Leal

¿Qué hay de divertido en grabarse jugándote la vida?

Retos autolesivos, vídeos de contenido vejatorio... El ocio desviado y cruel se hace viral en internet

Elena Martín López
ELENA MARTÍN LÓPEZ Madrid

¿Se dejaría presionar la carótida hasta perder el conocimiento? ¿Se grabaría vejando a otra persona? ¿Se fotografiaría junto a una montaña de cadáveres? Por inconcebible que parezca, hay quien lo ha hecho. E incluso lo ha exhibido. A las redes sociales llegan, en ocasiones, imágenes y vídeos con este tipo de contenido deplorable.

Es una forma macabra de distraerse, pero la diversión a costa del mal no es nueva, sino tan antigua como la propia humanidad. En su tratado 'True Crime' (Ariel) Vicente Garrido Genovés considera que hacer daño y disfrutar haciéndolo es algo perverso, pero parte de nuestra propia naturaleza, aunque advierte que el morbo, generalmente, se libera a través de la ficción: novelas policiacas, películas o series de terror.

Las atrocidades citadas no son nuevas, pero ahora tienen un 'público' mayor. ¿Qué motiva a la gente a cometer tan terribles actos? «Por un lado, la seducción del delito, que no es más que el disfrute del mal que todos llevamos dentro, en mayor o menor medida. Por otro, el postureo, es decir, la autopromoción, aunque se busque la trascendencia a través de un mecanismo antisocial», explica Myriam Herrera, profesora de Derecho Penal y Ciencias Criminales en la de la Universidad de Sevilla y autora del estudio 'Eróstrato en Instagram. Selfies extremos, retos virales, violencia auto-grabada y otras performaciones egóticas en culturas de ocio desviado'. «Todo artista quiere tener un público y ser recordado eternamente. No implica que las personas que suben este tipo lo sean, pero lo intentan, pues las imágenes malsanas que difunden son producciones culturales que ansían eternizarse. Y en la red esa inmortalidad se alcanza cuando un contenido se vuelve viral».

«Estos contenidos no siempre implican un daño criminal, pero sí uno cultural, porque siembran ideas nocivas»

myriam herrera

El fenómeno se denomina erostratismo –la «manía que lleva a cometer actos delictivos para conseguir renombre», según recoge la Real Academia Española (RAE)–, y aparece en los retos digitales autolesivos, los 'selfies' extremos (auto-fotos al borde de abismos, autograbaciones temerarias…), o los vídeos de palizas, violaciones grupales o pornografía de menores grabados por los propios victimarios. Así, ocurren casos como el de Antonella, una niña italiana de 11 años que murió en enero asfixiada tras atar un cinturón a su cuello mientras participaba en un reto de Tik Tok; el de Courtney Sanford, una estadounidense de 32 años que murió al perder el control de su coche tras hacerse un 'selfie' conduciendo; o el de la joven de Pozoblanco, que fue grabada mientras era agredida sexualmente por 'La Manada'.

«Internet ha disparado el ocio sádico y cruel, no siempre criminal, pero sí insensible y carente de empatía, porque ahí se encuentran contenidos y se refuerzan conductas que son inaceptables en el mundo real. Parece que 'online' todo es mentira y ficticio, pero todos estos aportes culturales establecen unas pautas dañinas y diseminan la idea de que cualquier tipo de espectáculo, por vejatorio que pueda ser, está justificado con tal de causar diversión. Es decir, estos contenidos no necesariamente implican un daño criminal, pero siempre suponen un daño cultural», expresa Herrera.

Si 'gusta' se normaliza

Los que peor parados salen son los jóvenes. «Los adolescentes buscan experiencias extraordinarias, porque están explorando el mundo, el problema es que Internet es un mundo inversivo en el que terminas perdiendo la noción de la realidad», sostiene la especialista. «Estas conductas suelen ser fruto de la inmadurez, pero de una inmadurez no supervisada y no educada», añade.

El otro grupo de riesgo son las mujeres, afectadas especialmente por la pornografía, que desvirtúa la sexualidad humana y pone al género femenino en un papel de servidumbre respecto al masculino. «La cantidad de pornografía extrema que se airea en Internet y que pasamos por alto es inmensa, a pesar de que hasta los menores la encuentran fácilmente y la consumen. No hay más que poner 'violación' en el navegador para comprobarlo», alerta la profesora. Al hilo de ello, destaca el reciente bulo, difundido en Tik Tok, que promovía la declaración del Día Mundial de la Violación. La grabación tuvo más de 70 millones de visualizaciones y muchos usuarios mostraron su indignación a través de vídeos y comentarios.

@rbyn_imgayaf

#duet with @kaylamalecc solo lo traduci, por favor ayudenme a difundir esto para que pueda llegar a mas personas #april24#staysafe#mujeres#feminist

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«Si a una persona con ánimo antisocial o con un perfil de riesgo especial le llega este contenido y se lo toma en serio, puede cometer delitos que quizás de otra forma no se habrían producido. Aun así, incluso si no ocurren, se está difundiendo la idea de que la violación es divertida y nos podemos reír de ella», lamenta Herrera. Eso sí, el autor no es el único implicado en todo esto, pues el consumidor ya no es un mero espectador pasivo, sino que también participa de esa conducta desviada. «Simplemente al dar un 'like', poner un comentario o compartir el contenido mejoramos el producto, porque le damos popularidad, consiguiendo que se normalice esa conducta ante el gran número de personas a las que les 'gusta'», advierte la especialista. Un ejemplo del nuevo rol del espectador se ofrece en la pornografía de menores en directo, donde los usuarios pueden comentar lo que quieren ver que ocurra.

