MIKEL CASAL

Próstata, ¿cáncer o enfermedad?

A partir de los 50 años, la glándula comienza a degenerar y hay que someterse a revisiones periódicas

Fermín Apezteguia
FERMÍN APEZTEGUIA

Noviembre es desde hace casi veinte años el mes de la salud masculina. Un grupo de amigos de Australia lo eligió en 2003 como el momento del año para concienciar sobre la salud del varón.Desde entonces, este mes se ha convertido en el mundo entero en el tiempo para hablar, entre otras cuestiones, de las enfermedades de la próstata. Son fundamentalmente dos, una cancerosa y otra no tan grave y que, frente al peso de un tumor potencialmente maligno, lleva sin remedio en su denominación el adjetivo de benigna. Pero una y otra requieren por parte de los hombres una atención que generalmente no se le presta. Aunque no sea de los peores, cáncer es siempre una palabra mayor, por lo que los médicos recomiendan a la población masculina que se someta a revisiones de la próstata, al menos una vez cada dos o tres años a partir de los 50. Los que lo hacen, sin embargo, son los menos.

Los pacientes con antecedentes familiares deberían incluso adelantar a los 45 la realización de exámenes periódicos que, en su caso, habrían de practicarse de forma anual. «Hemos aprendido que las enfermedades prostática, detectadas a tiempo, tienen un mejor pronóstico. No hay razón para no acudir al médico de cabecera o el urólogo, si es el caso», defiende el jefe de servicio de Urología del hospital Quiron Bizkaia, Nemesio Prieto.

Señales de alerta

  • Dificultad para orinar: Los síntomas son los mismos en hiperplasia benigna y cáncer, con una diferencia. Si se trata de un tumor, cuando se presentan puede ser tarde. Consúltelo si tiene dificultad para orinar, micción frecuente, flujo débil, dolor o ardor al mear o eyacular, sangre en la orina o semen y/o dolor persistente en la espalda, caderas o pelvis.

  • ¿Hay alimentos que protejan?: ¡Que ofrecen cierta protección, sí! Curan las terapias médicas, cuando resulta viable. Va bien el té verde, el rojo, la soja y los productos que contengan licopenos, como sandía, tomate, calabaza, porrusalda...

  • ¿El café es desaconsejable?: El café ofrece cierta protección frente a determinados cánceres. En cambio, irrita la vejiga; se aconseja tomarlo con moderación a los pacientes tanto con hiperplasia como en terapia antitumoral.

  • ¿La terapia causa impotencia?: En algunos casos es reversible. Existen tratamientos que pueden ayudar a muchos hombres a recuperar sus erecciones.

La próstata es un órgano tan definitorio y exclusivo del hombre como el útero lo es de la mujer. Del tamaño de una nuez, tiene la misión de segregar los fluidos que forman parte del semen y facilitar su expulsión a través de la uretra. Las enfermedades que la castigan son fruto del puro envejecimiento. A partir de los 25 ó 30 años, esta glándula comienza a crecer y a partir de los 50 puede desencadenar una enfermedad bastante benévola, hasta el punto de que se la conoce con el nombre de hiperplasia benigna.

Otras veces degenera hasta provocar cáncer de próstata, uno de los dos cánceres más comunes entre la población masculina, junto con el de piel. No tiene una alta mortalidad (en torno al 3% de los casos), pero sí una alta incidencia social. «Si viviéramos cien años todos los hombres acabaríamos sufriendo este tumor, el 100%de ellos. Tiene la peculiaridad de que cuando da síntomas puede ser tarde», detalla el especialista José gregorio Pereira, de Urología Clínica Bilbao en IMQ Zorrotzaurre. «Por eso es importante tomar conciencia del problema y aprender a diferenciar una patología de la otra», añade su colega Nemesio Prieto.

El crecimiento incontrolado de esta glándula masculina, pieza fundamental en la producción de semen, se anuncia fundamentalmente con la aparición de complicaciones para orinar. Las sufren el 40% de los varones mayores de 50. La sensación de urgencia constante por mear, tener que levantarse varias veces durante la noche para hacerlo, escapes, goteos, incluso sangrado en algunos casos, son una señal de algo está ocurriendo.

CUANDO NO ES CÁNCER

Son los indicadores que alertan de un crecimiento incontrolado pero 'amable' –valga el término– de la próstata. El primer tratamiento que se ensaya en este supuesto consiste en poner en práctica lo que los especialistas llaman «medidas higiénicas», tales como hacer ejercicio, adelgazar, dejar de tomar café... Si los síntomas no mejoran, existen terapias con pastillas que ayudan a una mejor micción.

En los casos más rebeldes, los especialistas optan por una cirugía que consiste en 'limar' el tamaño de la próstata para mejorar el flujo de la orina a través de la uretra. Puede hacerse con cirugía convencional mínimamente invasiva, mediante la realización de una pequeña incisión en la piel. Cada vez es menos frecuente la utilización de la laparoscopia para este tipo de cirugías y más común el uso de un robot quirúrgico conocido como Da Vinci, en honor al genio renacentista.

