Ilustración: Jorge Lawerta

Los límites de la hipocondría en tiempos de pandemia

La excesiva preocupación por caer enfermos puede derivar en un trastorno de ansiedad muy real que, no de saber cómo pararlo a tiempo, llega a dominar la vida de quien lo padece

Rocío Mendoza
ROCÍO MENDOZA Madrid

Jaime se siente constantemente amenazado por los gérmenes invisibles que pululan por doquier: desde el aire del secador de manos del baño hasta los asientos de la oficina. A menudo usa mascarilla para acudir a lugares públicos, se lava las manos decenas de veces al día y rocía con desinfectante todas las superficies que puede antes de tocarlas. ¿Le suena? A pesar de que es el prototipo de un 'microbiofóbico', no resulta difícil empatizar con él. Hoy Jaime bien podría ser cualquier de nosotros. La pandemia del COVID-19 está poniendo a la población al límite de la hipocondría y obliga a todos a tomar ciertas precauciones para no caer en ella. Porque más que un mero problema de carácter más o menos aprensivo, es un trastorno de ansiedad que tiene poco de enfermedad imaginaria.

hipocondría es una palabra que tiene más de 300 años. Fue popularizada por el dramaturgo Molière con su obra 'El enfermo imaginario' en el siglo XVII. Desde entonces ha sido empleada para hablar de personas excesivamente aprensivas y tiene tintes peyorativos. Debido a ello, desde 2013 el término técnico para hablar de ella es 'trastorno de ansiedad por enfermedad'.

¿Cuál es el límite para diferenciar si tenemos una mera inquietud o sufrimos un trastorno? Manuel Martín, vicepresidente de la Sociedad Española de Psiquiatría (SEP), apunta que la clave está en el grado de intensidad de esa preocupación. «Si llega a afectar al desarrollo de una vida normal es patológica». Un ejemplo: «si una persona elige dónde vivir en función de lo cerca que esté la casa de un hospital, por si acaso lo necesitara urgentemente, estaríamos hablando de un potencial paciente». Y, además de intensa, la preocupación debe ser permanente.

«Es importante tener en cuenta que cuando uno ya hace lo que debe, puede estar tranquilo. No existe el riesgo cero y no por estar más preocupado va a estar mejor»

Manuel martín, vicepresidente de la sociedad española de psiquiatría

Miguel Gárriz, psicólogo clínico de la Clínica Universitaria de Psicología y Psiquiatría de la Universidad Internacional de Cataluña (UIC) y del Instituto de Neuropsiquiatría y Adicciones del Parc de Salut Mar de Barcelona, añade otro concepto relevante para diferenciar «la preocupación por estar enfermos que todos experimentamos en alguna medida» del trastorno de ansiedad: «el malestar» que nos provoca. Cuando este deriva en «conductas disfuncionales» tenemos un problema.

Estas consisten en buscar información sobre nuestros síntomas en internet, acudir al médico a realizar pruebas diagnósticas sin justificación, monitorizar continuamente cualquier síntoma del cuerpo de forma obsesiva o intentar tranquilizarnos a través de conocidos o familiares que nos digan constantemente que no estamos enfermos.

«Para una persona con este trastorno, un dolor de gases es un tumor intestinal y si un día tose ya cree que tiene una neumonía», apunta el vicepresidente de la SEP. Ante cualquier mínimo síntoma, o incluso en ausencia de ellos, están convencidos de que sufren una enfermedad grave. Y para calmar su ansiedad buscan una constante reafirmación de que están sanos.

«La preocupación por estar enfermos que todos experimentamos en alguna medida» se diferencia del trastorno de ansiedad por el grado de malestar que nos provoca. Cuando este deriva en conductas disfuncionales hay un problema».

miguel gárriz | psicólogo clínico de la universidad internacional de cataluña

Entre los recursos a los que recurren se encuentra lo que Martín denomina el 'doctor shopping' o 'ir de médicos', y se someten a multitud de pruebas médicas innecesarias. «Tras cada diagnóstico obtienen una recompensa que les satisface brevemente, pero vuelven una y otra vez a someterse a más pruebas en un reaseguramiento constante que, por contra, puede generar otros problemas porque no todas las pruebas son inocuas», explica este psiquiatra experto en la materia.

Esto resultaría imposible hoy en día por la limitación que existe en los servicios sanitarios, volcados en atender la emergencia del COVID-19. Así que a los hipocondríacos solo les queda recurrir a algo a lo que recurren habitualmente: el autochequeo constante. Hay gente que llega a tomarse la temperatura 25 veces al día. Aunque si solo tenemos en cuenta este rasgo se podría pensar que estamos sumidos en la hipocondría colectiva. Porque ¿quién no se ha notado febril en las últimas dos semanas de encierro y ha recurrido al termómetro para comprobar si tiene décimas?

