TOMÁS ONDARRA

La mala fama de la suegra y el cuñado

Simbolizan los roces con la familia política, aunque el tópico exagera

Yolanda Veiga
YOLANDA VEIGA

En mi pueblo hacen el chiste de que nuera es 'no-era', es decir, que no eres de la familia. La relación con la suegra es rara. Parece querer competir contigo en todo... y salir ganando, claro. Así que te pone la comida más calórica que se le ocurre cuando estás a dieta y así puede decir delante de todos: 'Es que nunca comes nada'. Es un modo de relación, casi como un juego. Pero mi suegra es buena persona y en temas feministas hacemos piña». «En mi caso, es exsuegra, porque estoy separada de su hijo. Obviamente no tengo la confianza que tengo con mi madre, pero me ayuda en lo que puede. Me echa una mano con los niños y no se mete más de lo necesario, cosa que agradezco». Y con el cuñado, ¿qué tal? «Hay veces que nosotros mismos somos los más cuñados del mundo. Yo, personalmente, adoro a los míos. Bueno, a casi todos... y me imagino que a ellos les pasará lo mismo conmigo. Unos días me adorarán y otros me querrán echar de la familia». «A veces pienso que por qué mi ADN, que tampoco digo yo que sea una maravilla, se tiene que mezclar con el suyo. Anda, que así va a evolucionar la especie... Lo estudia Darwin y se pega un tiro». Aunque enmascarado en la chanza, es este un retrato bastante real de los roces con la familia política, simbolizados en las figuras de la suegra y el cuñado que el tópico ha llevado al extremo. «El cliché es exagerado. En realidad las encuestas sociológicas evidencian que nos llevamos bastante bien», asegura Luis Manuel Ayuso, profesor de Sociología especialista en familia de la Universidad de Málaga.

Aunque el «choque» está ahí y es casi inevitable: «Cuando te emparejas se produce una colisión entre dos culturas. En casa de tu madre se han hecho siempre las lentejas con laurel y en la de tu marido las han preparado tradicionalmente con clavo. Entonces vosotros creáis una nueva cultura familiar, propia y basada en cesiones que habéis hecho ambos respecto a los valores políticos, educativos, religiosos... las costumbres a la hora de comer, o de ir de vacaciones... que teníais en la familia original. Y decidís que en ese nuevo hogar que habéis creado las lentejas se hacen con chorizo. Pero viene la suegra a comer un día y te suelta: 'Pero, mujer, ¿cómo les echas chorizo? A las lentejas se les echa clavo, que mi hijo las ha comido así toda la vida'. Y eso genera conflicto». El ejemplo, más una metáfora que otra cosa, lo pone el sociólogo para explicar ese fenómeno de masas chocando que se produce cuando se pasa de «la díada a la tríada, de ser dos a ser tres». «Ya lo estudió hace un siglo el sociólogo y filósofo alemán Georg Simmel y no ha cambiado la cosa. Igual que el nacimiento del primer hijo exige una readaptación al pasar de dos personas a tres, eso mismo ocurre cuando nos emparejamos, que aparece un 'tercer' elemento, en este caso la familia política, y genera inestabilidad».

«El que habla de más»

Una 'inestabilidad' que el tópico echa sobre las espaldas de la suegra y el cuñado, los dos parientes en apariencia más «distorsionadores, especialmente el cuñado. Porque la suegra tiene otro estatus. En sociedades tan matriarcales como la nuestra, en la que la mujer ha sido la referencia de la esfera privada, la suegra es como esa 'mamma' italiana, no se hace nada que no pase por sus manos. Además, suegra vas a tener una sola, a no ser que te separes. Pero cuñados igual tienes cuatro porque tu hermana cambia de pareja, así que el cuñado es un pariente que va y viene». Elisa Sánchez, psicóloga, 'coach' y mediadora experta en salud laboral, confirma la teoría de Luis Manuel Ayuso con datos: «Existe un estudio sobre cuáles son las personas que más interfieren en la relación de pareja. Y el 56% de los entrevistados confiesa que esa persona es el cuñado o la cuñada. En segundo lugar aparece la suegra».

– ¿Por qué esa mala fama de los cuñados?

– El cuñado es esa figura que según el tópico acapara, que habla de más, que dice tonterías... ¡Pero si hasta hay un insulto que dice: '¡No es seas cuñado!'. Aunque bien es cierto que hay cuñadas que se llevan casi como hermanas. Pero es raro.

«La suegra tiene otro estatus que el cuñado, es un poco como la 'mamma' italiana, la figura fuerte en la esfera privada»

luis manuel ayuso

Es mucho más habitual, sostiene la especialista, que a la cuñada (o al cuñado) le veamos como esa persona «que se entromete», aunque lo haga sin maldad. «Mi madre tuvo muchos hermanos, así que con ninguno de ellos tuvo una relación especialmente estrecha. Pero en las familias en las que somos dos o tres hermanos, ese vínculo es muy fuerte. Yo he jugado mucho con mis dos hermanos. Y de adultos nos sentimos con la confianza de opinar sobre todo lo que les afecta. ¡Incluidas sus parejas! Lo que nos lleva, a veces, a extralimitarnos». A hacerlo y a sufrirlo, claro. «Imagínate que tu pareja y tú comentáis que estáis pensando en comprar un piso. Lo contáis durante una comida familiar y entonces la hermana de tu marido empieza a decir que menuda tontería, que no es el momento... Lo hace, probablemente, porque tiene mucha confianza con su hermano, es decir, con tu marido. Pero esas intromisiones afectan a la relación de pareja».

