Suso33, en pleno proceso creativo. / SUSO33

Grafiti, arte perseguido

Llegó a España en los 80 y sigue siendo ilegal, pero entre sus pioneros hay reputados artistas, profesores de universidad...

Isabel Ibáñez
ISABEL IBÁÑEZ

Quizá sea producto de determinados procesos mentales cocinados en la mochila de las diferentes experiencias vividas, pero donde unos ven paredes mancilladas que alguien debería limpiar, la obra de un gamberro, otros descubren en esas letras, en esos dibujos coloridos sobre el gris ciudad de los muros, el despertar de una letal normalidad hacia una realidad más atractiva, un golpe de aire rejuvenecedor en el rostro. Graffitis (la RAE lo pone con una f pero ellos lo prefieren así) que se suceden ante la vista mientras se viaja en tren o se patean las calles... Firmas, 'tags' en el argot, que chavales imprimieron una vez jugándose una multa, quizá algo peor. Quién sabe por qué: rabia, diversión, rebeldía adolescente, simplemente ganas de emular a sus ídolos 'bombardeando' espacios hueros, demasiado vacío para sus ojos. Atractivo pese a o precisamente por ser ilegal.

En 2009, un chico de 16 años llamado Juanki estampaba en un muro de Leganés el nombre de Verónica, su madre muerta recientemente. Los motivos para escribir en las paredes pueden ser muy variados. Juanki era uno de los alumnos de los talleres de 'graffiti responsable' que impartía en institutos madrileños Pastron#7, nombre de guerra tras el que respira un profesor de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense. «Pon solo eso, no el nombre auténtico, porque podría buscarme aún un problema. Bueno, en realidad esto tiene también un poco de teatro», dice. Fue uno de aquellos pioneros que en los 80 se lanzaron a las calles aerosol en mano inspirados por el mítico Muelle, el primer grafitero de España; murió en los 90 y hoy tiene un jardín a su nombre en la capital que tanto 'bombardeó'. «Los profesores de los críos que venían a mis talleres me decían que no querían ir a clase y estaban tirados por ahí haciendo cosas que no deberían, pero pasaban dos horas conmigo obedientes, trabajando y disfrutando. Y si tenían examen al día siguiente yo les mandaba a casa a estudiar, o si fumaban porros, no les dejaba pintar con nosotros, para alejarles de la droga».

Por unos años, Pastron#7 impartió también una asignatura de doctorado sobre 'Graffiti, breakdance y rap. Hip hop y medios de comunicación', todo un hito que se esfumó cuando aparecieron los másteres y que ahora quieren recuperar. Es conocido además porque conduce desde 2012 el programa de La 2 'Ritmo Urbano'. Ha escrito varios libros y sigue pintando y vendiendo sus obras, ahora ya en lienzo: «Muchos con mentalidad moderna vemos arte en el graffiti, pero luego está otra mucha gente, como mi madre, que quiere ver las paredes limpias. Y tiene todo el derecho del mundo».

Pastron#7 es el autor de estos dos grafitis.

Empezó bailando break dance de chaval y de ahí llegó al graffiti, dos disciplinas que, junto con el rap, integran la cultura del hip hop. «Descubrí a Muelle y empecé con el graffiti a finales de los 80, con 15 años. Mi abuelo era pintor y gracias a eso pude hacerlo, con sus aerosoles, porque para comprar un espray bueno necesitabas 1.600 pesetas, el más barato costaba 700. Lo primero fue escribir los nombres de grupos que me gustaban, y luego ya empecé a firmar y me puse a 'bombardear' paredes. Me fijaba en el Toeo –otro mítico grafitero–, lo cogí como referencia, ¡no teníamos internet!, y me puse a imitarlo. El destino quiso que nos juntáramos, me fichó y estuvimos 'bombardeando' en el 89, 90, 91...».

«La palabra graffiti vende», asegura. Explica este profesor que la gente ha asimilado que Banksy es un grafitero de los grandes, «aunque no ha hecho un graffiti en su vida. Es una cosa publicitaria que hace con plantillas. Y eso que su obra me flipa, es de una creatividad fascinante. Pero el graffiti es nocturnidad, capucha, ilegal. Se usa el nombre de manera errónea». Dice que nunca le pusieron una multa porque nunca pintó en propiedad privada: «Siempre actué con un fin decorativo, sin generar gasto, poco violento, poco molesto, dentro de que es ilegal». Tampoco mancilló nunca la obra de otro grafitero. «Eramos de la generación amable. Luego, a mediados de los 90, llegaron los grafiteros chungos, que no respetaban». Muchos comerciantes contratan a gente curtida, reconocida, para que les pinte sus persianas o fachadas y evitar así el 'bombardeo' de firmas de otros: «He hecho mil veces lo de decorar un espacio, me contratan para que no lo pinten otros porque están hartos y prefieren algo bonito que se respete. Hay una farmacia que decoré hace 20 años y sigue igual. En realidad es la dictadura del grafitero, una especie de mafia del graffiti», admite.

