Adrián Astrograno

¿Imagina un futuro sin trabajo?

Más que una utopía, es un cambio social que ya asoma. La automatización de muchos empleos replanteará nuestro papel en la sociedad

Rocío Mendoza
ROCÍO MENDOZA Madrid

Hoy es lunes, pero podría ser domingo o miércoles. El despertador no suena; la luz es la encargada de abrir los ojos al nuevo día. Uno más que no empieza con un repaso mental a la lista interminable tareas laborales a desarrollar en 40 horas, dividas en cinco días, de ocho a cuatro. Hoy toca pensar en cómo resolver un problema del distrito donde vive o revisar el último proyecto de educación que desarrolla junto a dos expertos de Finlandia y Japón. Ocupaciones tiene y preocupaciones también. Pero la mayor no es cuántos ceros tiene su cuenta corriente. ¿Le suena a utopía? Lo es. Es un viejo anhelo de buena parte de la sociedad: que la existencia no dependa del ingreso de un salario. Pero lo es solo a medias.

La sociedad que no está basada en el trabajo –o mejor dicho en el empleo asalariado– tal y como hoy lo conocemos, es un modelo defendido –también denostado– por un nutrido grupo de economistas, sociólogos y filósofos. Pero a pesar de que cuesta imaginarlo, este gran cambio que está por construir empieza a mostrar sus primeros síntomas.

No es casual que se discuta ahora la reducción de la jornada laboral a 4 días; es solo un paso más hacia un modelo diferente. José Félix Tezanos, presidente del CIS, es uno de los sociólogos españoles que más ha teorizado sobre las sociedades 'postlaborales', como las denomina. «El trabajo, tal como hoy lo conocemos, es una realidad histórica que ha estado vinculada a las exigencias productivas de las sociedades agrarias y las industriales. La emergencia en nuestros días de un nuevo tipo de sociedades, de la mano de la revolución tecnológica, está abriendo nuevas posibilidades económicas y técnicas que dan lugar a que las viejas aspiraciones utópicas al trabajo mínimo resulten más verosímiles», reflexiona en su ensayo 'El trabajo perdido', ¿hacia una sociedad postlaboral? (Ed. Uned).

He aquí una de las madres de este cordero: ¿si las máquinas hacen mejor y más rápido muchas tareas, cada vez de más tipos gracias a la inteligencia artificial, ¿qué nos quedará?

Inteligencia artificial

Mr. algoritmo al habla

Este cambio ya está presente en nuestros días y su crecimiento es exponencial. El Oxford Martin School, enfocado a estudios sobre la sociedad del futuro, realizó hace dos años un trabajo en el que un algoritmo, desarrollado 'ex profeso', señalaba qué empleos estaban más amenazados por las nuevas tecnologías en un plazo máximo de 20 años, que no son nada. Los que tenían un 98% de probabilidades de desaparecer eran administrativos, trabajadores de banca dedicados a analizar y procesar préstamos y los inspectores de seguros. «Sus tareas rutinarias podrían ser desarrolladas con inteligencia artificial», recoge Andrés Oppenheimer en su libro ¡Sálvese quien pueda! (Ed. Debate). En la misma línea se encontraban los árbitros (substituibles por drones y vídeos), seguidos (con un 97%) por los operadores telefónicos (Alexa o Siri contestarían más dudas que una persona sin pensar ni un segundo) o dependientes de tienda debido a la globalización del comercio electrónico. En la interminable lista de empleos con más del 90% de riesgo de desaparecer, muchos vinculados a servicios y ventas, se incluían hasta camareros y cocineros. En Japón ya existen restaurantes con brazos robóticos que preparan sushi, mientras los clientes encargan su pedido en tabletas y pagan con su móvil antes de recogerlo. Sin ver a nadie.

Flexibilidad y autonomía

Adiós al contrato indefinido

Los servicios que sigan requiriendo de una mente humana también sufrirán una transformación en lo que a relaciones laborales se refiere. Hay quien augura un cambio de modelo en el que los contratos indefinidos para permanecer décadas en la misma empresa se extinguirán. Las relaciones laborales serán más flexibles, atomizadas, y se pagará por servicios puntuales prestados, que sean gestionados bajo demanda en plataformas digitales. El filósofo polaco Zygmunt Bauman vislumbró hace décadas algo parecido, recogido por Rudy Gnutti en su obra 'El mundo sin trabajo' (Ed. Icaria), en el que el modelo estaba basado en «la colaboración de personas que, a partir de plataformas digitales, desarrollan recursos comunes». Salvando las distancias, y aún atados a la necesidad de ganar dinero –algo que no estaba en el futuro de Bauman–, esto ya funciona hoy en día con soluciones tan disruptivas como Uber.

