R. Parrado

Maternidad en la adolescencia

«Ningún niño debería crecer con el estigma de que su nacimiento fue un error»

Elena Martín López
ELENA MARTÍN LÓPEZ Madrid

«Estás embarazada». Nuria tenía 15 años cuando se lo dijeron y al principio no quiso aceptarlo. Hoy, un año más tarde, nos presenta a su hijo: «se llama Jawy». Es una de las miles de adolescentes que son madres en nuestro país antes de cumplir los 20 años –la Organización Mundial de la Salud (OMS) define el embarazo adolescente como aquel que se da antes de los 19–.

«La primera idea que se me vino a la cabeza fue abortar, pero cuando me enteré ya llevaba varios meses encinta y no pude», cuenta Nuria. Su madre tampoco se lo tomó bien al principio pero, una vez pasado el shock inicial, fue su mayor apoyo. «Tanto ella como mi padre me tranquilizaron diciéndome que no era la primera ni iba a ser la última en enfrentarse a una situación así», expresa la joven. No les faltaba razón. Si bien las cifras han descendido considerablemente desde 1990, la tasa de natalidad entre las adolescentes, a nivel mundial, sigue siendo elevada (un 11% aproximadamente según la OMS). En España, el Instituto Nacional de Estadística calcula que más de 7.000 embarazos de este tipo llegaron a término en 2018, mientras que el Ministerio de Sanidad registró 9.828 interrupciones voluntarias en mujeres menores de 20 años ese mismo año.

Además de su familia, el entorno de Nuria se adaptó perfectamente a esta nueva realidad, tanto sus amigas y compañeros de instituto como sus profesores. La asistencia psicológica que obtuvo en el programa de acompañamiento a la maternidad Preinfant le permitió expresar sus sentimientos y en los servicios sociales le guiaron sobre las ayudas públicas que podía recibir. Gracias a ello, hoy es una madre feliz que continua con sus estudios y sueña con ser arquitecta.

Eso sí, es madre soltera, pues su pareja, dos años mayor que ella, se desentendió del bebé cuando supo que iba a ser padre. «Con mucha frecuencia los chicos se asustan y desaparecen, sin que haya grandes diferencias entre si eran parejas estables o alguien a quien acababan de conocer», declara Arantxa Diez, coordinadora de Preinfant en Madrid. «Con lo cual, además del miedo que les produce tener un bebé, en muchos casos las adolescentes tienen que sobrellevar el duelo de la ruptura, el rechazo o el reproche del padre de su hijo», agrega. Por el contrario, cuando los hombres asumen la paternidad, ya sea manteniendo el proyecto de pareja o no, el drama es algo menor.

«Las relaciones amorosas entre adolescentes se miden muchas veces según la disposición a tener sexo»

Arantxa Díez

Las condiciones que pueden favorecer un embarazo adolescente son múltiples. Entre ellas: los escasos recursos económicos, el bajo nivel educativo, la violencia intrafamiliar, los procesos migratorios, las configuraciones familiares deficitarias o la existencia previa de algún embarazo adolescente en la familia. «Hay una tendencia a la repetición en niñas que fueron a su vez hijas de madres adolecentes», expresa Gabriela González, experta en salud sexual y reproductiva y miembro del Grupo de Trabajo de Psicología Perinatal del Colegio Oficial de Psicólogos.

La violencia intrafamiliar o la escasez de recursos económicos son factores de riesgo porque, en general, las adolescentes en situaciones así perciben la maternidad como una vía de escape para iniciar su propio proyecto de vida. Por su parte, los procesos migratorios o las configuraciones familiares deficitarias implican que los padres pasen mucho tiempo fuera de casa trabajando para obtener sustento y, la falta de supervisión, unida al sentimiento de soledad que sienten estas jóvenes, puede fácilmente desembocar en un embarazo indeseado.

Por otra parte, culturalmente, las mujeres latinoamericanas suelen iniciarse en el sexo antes que las españolas, incluso aunque hayan nacido en España, por lo que la probabilidad de quedarse embarazadas en la adolescencia aumenta. De hecho, en Preinfant, la mayoría de solicitantes de asesoramiento tiene orígenes latinos. Eso sí, ambas especialistas recuerdan que el embarazo adolescente se da en todos los sectores sociales y nacionalidades, pese a que las cifras varíen.

