¿Crisis? Asuma estos diez mandamientos para salir a flote

Ya sea por el caos postpandémico o una quiebra económica o amorosa, cualquier ruptura del orden vital exige entrenar ciertas aptidudes para superarla

Rocío Mendoza
ROCÍO MENDOZA Madrid

Pueden ser globales, geopolíticas, financieras o climáticas. La hubo del ladrillo y del petróleo. Las hay de ansiedad y de los 40. Y ahora toca la que parece la madre de todas: la del coronavirus. Son las crisis. Globales o particulares, se cuelan de generación en generación para quebrar la firmeza de los cimientos sobre los que se asientan las vidas más dispares. Pero la indeseable palabra encierra un doble sentido: en él hay drama pero también renovación. Ahora que se ha cumplido un año de que irrumpiera una de las crisis más invasivas que se recuerdan, por su carácter global y su ataque a libertades tan básicas como la de la libre circulación, cabe recordar qué recursos personales, de aptitud y de actitud, se pueden entrenar para salir airosos de ellas.

Patricia Ramírez, una de las voces más destacadas de la Psicología en España, acaba de publicar 'Somos fuerza' (Ed. Grijalbo), un libro «para leer con lápiz y papel al lado para apuntar» en el que recopila esas herramientas que ayudan a afrontar, no ya una situación como la actual, sino cualquiera que nos haga tambalear. Es cierto que el texto tiene tono pedagógico - es difícil encontrar un párrafo sin una directriz útil-, pero también rezuma humanidad al hablar desde la experiencia personal y del sentir de muchos pacientes y seguidores que ha conocido por su profesión.

Así, no es difícil verse reflejado en los escenarios de posibles crisis (económicas, personales, amorosas, etc.) de los que habla. «Yo sé lo que es pasar una crisis: me quedé sola con mi hija recién nacida, sin recursos y con una separación que no vi venir», recuerda para hacer ver que escribe con conocimiento de causa. Es más, ella es también el fruto de aplicar las pautas psicológicas que da a los demás. La imagen que proyecta en su perfil @patri_psicologa (deportistas, vitalista, resolutiva, con las ideas claras, amable, compasiva...), no tiene trampa ni cartón, dice. «En mi familia se practica lo que predico: aquí no se da eso de 'en casa de herrero cuchillo de palo'. Estamos todos, yo la primera, muy trabajados», reconoce.

Con esto quiere recordar que todo requiere de un esfuerzo y para afrontarlo citamos aquí con su guía un resumen de las diez de herramientas más universales a entrenar intensamente para encarar cualquier crisis. Eso sí, Ramírez quiere hacer una matización de antemano: rechaza a «los gurús de la actitud o los mensajes descabellados del tipo 'No hay techo, no hay límite' o 'Los límites los marca tu actitud', que corren por las redes y que solo añaden frustración y culpabilidad, que no motivación, a la persona que se ve hundida». Su enfoque es, si cabe la expresión, más tolerante con la imperfección humana.

1

No te precipitarás

Ante el 'shock', para, observa y analiza

«Analizar ayuda a solucionar problemas –defiende Ramírez–. ¿Qué ha pasado? ¿Qué está en mi mano solucionar? ¿Qué pasos doy?». Para actuar de forma apropiada es necesario serenarse primero. Muchas personas, ante la quiebra de una certeza, máxime cuando están implicados los sentimientos, se enfurecen, son presa de los ataques de ira. Y esos estados son incompatibles con la capacidad de actuar. Quienes tienen sus emociones bajo control son más diligentes porque han podido ver con distancia los obstáculos y estudiar cómo saltarlos. Si hace falta, se traza un plan. ¿Suena frío? Sí. También es eficaz. Eso sí: «Dale tiempo a tu mente para entender y encajar lo que ocurre. Si te obligas a actuar sin este paso previo forzarás un comportamiento que puede pasar factura».

2

No dejarás que el caos tome tu vida

Ajusta las rutinas, dan seguridad

La crisis del Covid-19 se cargó de un plumazo y sin previo aviso uno de los pilares de la sensación de seguridad: las rutinas. El teletrabajo se podía ejercer a cualquier hora, el tiempo de deporte fue sustiuido por el de sofá... El caos se apoderó de multitud de hogares. Lo mismo le suele suceder a quienes pierden el trabajo o se ven fuera de los hábitos adquiridos en su matrimonio ya roto. ¿Por qué son valiosas? «Porque nos hacen la vida más fácil. Nos indican hacia dónde vamos y qué pretendemos. Y, además, nos liberan de la presión de tener que decidir en cada momento». Así que hay que fijarlas bien. Para ello hay que definir antes los objetivos. Estos pueden ser ambiciosos o modestos: desde acabar el día más descansados a cambiar de trabajo y alcanzar ese sueño personal postergado. Para que, además, aporten bienestar, Ramírez aconseja: «Empezar poco a poco, ser flexible, buscar estímulos externos, bajar el nivel de exigencia y, si van los retos, ponérselos».

3

Amarás el presente por encima de todas las cosas

No anticipes: el futuro no existe

Una vida serena pasa por vivir en el presente. ¿Acaso no llenó de angustia hace ahora un año el no saber cuándo acabaría la pandemia? Dicho así, parece sencillo. Pero es una tarea compleja, ya que el cerebro humano está entrenado en anticiparse al peligro. Sólo así ha sobrevivido el hombre. Así que obligarse a pensar solo en el hoy requiere de cierto entrenamiento. ¿Cuáles son las ventajas? Permite apreciar con más claridad lo bonito que sigue ocurriendo, al margen de la crisis personal. «Porque esta no te dura las 24 horas del día», advierte Ramírez. Concentrarse en el ahora facilita obtener más información de la experiencia y aprender. «Así, la vida deja huella».