Porque hay cierta confusión sobre lo que es un graffiti, siempre ilegal y con nocturnidad, y un mural, que se hace contratado y con permiso. «Los que hacemos graffitis sabemos lo que lleva implícito, hacer letras o dibujos en un sitio ilegal. Si es legal es arte urbano, muralismo...». Explica que la legislación no ha cambiado desde que él empezó, y que en ella se habla de daños al mobiliario urbano sin concretar la palabra graffiti: «Es lo mismo pintar que romper algo». «En aquellos talleres de 'graffiti responsable' con los críos, pintábamos en sitios permitidos, pero muchos chavales dejarían de hacerlo si fuera legal, les mueve transgredir las normas. Y para hacer graffiti tienes que echarle huevos».

Entrevista a Suso33

Considera que ellos fueron niños sin información que se dedicaban a imitar:«Pero no soy nada abuelo cebolleta, de decir que lo de antes tenía más estilo. Aunque a nosotros nos costó mucho aprender. Hoy en una tarde aprenden en internet a hacer graffitis, lo que nosotros tardábamos tres años. El resultado es que lo que ves en la calle es todo bastante parecido. Muchas letras en plata porque se ven de noche...». Pastron#7 considera a Suso33 el maestro de su generación: «Nos ha meado a todos encima y es el número uno del mundo». Este reconocido artista responde a una entrevista justo en medio de los preparativos de una gran exposición, y forma parte y es comisario de otra en el CEART de Fuenlabrada.

Suso33 posa ante un muro en Bilbao en el que plasmó sus 'Presencias', seña de identidad junto a su famosa 'plasta'. / SUSO33

– Suso33 se ha convertido en un artista cotizado internacionalmente, considerado por muchos el mejor del mundo. ¿Cómo ve los actuales graffitis callejeros desde su posición?

– La verdad es que no me siento así, cambiaría cosas como cotizado por codiciado... La 'telepresencia' y sin duda el 'telegraffiti' ha facilitado otras formas de comunicación y posibles desarrollos siendo de una influencia arrolladora para esta forma de relacionarse y de expresión. Tuve relación con Muelle y él ejerció mucha influencia en Madrid, desde luego que el conocimiento ahora se adquiere por medio del ¿estudio? o quizás de las redes sociales o la búsqueda en Google, no como tocó hacer anteriormente con el traspaso de conocimiento con el mentor o mentores como piezas clave con unos códigos de honor, relaciones y comunicación particulares.

– ¿Qué ha significado para usted, hoy artista reconocido, el haber surgido de las calles y la ilegalidad?

– Libertad y respeto, pues al no tener como objetivo complacer o ser valorado o aceptado, el rechazo siempre ha estado presente. Lo otro igual que viene se va.

– ¿Ha ido cambiando la opinión que la gente tiene de esta forma de expresión y arte?

–Depende… Aquí en España sin duda ha pasado por varios estados, desde el desconocimiento las primeras veces que empezó a aparecer de modo continuado hasta ahora. Hay lugares en donde surgieron los primeros focos realmente importantes e influyentes y siempre parece ser que ha estado tan denostado como para ocultarlo, incluso después de tantos años, por el rechazo social que supone.

– ¿Qué cree que ha aportado la figura de Banksy a dignificarlo?

– Ingenio, talento y diversión con inteligencia, además de jugar y luchar y estar cuestionando los sistemas establecidos del mercado del arte contemporáneo. También contar cosas y comprometerse con su época y su lugar… Su figura es muy alabada y envidiada. Y muy viva. 

Arriba puede verse la propuesta que los artistas Suso33 y Zeta hicieron para el nombre de esta sección, Vivir.

«Sin la fiscalización de expertos ni críticos»

«El arte urbano nace de la necesidad inconsciente del artista de reivindicarse en su entorno, de hacerse presente ante la sociedad, de comunicarse libremente con ella interviniendo el espacio público o, mejor dicho, la calle. Los artistas urbanos se han forjado en ella, dándose a conocer de manera directa, sin intermediarios, sin la fiscalización, validación ni selección previa de su obra por parte de expertos, críticos de arte o galeristas, sin preocupación por despertar el interés académico. Solo les interesa impactar en la sociedad y es esta la que, de forma no dirigida, los descubre y los valora. Así, el arte urbano democratiza el mundo del arte».