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Corazones que pierden el ritmo

Las arritmias aumentan con el envejecimiento poblacional, pero la tecnología mejora su tratamiento

Elena Martín López
ELENA MARTÍN LÓPEZ Madrid

Todos llevamos una canción dentro, una 'percusión' constante en el pecho, el latido que nos da vida. Hoy, Día Mundial del Corazón, reivindicamos esta melodía vital y hablamos de las arritmias, una patología que altera el ritmo normal del corazón (entre 60 y 100 pulsaciones por minuto) y que afecta más a hombres que a mujeres.

José Luis Roberson, un septuagenario vasco cuyo corazón perdió el ritmo natural hace doce años, nos cuenta su historia: «Era 21 de enero y hacía un frío espantoso, pero salí a correr porque me estaba preparando para un maratón. Siempre he sido muy deportista y tenía muy buena forma física, pero de repente noté una especie de pájara y sensación de fatiga de cintura para abajo. Las piernas no me tiraban y el pulsómetro empezó a volverse loco. No tenía a nadie cerca, ni fuentes de alta tensión, por lo que el chisme no tenía motivos para enloquecer de esa forma. Di media vuelta y me dirigí al médico que había en mi club de remo. Antes de llegar noté un dolor muy fuerte en la zona izquierda del pecho. 'Tiene una arritmia', me confirmó el doctor».

A día de hoy, Roberson ha sido operado del corazón tres veces, recibe tratamiento y ha escrito un libro sobre su experiencia titulado 'Usted no tiene nada'. «Lo llamé así porque fue lo que me dijo el primer cardiólogo al que consulté», explica, pero sí que tenía algo. Padece fibrilación auricular (FA), la arritmia más frecuente en España, cuya prevalencia es entre el 1 y el 2% en la población general, pero que aumenta hasta el 4,4% a partir de los 40 años y hasta al 9% en personas octogenarias. Con el envejecimiento de la población actual se calcula que estas cifras se duplicarán en las próximas cinco décadas. Aún así, el enfoque del libro de Roberson es bastante acertado, pues el manejo de pacientes con FA está limitado, en parte, por un infradiagnóstico, como señaló en abril un estudio publicado en el 'Journal of the American College of Cardiology'.

Las arritmias, sin embargo, aglutinan un gran número de patologías que van más allá de la FA. Estas se distinguen según provocan la aceleración o ralentización del pulso. Por encima de 100 pulsaciones por minuto estamos ante a una taquicardia (el corazón late más rápido de lo normal). Esto ocurre por irregularidades en el funcionamiento de las aurículas, que son las cavidades superiores del corazón, como en el caso de la fibrilación auricular o aleteo auricular; o por alteraciones en la actividad de los ventrículos (cavidades inferiores del corazón), como en la taquicardia ventricular o la fibrilación ventricular.

«La mezcla de estrés y deporte de alta intensidad fue una bomba para mi corazón»

josé luis roberson

Por debajo de 60 pulsaciones por minuto sufriremos una bradicardia (ralentización del corazón), que suele estar relacionada con problemas en el nódulo sinusal (nuestro marcapasos natural), aunque también con los bloqueos auriculoventriculares, es decir, cuando las señales eléctricas que se transmiten a través de las aurículas no llegan a los ventrículos.

Cada una de estas patologías pueden tener distintas causas según quién las desarrolla, pues las arritmias pueden ser adquiridas (las más frecuentes) o hereditarias. «Una arritmia adquirida responde a factores de riesgo como el envejecimiento, la hipertensión, la diabetes, el consumo de tabaco, el colesterol alto o una enfermedad coronaria, entre otros; mientras que hay muchas enfermedades cardíacas determinadas genéticamente que predisponen a sufrir arritmias», aclara Javier Jiménez Candil, presidente de la Asociación del Ritmo Cardíaco de la Sociedad Española de Cardiología (SEC).

El estrés continuado y el deporte de alta intensidad también se han catalogado como enemigos del corazón. Esto fue precisamente lo que motivó la taquiarritmia de Roberson. «Cuando me ocurrió estaba muy estresado en el trabajo. Eso, unido a que hacía ejercicio de alta resistencia, fue como una bomba para mi corazón», declara. Por ello, los expertos aconsejan realizarse un reconocimiento médico deportivo antes de iniciarse en cualquier práctica deportiva, especialmente aquellos que nunca han hecho deporte.