4

Abraz tus limitaciones

Sin aceptación no hay avance

Este concepto tiene mala prensa porque se asocia a dejadez, a resignación, a abandono, a poco espíritu de lucha. Pero hay una diferencia –al menos en Psicología– entre estos términos. Aceptar implica dejar de quejarse, de menospreciar e intoxicar. Y, sobre todo, dejar de desesperarse por aquello que uno no puede cambiar. Y la resignación, cree Ramírez, «es el abandono de un objetivo por el que no apetece luchar». Es diferente. «Aceptar que no se puede con todo, que la gente nos juzga, que somos vulnerables, que no somos perfectos...», enumera la psicóloga, nos da la posición perfecta para recuperar el control de la propia vida.

5

No serás rígido de pensamiento ni acción

Practica la inteligencia adaptativa

Que una persona puede tener distintas 'inteligencias' no es nuevo. Y, frente las crisis, tener bien entrenada la 'adaptativa' es vital. «La vida es caprichosa. Cuando ya le has cogido el gusto a algo, da un giro y te obliga a reinventarte», apunta Patricia Ramírez, que ve –eso sí– en la pandemia actual la demostración de que somos capaces. «Nos pusimos las pilas todos a un ritmo vertiginoso. La capacidad de adaptación, este tesoro interno que tenemos todos, es lo que nos ha permitdo evolucionar y ser lo que hoy somos». Ahora bien, no todo el mundo es capaz de encararla con éxito. Hasta existe un trastrono psiquiátrico llamado «trastorno por adaptación». Entre los recursos más destacados para no caer en él es enfocarse a cómo la nueva situación mejorará la vida.

6

Nunca usarás tu nombre en vano

Confía en tus posibilidades

Una crisis, sea del tipo que sea, deja tocado. Implica problemas, pérdidas, fracasos... y siempre hay presente emociones incómodas. «Es una cura de humildad cuando no la necesitas y acabas dudando de todo», apunta la autora de 'Somos fuerza'. Sobre todo de uno mismo. De ahí que para salir a flote haya que recuperar la confianza y la seguridad en uno mismo. Sin ellas es difícil tomar decisiones. A veces, imposible porque se llega al bloqueo. Para dejar de hablar mal de uno mismo –aunque solo se haga mentalmente– hay que dejar de compararse, de autoxigirse, valorar los errores propios en su justa medida, ser pacientes, perdonarse y reconocer en qué se es bueno. «También recomiendo controlar todo lo que sea controlable. La preparación ante ciertas situaciones que te ponen a prueba es fundamental. Pensemos en una entrevista de trabajo o en una cita en el banco: estudia, repite, investiga, repite, fórmate más», aconseja Ramírez.

7

No te enfrentes solo

Aprende a pedir ayuda cuando no puedas

En esta tarea de querese a uno mismo, entra en conflicto el concepto de la humildad, siempre entendida como un valor positivo. La autora del citado libro cree que solo en parte. Cree que la humildad se confunde con no reslatar los valores propios y eso no construye una personalidad segura. Además, defiende el «efecto sanador» de la autocomplacencia ('qué bien hago eso o aquello') como herramienta para superar situaciones que atacan directamente a la autoestima. «Genera un estado de fluir que nos ayuda a reconstruirnos sin prisas y sin presión».

8

Humilde, pero no anulado

Apóyate en la autocomplacencia: no es tan mala

En esta tarea de querese a uno mismo, entra en conflicto el concepto de la humildad, siempre entendida como un valor positivo. La autora del citado libro cree que solo en parte. Cree que la humildad se confunde con no reslatar los valores propios y eso no construye una personalidad segura. Además, defiende el «efecto sanador» de la autocomplacencia ('qué bien hago eso o aquello') como herramienta para superar situaciones que atacan directamente a la autoestima. «Genera un estado de fluir que nos ayuda a reconstruirnos sin prisas y sin presión».

9

No te rendirás

Te acompaña más fuerza de la que crees: búscala

Cada persona ha vivido una crisis en su vida. Así que Ramírez defiende la idea de que lo mejor es «meditar» (una práctica que recomienda introducir en las rutinas) y buscar en el interior «cómo te creces cuando lo necesitas». Ahí es donde está la demostración de que, aunque no se tenga la certeza, se es fuerte. Junto a ello recuerda la necesidad de tener hábitos saludables para que no falle lo más básico para salir adelante: la salud.

10

Sé fiel a tus valores por encima de todas las cosas

Defiende los pilares de tu vida

Cuando se han armado uno con todos estos mimbres para luchar contra la adversidad sobrevenida, la especialista recomienda por último no perder de vista los valores porque estos sirven de guía, de filosofía de vida. «Sin ellos estamos perdidos» y, cuando se traicionan u olvidan, trazar un camino para salir adelante cuando vienen maldadas resulta más difícil. La solidaridad, la paciencia, el sentimiento de pertenencia, la gratitud, la bondad, la fuerza de voluntad... «No son adornos del barco, sino el viento que lo empuja y permite avanzar. Además –recuerda Patricia Ramírez– están a alcance de cualquiera porque no dependen ni del dinero ni del poder, sino del corazón».