles a la hora de captar el público deseado. Con el influencer virtual, controlan mejor su inversión y disfrutan de la libertad de dirigirse al nicho demográfico que quieren, de controlar por completo la narrativa y de obtener el acceso directo a los fans», desgrana Christopher Travers, fundador de VirtualHumans.org, una web que documenta puntualmente la evolución de este mundillo. A todas esas ventajas, se suma el hecho de que los influencers virtuales no enferman, ni están sujetos a confinamientos, así que pueden seguir trabajando en plena pandemia, aunque algunos lucen mascarilla en sus 'salidas al exterior'.

Travers tiene censados 122 influencers virtuales que considera dignos de atención, pero está convencido de que en cinco años se sumarán «miles» de nombres. «Cientos de ellos serán dobles digitales de influencers famosos y 'celebrities'. Todo el mundo habrá oído hablar en alguna medida de los influencers virtuales y unos cuantos de ellos ya habrán aparecido en películas importantes», pronostica.

–¿Y qué hay de usted, Christopher? ¿Seguro que es real?

–Todavía tengo que encontrar pruebas concluyentes, pero le mantendré informado a medida que profundice.