Otra posibilidad consiste en provocar una ablación con vapor de agua (fotovaporización por láser), que elimina las posibilidades de sangrado, aunque en un 5% de las intervenciones el paciente puede perder la eyaculación. Lo más nuevo consiste en realizar esta misma intervención con agua a presión, aunque no existen aún «datos suficientes sobre la seguridad y eficacia de esta técnica», advierte Prieto. «Los avances, tanto en el tratamiento de la enfermedad benigna como en el cáncer, permiten cirugías más cómodas, con menos sangrado, menos dolor y una recuperación más rápida; pero lo importante no es tanto la técnica que se utilice como el resultado que consigas; al final, si las cosas se hacen bien, serán similares».

CUANDO SÍ ES CÁNCER

En los casos de cáncer, en cambio, la enfermedad no da síntomas y si los da, mal asunto. «Hay que detectarlo antes de que aparezcan porque si se presentan el pronóstico será irremediablemente peor. Esa es la razón –explica Nemesio Prieto– por la que al tumor prostático siempre se le llamó 'el león sin dientes'».

Los urólogos se basan en tres herramientas para diagnósticar la enfermedad. A un análisis del grado de dificultad para miccionar se sumará un tacto rectal para detectar cualquier abultamiento y si este afecta a un lado o ambos de la próstata. A menudo se practica también una ecografía, pero la prueba definitiva será un análisis de sangre en busca de una proteína llamada PSA (por sus siglas en inglés Antígeno Prostático Específico).

Durante años, el PSA ha estado no proscrito, pero casi, en las consultas de urología. Un informe publicado por un panel de expertos y corroborado con posterioridad por el Memorial Sloan-Kettering de Nueva York advirtió del elevado número de tratamientos innecesarios que conllevaba esta prueba y de las graves consecuencias de su plantemiento. Los informes alertaron entonces de que la mitad de los varones sometidos a los exámenes y tratamientos que implicaba un diagnóstico positivo en este examen se arriesgaba a sufrir impotencia e incontinencia, tanto urinaria como fecal.

Los expertos tranquilizan. La revisión de los protocolos vigentes ha mejorado sustancialmente la situación. «La experiencia posterior ha demostrado que dejar de utilizarlo provocaba más diagnósticos tardíos, por tanto con peor pronóstico», alerta el especialista de Urología Clínica.

«Estamos ante una enfermedad que no dará síntomas a la mayoría de los afectados. Pueden estar tranquilos. Somos muy conscientes de lo que preocupa un diagnóstico de este tipo y somos también muy rigurosos a la hora de seleccionar los pacientes y ajustar sus terapias», garantizan los especialistas.

Cirugía y otros tratamientos contra el tumor prostático

  • La terapia de elección en los tumores prostáticos es la cirugía, que puede ir acompañada de terapia hormonal. Los tratamientos actuales son cinco.

  • Prostatectomía radical: Es la cirugía fundamental, la que normalmente se utiliza cuando el cáncer está localizado, lo que significa que no se ha expandido a otros órganos del cuerpo. Puede realizarse de cuatro formas diferentes, en función de la técnica utilizada (incisión retropúbica, laparoscopia, cirugía robótica o perineal). La operación consiste en realizar una incisión, que puede hacerse en la zona del perineo, entre el escroto y el ano para extripar a través de ella el fragmento de glándula afectada.

  • Crioterapia: Cada vez más en desuso. El especialista utiliza una ecografía transrectal para introducir por el ano varias agujas huecas que eliminan las células cancerosas por congelación. Para conseguirlo, se vale de gases muy fríos. Actualmente se reserva como terapia de rescate.

  • Radioterapia: Suele ser parte del tratamiento inicial, junto a la terapia hormonal para el control de la testosterona, que favorece el desarrollo del cáncer. También se utiliza para mejorar resultados después de una extirpación incompleta o en casos de cáncer avanzado, para mantenerlo bajo control. Utiliza rayos de alta energía para destruir células cancerosas. Sus tasas de curación son similares a las de la prostatectomía radical. Hay dos tipos de radioterapia. De rayo externo es la clásica. La radiación se dirige a la glándula prostática a través de una máquina. Permite tanto curar cánceres en etapas más tempranas como aliviar síntomas. La braquiterapia o terapia de radiación interna se basa en el uso de unas pequeñas partículas radiactivas del tamaño de un grano de arroz, que se colocan directamente sobre la próstata.

  • Quimioterapia: El uso de fármacos quimioterápicos se reserva para los casos de cánceres avanzados que precisan un control de la enfermedad. Permite prolongar la supervivencia.

Una vida sexualactiva favorece su buen funcionamiento

En la prevención de las enfermedades prostáticas el dicho popular que de verdad funciona, el que no es mera habladuría sino pura evidencia científica, es aquel que dice que todo lo que no se usa se atrofia. A la próstata le pasa justo así, según explica el urólogo José Gregorio Pereira. Hay que mantenerla activa para que su mecanismo de acción no se atrofie y, en consecuencia, envejezca más rápido.

«No me atreveré a decir cada cuanto tiempo hay que ponerla a funcionar, pero lo cierto es que es así. Para que una glándula funcione bien, ha de cumplir su función», rubrica el especialista. Una investigación realizada en Estados Unidos ya aportó esos datos. La Escuela de Salud Pública de Boston siguió a 32.000 varones de distintas edades durante 18 años y concluyó que eyacular más de veintiún veces al mes reduce hasta en un 20% el riesgo de cáncer prostático. Los investigadores advertían de que el resultado no asegura nada más, salvo que la actividad de la próstata se asocia a un menor riesgo.