El doctor Martín propone establecer un paralelismo con el periodo de dieta y la anorexia. «Cuando estamos a dieta presentamos comportamientos paralelos (control diario del peso, de las medidas, de los gramos de la comida, de sus calorías...) pero es un periodo transitorio. En esa medida, ahora todos debemos estar más preocupados pero es necesario que no domine nuestra vidas», reflexiona el psiquiatra.

«A raíz de las medidas tomadas y ante la expansión de la pandemia es posible que aumente el número de hipocondríacos»

Alvar Ocano | gerente médico de aegón

En su opinión, es normal que las personas con una personalidad más aprensiva vean agravados estos rasgos hipocondríacos en la actual tesitura y, si tienen cierta predisposición, puedan llegar a desarrollar el trastorno. No obstante, cree que en general una vez que pase la alerta todo pasará. «La sociedad ha superado bien otras epidemias», apunta.

Otros creen que el riesgo de que de la pandemia surja una sociedad más débil ante la hipocondría es real. Es el caso de Alvar Ocano, médico especialista en epidemiología y gerente médico de la aseguradora Aegon. «¿Influirá en la población? Rotundamente sí. A raíz de las medidas tomadas y ante la expansión de la pandemia es posible que aumente el número de hipocondriacos. Esto se verá favorecido también por la exposición a la 'información basura'», valora.

Porque uno de los rasgos característicos de quienes sufren este trastorno de ansiedad es la búsqueda compulsiva de información sobre patologías. El conocido como 'doctor Google' ha contribuido a lo que desde Aegon llaman la 'hipocondria digital'. Según el II Estudio de Salud y Estilo de Vida de la aseguradora, siete de cada diez personas afirman buscar información sobre salud en internet.

«Pasaba las noches en vela, inspeccionando cada milímetro de mi cuerpo buscando ganglios inflamados o posibles anomalías. No podía parar. Al final yo misma de tanto tocarme los ganglios me los estaba activando. Eran mi mente y mi miedomis peores enemigos»

Nessita arauz expaciente de trastorno de ansiedad por enfermedad

Aunque no todas dan el mismo grado de credibilidad a lo que consultan, el estudio revela que desde 2018, «el número de personas que padecen este trastorno ha aumentado un 20%». Gárriz añade que los estudios realizados, sobre todo entre los universitarios, «apuntan a que los niveles de ansiedad por la salud se han visto incrementado en las tres últimas décadas». Ahora bien, cree que la búsqueda de información médica a través de la red ha influido, pero no cree que se pueda afirmar que «internet sea responsable» de esta ansiedad colectiva.

La información vuelve así a estar en el centro de problema. Y es que la primera premisa para aquellos que se sientan al límite es dosificar la exposición a la información médica. «Si una persona lee un diario al día, donde se resume lo importante y con fuentes contrastadas, es más que suficiente», apunta el vicepresidente de la SEP.

Ir más allá puede hacer crecer la ansiedad hasta acabar en un trastorno que necesita terapia psicológica y, en casos graves, farmacológica. «Es importante tener en cuenta que cuando uno ya hace lo que debe, puede estar tranquilo. No por estar preocupado va a ser mejor. No existe el riesgo cero», avisa Martín. Y añade: «si, incluso sin llegar a toser, no para de tomarse la temperatura y empieza a hacerse pruebas respiratorias se está acercando a lo que no debe ser».

Consejos para no traspasar el límite

  • Googlear no ayuda La búsqueda compulsiva de información médica es uno de los síntomas de alerta. Olvídese de Google y busque su medio de información fiable para consultarlo una vez al día. Un periódico (digital o en papel), un boletín de noticias (en tv o radio) o cualquier fuente médica primaria, como Sanidad, es suficiente. Y limite el tiempo que dedica a ello.

  • Cambie el chip Evite que la conversación con sus familiares y amigos gire constantemente en torno al coronavirus, los datos de la epidemia, los síntomas o casos conocidos. Enfóquese en otras vivencias o ideas para compartir.

  • Olvide el termómetro Explorarse continuamente incrementa la ansiedad. Si no tiene un síntoma objetivo, no se tome la temperatura constantemente. Tampoco haga pruebas como el nivel de saturación de oxígeno.

  • Referentes claros Si cumple las normas y sigue las recomendaciones médicas que se han dado durante la pandemia, no busque más allá. Cuando aparezca algún síntoma llame al teléfono de referencia y le dirán qué hacer. No sirve de nada adelantarse a escenarios futuros.

  • Técnicas contra la ansiedad La ansiedad que genera la preocupación constante y excesiva requiere de paliativos. Lo mejor es llevar a cabo técnicas de relajación, como meditación o respiraciones, para mantenerla a raya.