Las claves

  • Taquicardia Cuando el corazón late a más de 100 pulsaciones por minuto.

  • Bradicardia Cuando el corazón late a menos de 60 pulsaciones por minuto.

Cabe destacar que las arritmias también pueden aparecer durante la vida fetal, la infancia o la adolescencia, pero «la inmensa mayoría son benignas y fácilmente documentables y tratables», destaca el cardiólogo. En los adultos, algo así es menos frecuente, aunque sí es posible que las arritmias cursen con síntomas leves e incluso sin ellos. Esto último es un problema ante casos graves, pues la falta de tratamiento puede tener consecuencias fatales, como un ictus (infarto cerebral).

Los síntomas de las arritmias dependen del tipo de alteración. «Las taquicardias producen pulso acelerado, palpitaciones, fatiga, dolor en el pecho o dificultad para respirar; mientras que las bradicardias aparecen en forma de síncopes (desmayos)», explica Jiménez. Algunas arritmias malignas también pueden favorecer la muerte súbita.

«A mí me ha pasado varias veces eso de perder el conocimiento y aparecer en el hospital. Es algo que te produce mucha inseguridad y, por eso, hay gente que sufre arritmias vive con miedo a salir a la calle», expresa Roberson. «Mi consejo es que se enfrenten a sus miedos, coman sano, hagan ejercicio adecuado a sus capacidades y busquen un buen cardiólogo que les haga un seguimiento», añade.

'Apps' de diagnóstico

La novedad más reciente en cuanto a diagnóstico de arritmias son las 'apps' móviles que realizan electrocardiogramas de calidad. «Es un gran avance porque con ellas es más fácil detectar arritmias esporádicas, que son difíciles de detectar y, por lo tanto, de tratar», expresa Jiménez.

Los tratamientos para las arritmias se distinguen en tres grupos: los de cambio de malos estilos de vida (bajar el sobrepeso, hacer ejercicio, controlar los factores de riesgo); los fármacos específicos para cada tipo de arritmia y las técnicas intervencionistas, que se personalizan dependiendo del paciente. Por ejemplo, los marcapasos son ideales para tratar las bradicardias con síncopes, mientras que un paciente con taquicardia que no responde a fármacos se beneficiará de una ablación.

Gracias a todo ello, hoy en día un gran número de arritmias se curan o controlan, mejorando así la calidad de vida de quienes las sufren, aseguran los especialistas.

Cómo cuidar la salud cardíaca

Coma sano

Una dieta cardiosaludable consiste en evitar el exceso de calorías (menos grasas saturadas, azúcar y sal) y favorecer la alimentación a base de frutas, verduras, pescado y fibra. La obesidad y el colesterol son muy dañinos para el corazón. Los países con mejor salud cardíaca son los que siguen la dieta mediterránea.

Haga ejercicio

Al hacer ejercicio, nuestro corazón se acelera. Es un tipo de taquicardia saludable, porque oxigena el organismo y disminuye la presión arterial. Por ello, se recomienda realizar ejercicio moderado como: caminar a buen ritmo durante una hora, nadar o hacer actividades de cardio (bailar, aeróbic...).

Duerma 8 horas

Las personas con problemas para conciliar el sueño tienen un 45% más de posibilidades de tener un infarto, según un estudio de la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología. Algunos consejos para una buena higiene del sueño son: seguir unos horarios regulares, evitar cenas pesadas y hacer ejercicio.

Evite el tabaco

Diversas investigaciones han demostrado que el tabaco acelera la frecuencia cardíaca, daña las células que recubren los vasos sanguíneos y contrae las arterias principales, entre otros. Además, se sabe que la incidencia de las enfermedades cardiovasculares es tres veces mayor en los fumadores.

Beba con moderación

«El alcohol, aunque sea en pequeñas cantidades, altera el ritmo cardíaco», apunta una revisión del 'Journal of the American College of Cardiology'. En cambio, tomar una taza de té al día disminuye en un 35% posibilidades de sufrir problemas cardiovasculares, según un estudio del Hospital Johns Hopkins.

Evite el estrés

El estrés aumenta la presión arterial (hipertensión), puede provocar arterioesclerosis, genera arritmias y aumenta las posibilidades de sufrir un infarto. Las personas estresadas son un 27% más propensas a padecer del corazón. Intente no trabajar demasiadas horas, sea positivo, medite o haga yoga.