La comida del domingo

Intromisiones que se agudizan cuando hay niños. «No es raro que cuando tienes un hijo tu suegra haga comentarios sobre la ropa que le pones, sobre la comida que le das...», advierte Elisa Sánchez. Lo ve a su alrededor, y en el imaginario colectivo está esa idea también. «Hay cantidad de películas que retratan a esa suegra que se mete en todo, que echa un pulso constante con la nuera. Aunque llevado muy al extremo, lo refleja muy bien 'La madre del novio', en la que la suegra (Jane Fonda) atraviesa una crisis personal que se agudiza cuando su maravilloso hijo se va a casar. La suegra se siente entonces excluida y emprende una lucha de poder con su nuera (Jennifer López), a la que ve como una amenaza. Tal es el grado de intromisión que la pareja a punto está de anular el compromiso».

Eso es una exageración, pero algo hay. «Hay veces que los conflictos con la suegra están originados por actitudes que vemos en su hijo, en nuestra pareja. Tiene 40 años pero sigue dejando todo tirado por ahí porque su madre ha ido siempre detrás recogiéndolo. Y eso genera problemas de pareja. No nos gusta lo que hace nuestro marido y se lo reprochamos a su madre: 'Le has malcriado y ahora le tengo que aguantar yo'».

– ¿Por qué nunca se reprocha nada al suegro?

Luis Manuel Ayuso: Aunque existen todavía patriarcados en los que el suegro tiene su silla reservada a la mesa y se enfrenta con el yerno porque a ver qué futuro le va a dar a su hija, lo habitual es que el hombre tenga menos presencia y valor en la esfera doméstica. El suegro ha sido, habitualmente, como un 'invitado'. Como tiene menos implicación en el universo doméstico, se mete menos, y como se mete menos parece más bonachón.

Elisa Sánchez: El tópico dibuja al suegro como ese hombre que pasa un poco de todo, que no opina en las cosas que se refieren a los nietos, que te echa una mano a montar la balda de Ikea o te ayuda si se te estropea el coche.

«Tenemos tanta confianza con los hermanos que nos atrevemos a opinar de todo en su vida y, por supuesto, de sus parejas»

elisa sánchez

Pero esa abuela que opina de todo «es también la que va cada tarde a recoger a su nieto al colegio», de manera que «conviene llevarse bien». Pero ese llevarse bien implica renunciar muchas veces a «nuestra individualidad» en favor de unos «rituales que sustentan una sociedad profundamente familiarista como la nuestra». Y de esa contradicción beben también algunos conflictos con la familia política, sostiene el sociólogo: «Resulta que a mí me encantaría salir a tomar el aperitivo con los amigos el domingo, pero no puedo porque hay que ir a comer con los suegros todos los fines de semana. Y debo hacerlo porque eso sostiene los lazos familiares».

En todo caso, esa 'mala fama' de la parentela política, ese tópico, coinciden los expertos consultados, «se está diluyendo». «Muchas suegras de hoy son mujeres que trabajan fuera de casa y no ejercen tanto de 'mater familia' como antes. Y ese 'distanciamiento' de la esfera privada se nota también en las relaciones que establecen con sus yernos y sus nueras», explica Luis Manuel Ayuso. Prueba de que el tópico cojea es que las encuestas sociológicas evidencian que «por lo general, nos llevamos bastante bien». Tenemos la prueba en las dos entrevistadas del inicio de este reportaje. «En la familia política, como en la propia, hay buenos y malos. Lo que pasa que a tu madre y a tu padre les pasas cosas que no perdonas a tus suegros...» Y menos aún al cuñado.

La parentela, uno a uno

  • El yerno, el tipo que «cae bien»: «Por lo general los yernos suelen caer bien. Pocos padres se quejan de ellos. Salvo en el caso de que la mujer tenga un problema y él no esté a la altura a la hora de brindarle apoyo. Ahí es donde se pone a prueba la confianza», opina la psicóloga Elisa Sánchez.

  • La nuera, casi «como una hija»: «En padres que solo han tenido hijos chicos la nuera es muchas veces como una hija. Se la ve como 'la madre de nuestros nietos' y es una figura a la que generalmente no se critica y suele ser muy respetada».

  • Los primos, «como hermanos»: «En muchas familias la relación con los primos es tan estrecha que acabas considerándoles casi como hermanos. Lo que tiene también su otra cara. Hay tanta confianza que nos permitimos hacer comentarios como: 'No aguanto al marido de mi prima'. En ese sentido funcionamos igual que con los cuñados».

  • Los tíos, «los que te miman»: «Hay tíos y tías que, además de eso, son el padrino o la madrina. Igual que ocurre con los abuelos, los tíos tienen ese rol positivo dentro de las relaciones familiares. Son esos adultos que te miman y que cuando tienes un conflicto con tus padres no es raro que busques apoyo en ellos. Los sientes como aliados, como personas que siempre están de tu parte. Y si son jóvenes tampoco es inusual que salgas de fiesta con ellos».

  • Los sobrinos, «el vínculo con la infancia»: «Se tenga o no hijos, los sobrinos siempre representan ese vinculo con la infancia. Y se les llega a querer a veces como si fuesen hijos. Una amiga no pudo ir a la comunión de su sobrina por culpa de la pandemia y lo pasó mal. El vínculo suele ser muy fuerte, muy bonito», explica Elisa Sánchez.

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