¿Qué virus deben vigilarse de cerca?

Hemos aprendido por las malas a no subestimar estas amenazas, que pueden cobrar fuerza y desatarse

Solange Vázquez
SOLANGE VÁZQUEZ

Parece que esta pandemia empieza a estar algo más controlada –hablamos, por desgracia, solo de los países desarrollados– gracias al impulso de la vacunación. Pero, si algo ha puesto de relieve la covid 19, es que los virus también pueden causar estragos en la población mundial en los tiempos modernos: la gripe española, lejos de quedar en los libros de historia como una de las últimas grandes catástrofes epidemiológicas, está llamada a compartir protagonismo con otras de nuevo cuño en ranking de letalidad, como hemos visto. Lo ocurrido en el último año y medio ha sido, en cierto modo, una cura de humildad... y una llamada de atención. No volvamos a pecar de ingenuos: existen en el mundo virus que son muy peligrosos para el ser humano. «El hecho de que haya pasado esto con la covid no quiere decir que vaya a haber ahora una sucesión de pandemias. Pero sí que tenemos que ser conscientes de lo que hay y estar mejor preparados», indica Nieves López Fresneda, especialista en epidemiología y profesora del área de Ciencias de la Salud de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR). Además de dedicarse a la docencia y de trabajar en medicina preventiva en el Hospital Gregorio Marañón, analiza el peligro potencial de infecciones como la gripe aviar H5N8 para los humanos. Porque sí, hay virus por ahí que se pueden volver muy agresivos. «Al menos, lo que ha pasado con esta pandemia es que ha puesto de manifiesto que hay que mejorar la salud pública, los sistemas de vigilancia epidemiológica y la colaboración entre gobiernos, porque los virus no saben de fronteras y la transmisión puede ser muy rápida», añade. «Las pandemias no son nuevas y en los últimos cien años han venido en su mayoría por virus que tienen un gran potencial de mutación», expone. A más capacidad de mutación..., más peligro, claro, porque significa que es más adaptable, que puede saltar más fácilmente de especies animales al humano y que cuesta más controlarlo porque va cambiando para sobrevivir, reproducirse y extenderse, que es la finalidad de cualquier organismo vivo. López Fresneda va enumerando, por ejemplo, una retahíla de virus 'influenza' (gripe) que han causado quebraderos de cabeza: «En 1957 una variante asiática, en 1968, en 2009...».

La OMS dispone de un catálogo de virus emergentes. Y no es porque sean de nuevo cuño: existen desde hace muchos años en animales, pero en las últimas décadas han logrado saltar de estos «reservorios» a los seres humanos. Son considerados peligrosos por su elevada tasa de mortalidad y porque sus mutaciones o su irrupción en países poco desarrollados dejaría una estela de muertos. Estos son algunos de los que están vigilando de cerca.

Aves de corral... ¡Ojo a los mercados!

Gripe aviar

Los virus de la gripe aviar de las cepas A H5N1 y A H7N9 han causado numerosas muertes. Son dos 'rarezas', ya que las gripes que afectan a las aves rara vez 'saltan' al ser humano..., pero es posible, como se ha visto. En 1997 se notificaron los primeros afectados por el virus A H5N1 en Hong Kong. Después se detectó en aves de corral en medio centenar de países. Y la cepa A H7N9, por su parte, ha afectado a más de un millar de personas entre el 2013 –cuando apareció en China– y 2017, con una tasa de mortalidad del 39%. La de este coronavirus no ha llegado al 4%, lo que ocurre es que su transmisión es «más exitosa» (desde el punto de vista vírico). ¿Y si estas gripes aviares calan en aves silvestres que se mueven por todo el mundo y mutan para extenderse de manera más efectiva? Una pandemia a lo grande estaría servida.

Cambio de rumbo y más ojo con las alertas

  • 'One Health'. Concepto básico. «Todo en nuestro planeta está relacionado: la salud humana, la animal y la vegetal van de la mano. Estamos criando ganado en granjas, usamos mercados –sobre todo en Asia– carentes de medidas de control, deforestamos el planeta... y esto crea desequilibrios y ecosistemas víricos», explica la experta. Los virus encuentran en este caos oportunidades para mutar y transmitirse. Así que, para evitar pandemias, lo primero debería ser repensar estos conceptos básicos.

  • Más caso a las alertas. Clave. «Todo en nuestro planeta está relacionado: la salud humana, la animal y la vegetal van de la mano. Estamos criando ganado en granjas, usamos mercados –sobre todo en Asia– carentes de medidas de control, deforestamos el planeta... y esto crea desequilibrios y ecosistemas víricos», explica la experta. Los virus encuentran en este caos oportunidades para mutar y transmitirse. Así que, para evitar pandemias, lo primero debería ser repensar estos conceptos básicos.

Cuando la amenaza nos llega

Ébola

El brote de 2014, que se prolongó dos años, causó miles de fallecidos. Se inició en Guinea, se extendió a cinco países africanos y llegó a EE UU, Reino Unido y hasta a España. En aquella crisis se vio que ya estábamos en un mundo globalizado y que «ante un prolema global, se debía actuar de forma global». Hay vacunas y tratanientos en investigación, pero aún en mantillas.Sigue siendo un gran peligro. «Debemos vigilar más de cerca los países en desarrollo», recalca.

Del camello al humano

Mers

En 2012 el coronavirus causante del Síndrome Respiratorio de Oriente Medio apareció en Arabia Saudí, pero en 2018 se detectó un caso en Corea del Sur, lo que indicaba que podía expandirse. «Es transmitido por los camellos a las personas», indica la especialista. Se contuvo, pero estuvimos, sin saberlo, en la cuerda floja.

Mortalidad y letalidad

No son sinónimos. Los virus más mortales son aquellos que más fallecidos causan, pero no tienen por qué ser los más letales. La gripe es más mortal que el ébola, porque mata a más personas en el mundo, pero el ébola es más letal: casi el 90% de los afectados mueren. Los virus que menos supervivientes dejan entre quienes han contraído la enfermedad y desarrollado síntomas (es decir, son los más letales) son la rabia (99% de letalidad), virus de Marburgo (90% de letalidad), ébola (87%) –estos dos últimos son de la misma familia–, gripe aviar (60%), fiebre de Crimea-Congo (del 10 al 40%).