«El éxito de la maternidad en la adolescencia depende mucho del apoyo que recibas de tu entorno»

gabriela gonzález

A todo ello hay que añadir que, «actualmente, nos encontramos ante una generación de adolescentes para quienes el amor se mide según la disposición que se tenga a practicar sexo, por lo que las relaciones sexuales se inician cada vez antes», advierte Diez. La coordinadora señala que, además, están volviendo a aparecer comportamientos muy machistas entre los jóvenes, producto en gran parte de la influencia de las redes sociales. «Estas plataformas hacen que las relaciones sean dependientes y controladoras. Frases como 'me has dejado en leído', 'te bloqueo', 'por qué has puesto esta foto de perfil' o 'por qué hablas con tal persona' están a la orden del día. La comunicación entre adolescentes es ambigua y deja mucho margen a la interpretación, lo que genera muchos problemas en la pareja», declara.

Para prevenir consecuencias indeseadas se diseñaron los programas de promoción de salud reproductiva pero, en opinión de González, estos «deberían adaptarse mejor a los diferentes entornos socioculturales y fomentar más la salud afectivo sexual, promoviendo una participación activa de los jóvenes en su propio cuidado y yendo más allá de la mera información sobre los procesos reproductivos».

Estigma social

El mayor bache al que se enfrentan las madres adolescentes es la crítica social. «El embarazo infantil está muy estigmatizado y, si bien no hay que hacer apología de él, una vez se produce, tanto la madre como el bebé que está por nacer necesitan una buena vida», expresa Díez. «La persona que viene al mundo no debería crecer pensando que su nacimiento fue un error. Eso minaría su autoestima y, además, es una forma de maltrato», sostiene.

Sería clave, por tanto, lograr una mayor flexibilidad y recursos en los centros educativos para reducir el gran porcentaje de abandono escolar que ocurre en estos casos. «Así, las adolescentes podrán conciliar sus estudios con la maternidad y su formación les permitirá optar a trabajos mejor remunerados en un futuro», dice Díaz. También, a nivel sanitario, aconseja adaptar las sesiones de preparación al parto para que las jóvenes no se sientan fuera de lugar. «Verse rodeadas de mujeres adultas y, en muchos casos, felizmente casadas les afecta mucho».

Mientras, en el plano jurídico, están por resolver las contradicciones que genera que las adolescentes sean legalmente responsables de sus bebés, pero no de sí mismas al ser menores de edad.

Riesgos añadidos

Físicos

A nivel corporal, el embarazo se desarrolla en una adolescente como en una mujer adulta, con síntomas como: falta de menstruación, senos sensibles e hinchados, náuseas (con o sin vómitos), fatiga o aumento de la cantidad de micciones (evacuaciones de orina), entre otros. Sin embargo, al ocurrir en un momento de desarrollo tan temprano, conlleva riesgos adicionales. La ginecóloga y obstetra Katerina López Tejerina enumera algunos de ellos: anemia, parto pretérmino, ruptura prematura de membranas o hipertensión arterial gestacional. «También son comunes las malformaciones fetales como la gastrosquisis (provoca que los intestinos del bebé salgan del cuerpo a través de un orificio al lado del ombligo) o la anencefalia (implica nacer sin partes del encéfalo y el cráneo)», expresa.

En el puerperio, además, son frecuentes las hemorragias, las infecciones uterinas o la depresión posparto. Todo eso contribuye a que la mortalidad materna se quintuplique en las niñas menores de 15 años y se duplique entre las de 15 y 19, frente a las madres más mayores. Por otro lado, «los recién nacidos suelen presentar bajo peso, menor puntuación en el test de Apgar (prueba que se les realiza al nacer para comprobar su estado de salud) y mayor mortalidad perinatal», advierte López.

En el caso de interrumpir el embarazo, existe el riesgo de sufrir lesiones intrauterinas y esterilidad. Desde 2015, en España es posible que una adolescente aborte si tiene el consentimiento firmado de sus representantes legales.

Psíquicos

Ante el shock de estar embarazada se pueden experimentar frecuentes cambios de humor, enfermedades psicosomáticas (ansiedad, depresión) o el llamado síndrome del fracaso (sentimiento de metas frustradas). Estas jóvenes suelen sufrir más violencia de género y es habitual el cambio de roles, es decir, la abuela se convierte en la cuidadora principal del bebé y disminuye el vínculo materno-filial.

También se ven forzadas a aceptar los cambios físicos drásticos a los que se somete el cuerpo, dada la importancia que se le da a la imagen a estas edades, y a reconocer la vida que se va a traer al mundo (la negación es un síntoma típico en las adolescentes, como le ocurrió a Nuria). Una de las claves del éxito de este ajuste emocional es el apoyo del entorno (familiares, pareja, amigos, profesores).

Asimismo, la ayuda psicológica puede resultar muy útil, «aunque no suele ser una prioridad, especialmente entre colectivos vulnerables», expresa la psicóloga González. «También cabe destacar que, en algunos casos, la maternidad tiene un rol estructurante en la identidad de las jóvenes y se transforma en una resiliencia».