Más autonomía y flexibilidad

Miniempleos a demanda

En estas plataformas el algoritmo es el jefe: es el que reparte el trabajo y reporta el cumplimiento del mismo. Las relaciones laborales ¡son con una plataforma! Albert Cañigueral, consultor y divulgador especializado en tecnología, autor del libro 'El trabajo no es lo que era' (Ed. Conecta), reflexiona sobre este fenómeno que nos demuestra que existen otras formas de trabajar, con reglas del juego diferentes. «Se trata de una dinámica muy concreta: la del trabajo bajo demanda. En ella, un algoritmo asigna una tarea en tiempo real. Este modelo tiene sentido en ámbitos muy concretos», valora Cañigueral y pone como ejemplo plataformas de paseadores de perros como Rover o la de servicio técnico TechBuddy. Así, solo se trabaja en píldoras, cuando existe una necesidad puntual. Esta fórmula puede ser exportada a multiud de desempeños, desde los más técnicos a los intelectuales.

Nuevas cualidades

Solo aptas para humanos

¿Estaremos entonces al servicio de las máquinas? Más bien, por encima de ellas. Los teóricos ven en el paso siguiente que dará la sociedad al evolucionar la oportunidad definitiva de que nunca más las personas sean tratadas como máquinas. Así, para tener un lugar en la sociedad del futuro serán necesario «aprender en la universidad cualidades como la creatividad, la empatía, la originalidad, el pensamiento crítico, la resolución innovadora de problemas y la inteligencia social y emocional», relata Oppenheimer. Cualidades que siempre nos diferencian de las máquinas.

Reparto de la riqueza

Un sentido más allá del dinero

Esta automatización de multitud de tareas, dicen los teóricos más optimistas, no solo nos dejará sin gran parte del trabajo, sino que nos liberará de la necesidad de ganar dinero para sobrevivir. Habrá más riqueza gracias a que las nuevas tecnologías incrementarán la productividad. Y el reto estará precisamente en establecer como ésta será repartida. David Susskind, economista de Oxford y autor del libro publicado justo antes de la irrupción de la pandemia, 'A world whitout work' (Ed.Allen Lane), pone el acento en este aspecto. Define como el reto económico fundamental «la distribución de la riqueza cuando la forma tradicional de obtener ingresos por el trabajo es menos efectivo de lo que fue». Promulga que el Estado debe asumir el rol de repartir lo que genere la sociedad. Algo, señala, que se ha experimentado durante la pandemia. Cuando no se ha podido trabajar, se han habilitado los mecanismos para sostener y proteger a las personas. Algo inimaginable hace meses y, sin un cambio social real, también insostenible. Para el citado filósofo polaco Bauman, esto solo tiene un nombre: renta básica universal. Ésta redibujaría el papel de las personas en su entorno.

Crisis de identidad

¿Qué soy yo entonces?

«El trabajo es resolver los problemas de los demás, que te paguen o no por ellos es otra cosa. Hacemos muchas cosas por las que no nos pagan (en casa, en nuestros clubles, en nuestra comunidad…) y lo primero es poner en valor todo eso. Aportaremos valor social, más allá de los ingresos. Mucha gente hace cosas más interesantes que por las que les pagan», defiende el consultor catalán, quien cree que otro de los grandes retos es dejar de identificarnos con el trabajo. ¿Soy cajero en un supermercado o soy mucho más? El futuro obligará a buscar la identidad más allá de la tarea por la que se cobra un salario.

EN CUATRO CLAVES

  • Inteligencia artificial. El avance de las tecnologías basadas en inteligencia artificial permiten automatizar y mecanizar multlitu de tareas hoy realizadas por personas. Las evolución de la sociedad pasa una adaptación progresiva a un modelo que destruirá empleo tradicional y pondrá en valor cualidades como la creatividad.

  • Identidad. Es uno de los tres pilares de la sociedad moderna. Y el tiempo que se le dedica justifica que la identidad de las personas esté vinculada a una tarea única por la que son pagados. En el futuro dinamita esto para dar lugar a multitud de desempeños que redefinirán la cuestión existencial de 'quién soy'.

  • Riqueza. Si las máquinas realizan el trabajo y hay menos empleo remunerado... ¿Cómo sobrevivirán las personas? El futuro romperá con el binomio salario-bienestar y obligará a los estados a plantear modelos de protección de las personas, lo que pasaría por un mayor reparto de la riqueza. El verdadero reto.

  • Ocupación. Los teóricos del futuro sin trabajo no promulgan un modelo de holgazanería. Lo que se discute es el modelo de tener un salario único para prosperar. En estas utopías, se desarrollarán tareas para las que se ha sido formado, pero no vinculadas a unos ingresos, que estarán asegurados por otras vías.