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¿Se tiran pedos las mariposas? Preguntas curiosas de visitantes de museos

Elena Martín López
ELENA MARTÍN LÓPEZ Madrid

Fernando Arnáiz se hizo guía voluntario del Museo Nacional de Ciencias Naturales, en Madrid, tras escuchar una entrevista en la radio. «Un hombre jubilado que había sido director de oficina bancaria contaba su experiencia como voluntario del museo y me llamó mucho la atención. Por aquel entonces yo trabajaba en la industria del petróleo y el gas natural, pero siempre me ha gustado mucho la divulgación así que, cuando me prejubilé, me puse en contacto con la Confederación Española de Aulas de la Tercera Edad, hice un cursillo de guía de museos y solicité plaza. Después, me pasé otros tres meses estudiando», cuenta.

Eso fue hace tres años. Desde entonces, ha guiado por las salas y pasillos de este emblemático edificio tanto a niños como a adultos. Sobre su experiencia dice que «es muy gratificante y tremendamente divertido», especialmente por las preguntas y ocurrencias de algunos visitantes.

De hecho, son tantas las anécdotas que ha vivido y le han contado sus compañeros que acaba de publicar un libro con todas ellas: '¿Se tiran pedos las mariposas? Cómo poner en aprietos a un guía en el Museo Nacional de Ciencias Naturales' (Next Door Publishers).

En busca del culo de un fósil

El título se debe, precisamente, a una de esas peculiares preguntas. «La hizo una niña de unos 8 o 9 años frente a un expositor que recogía una colección de mariposas isabelinas. Cuando el voluntario terminó su explicación, los escolares del grupo se movieron a la siguiente vitrina, pero la niña se quedó rezagada observando los insectos con detenimiento. El guía pensó que preguntaría sobre dónde tenían el aparato reproductor, pues ya le habían consultado eso en otras ocasiones, pero lo último que se esperaba era que la duda fuera sobre ventosidades. No era la primera vez que un menor le cuestionaba sobre pedos, pero nunca por los de un insecto, así que se quedó totalmente desencajado».

– ¿Cómo se sale de un aprieto semejante?

– Aunque son preguntas insólitas, si lo piensas, tienen todo el sentido del mundo. La clave es ser sincero y, si no sabes responder, admitirlo e intentar averiguarlo antes de que el grupo se vaya, preguntando a los conservadores o investigadores del museo. Lo malo es que no siempre hay tiempo, porque los tiempos de las visitas son ajustados –lamenta Arnáiz–.

El autor destaca que «las preguntas de los menores son las más sorprendentes. Se cohiben menos que los adultos, que suelen cuestionarse sobre aspectos algo más predecibles, así que tienes que estar preparado para cualquier cosa».

Pone otro ejemplo para ilustrarlo: «Un día me encontraba explicando a unos escolares un fascinante fósil de ictiosaurio –palabra que significa 'lagarto pez', pues estos animales fueron una especie de reptiles marinos que existieron en la antigüedad– que se encuentra en la parte expositiva del museo dedicada a la evolución. El fósil corresponde a una hembra y es muy característico porque en su vientre se aprecia un feto. A los chavales les divierte mucho intentar discernir a la cría entre los huesos del fósil. Sin embargo, un día un niño se quedó en la parte de la cola mirando a todos lados mientras sus compañeros se afanaban por encontrar a la cría. Para mi sorpresa, me preguntó: ¿Dónde tiene el culo? Cuando conté la anécdota a otros guías, un compañero me contó otra situación similar que le había ocurrido y, a raíz de esa conversación, se me ocurrió escribir el libro».

Los dos penes del tiburón

Arnáiz asegura que «la preocupación por lo escatológico y lo sexual es muy recurrente, tanto entre jóvenes como entre adultos». Asegura que algunos adolescentes, más por hacer la gracia que por verdadera curiosidad, preguntan sobre cómo tenían relaciones sexuales los Australothipecus o los Homo erectus, lo cual no tiene mucho misterio; o no tienen reparo en exclamar: «¡Menudo aparato tiene ese bicho!» cuando llegan ante el toro de lidia.

Hay adultos, asimismo, con un interés muy pueril, como un señor bien entrado en años que, frente a la vitrina del calamar gigante preguntó: «¿Y estos animales cómo lo hacen?». A lo que la guía, captando el ánimo de la cuestión, respondió: «¿Ha ido usted a ver los dos penes que tiene el tiburón?»