La criminóloga destaca, además, otra herramienta peligrosa que ella denomina 'el algoritmo de normalización'. «Cuando una persona pedófila, por ejemplo, entra en materiales ilegítimos, como la pornografía de menores, podría quedarse solo en verlo. Sin embargo, cuando sale de esas páginas y sigue navegando por Internet, se encuentra con el mecanismo de las cookies, que ya han hecho un perfil de sus preferencias de búsqueda y responden mostrándole más pornografía infantil. De esta manera, la persona percibe que es un comportamiento normal, por la cantidad de hipervínculos relacionados con contenido pedófilo que recibe, y llega un momento en el que se desinhibe y se anima a producir su propio material, con ese espíritu de divertirse y encontrar placer».

Educar la mirada

Para intentar frenar esta problemática se trabaja en dos leyes importantes. La primera, ya aprobada, la Ley de Protección de la Infancia, que alude al control de los contenidos de internet que afectan a menores, como los retos digitales que incitan al suicidio. La segunda, la Ley de Servicios Digitales que está en tramitación y debate en la Unión Europea. «Costará trabajo que salga, porque le hace polvo a las plataformas digitales, pero exigirá un mayor control y dará herramientas para pedirles responsabilidades», dice la especialista. Entre las escasas condenas penales por estas prácticas destaca la del youtuber ReSet, acusado por un delito contra la integridad moral al humillar a un mendigo ofreciéndole galletas Oreo rellenas de dentífrico y grabarlo en vídeo.

Dado que en muchos casos no se llega a niveles de daño criminal, sino que las imágenes difundidas solo se quedan en cultura de ocio desviado, Herrera también destaca el papel fundamental de la educación. «En otras épocas, los estudiantes aprendían a mirar el arte, incluso los grabados más crueles, de forma reflexiva. Es algo que se ha perdido, pero que hay que recuperar. Solo al educar la mirada podremos contemplar con reflexión y empatía aquello que observamos a través de la pantalla y tener la capacidad de frenar los contenidos intolerables, incluso aunque estén disfrazados en forma de broma o meme».

Para conseguirlo, alude a las humanidades, principalmente la Historia del Arte. «Tenemos una juventud muy versada en cómo manejar la tecnología, pero que está perdiendo su humanidad. ¿Cómo va a competir el placer de contemplar un cuadro con la excitación que produce la pornografía si no se enseña a encontrar esa otra forma de gozo? Disfrutar con una escena de sexo fuerte no necesita ningún entrenamiento. En cambio, la estética, la espiritualidad o la empatía hay que cultivarlas. No quiere decir que todos los jóvenes se dejen arrastrar por estas imágenes, pero es una tendencia general preocupante que no debemos ignorar».

Ejemplos de ocio desviado en redes

Algunos incluso mortales

Retos autolesivos

La persona acepta infligirse a sí misma mutilación, cortes, arañazos o contusiones óseas, llegando incluso a secundar mandatos virtuales de suicidio. Algunos ejemplos son los peligrosos retos virales de 'Momo', la 'Ballena Azul' o 'Jonathan Galindo', que ya se han cobrado algunas víctimas.

A veces con resultados funestos

'Selfies' extremos

Destacan los 'selfies' que se toman en equilibrio desde cimas naturales o cumbres arquitectónicas o las autograbaciones de acciones temerarias (conducción suicida, saltos desde balcones, con animales salvajes...). Un ejemplo son las fotografías que se hace la modelo extrema rusa Ángela Nikolau.

Se quedan en la red para siempre

Memes insultantes

Le pasó a Débora, una niña brasileña que fue objeto de ciberacoso tras viralizarse en Facebook un 'selfie' que ella publicó y que los usuarios convirtieron en meme. La imagen recibió tantos comentarios despectivos que la joven pensó en suicidarse. Siete años después, alguien la compartió de nuevo y volvió a viralizarse.

De violaciones o acoso escolar

Vídeos vejatorios

Son actuaciones de odio criminal, violación, pornografía de menores o grabaciones vejatorias en tesituras de acoso escolar u otras circunstancias denigrantes similares. El dolor de la víctima es un activo estético, porque impacta al espectador y revaloriza el poderío de la imagen. Destaca el vídeo que se viralizó en verano de 2020 en el que aparecían dos auxiliares de enfermería en prácticas de una residencia de ancianos dando un trato humillante a una anciana postrada en una cama.

Lo «guay» de dañar la naturaleza

Imágenes eco-lesivas

Especial protagonismo cobran los memes, 'selfies' y vídeos donde aparecen animales silvestres amansados, o forzados a realizar rutinas o a tener actitudes artificiales. También los daños forestales causados por el ánimo de grabar un fuego en parajes protegidos.

'Postureo' frente a la muerte

Fotografías macabras

No son pocos los que han posado frente a los crematorios de Auschwitz, la zona de exclusión de Chernobyl o los museos memoriales de Ruanda, entre otros. Completan la galería aquellos que se hacen fotos con fondo de víctimas accidentadas o de catástrofes naturales.

No es cierto todo lo que circula

Bulos y trolls

Que si la pandemia de COVID-19 está causada por el 5G, que si al marcar 90# en tu teléfono no te derivan el coste de llamadas de otros… Muchos usuarios anónimos, denominados trolls, promueven bulos y comentarios incendiarios en foros con el fin de confundir y hacer daño.