«La preocupación por lo escatológico y lo sexual es muy recurrente, tanto entre jóvenes como entre adultos»

Fernando arnáiz

La veracidad sobre la evolución es otro tema controvertido. Así, hay quien todavía duda de si realmente descendemos de los monos, mientras que a otros les preocupan más los temas económicos. Por ejemplo, en el Museo Nacional del Prado, a los niños les suele surgir la duda de cuánto cuestan los cuadros.

«También preguntan mucho sobre quién es su propietario. Cuando les contestamos que todo lo que hay en el museo es suyo, es decir, de todos los españoles, se quedan alucinados», relata Cristina Sánchez, licenciada en Historia del Arte y educadora artística de este museo.

¿Dónde está el Guernica?

Los más pequeños, «igualmente, se sorprenden mucho al saber que son obras originales y sienten curiosidad por cuánto tardan los artistas en crearlas», añade Sánchez. Entre los cuadros que generan más interrogantes destacan: Las Meninas, las pinturas medievales, las pinturas mitológicas y los desnudos. «Mucha gente mayor, además, pregunta dónde está el Guernica, pues este cuadro estuvo expuesto anteriormente en el Casón del Buen Retiro, edificio que era una extensión del Museo del Prado, aunque desde 1992 forma parte de la colección del museo Reina Sofía», aclara.

Arriba: Una mujer camina frente al Guernica de Picasso, en el museo Reina Sofía, en Madrid.. Abajo-izquierda: 'Las Meninas', de Velázquez. Abajo-derecha: 'La maja desnuda', de Francisco de Goya / AGENCIAS

A dicho museo de Arte Contemporáneo nos trasladamos para conocer algunas de sus anécdotas y, curiosamente, están relacionadas con esta icónica pintura de Picasso. Los mediadores del Museo Reina Sofía destacan, sobre todo, la cara de la gente al ver la obra en persona. «Muchos se sorprenden por el tamaño (el lienzo es de 349,3 x 766,6 cm), porque están acostumbrados a verlo en fotografías de libros, mucho más pequeñas. Otros se quedan perplejos al comprobar que la pintura es en blanco y negro pues, de alguna forma, tenían la idea de que era en color y nos preguntan para cerciorarse de que es la original», cuentan.

Los anillos de Júpiter

Por su parte, los portavoces del Museu de les Ciències de la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia evocan una anécdota curiosa que ocurrió en el módulo exposición 'Memoria', aquella en la que se invita al visitante a escribir su primer recuerdo. «Atendiendo a un periodista, nos llamó la atención que uno de sus primeros recuerdos sobre este recinto era de cuando vino de visita con el colegio, pues en ese momento volvía ya como profesional para realizar un reportaje sobre ciencia».

Entre las preguntas curiosas, remarcan el interés que despierta en el público de Las Nocturnas (el planetario en directo del Hemisfèric) conocer que, además de Saturno, haya otros planetas que tienen anillos, como Júpiter, Urano o Neptuno.

Un ciclista pasa por delante del edificio del Hemisferic de la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia. / Víctor Fraile

Robos de película y el coleccionismo de fósiles

Fernando Arnáiz sostiene que los museos internacionales también tienen grandes anécdotas que contar. Es el caso, por ejemplo, de los robos. «Hubo unos ladrones que se dedicaban a robar cuernos de rinoceronte de los museos para venderlos, como sustitutivo de la caza furtiva. Son comunes, igualmente, los robos de joyas, así como de otras piezas mucho más extravagantes, como el fósil de heces que desapareció del Museo de Historia Natural de Londres o los huesos de la cola de fósiles de dinosaurios que se han hurtado aquí en España. Cada vez es más difícil que ocurra, porque ahora los museos están más protegidos y, en muchos casos, utilizan réplicas, pero ha habido robos tan espectaculares que hasta han inspirado películas», afirma.

El autor destaca también el auge de la moda de coleccionar fósiles. «Los millonarios han cambiado su interés por los cuadros de grandes artistas por los huesos históricos. El problema es que eso está dificultando a los museos adquirir ejemplares originales, porque los precios se han disparado con la demanda, hasta 32 millones de dólares por un tiranosaurio pequeño completo, por poner un ejemplo».