Ilustraciones: R. Parrado

De 'Cristal' a 'Mi hija': cómo hemos pasado del culebrón latino a la telenovela turca

Melodramas como 'Fatmagül' o 'Mujer' han resucitado la pasión por este tipo de narraciones audiovisuales cuando menos se esperaba

Carlos Benito
CARLOS BENITO

Durante la mayor parte de la historia, en el caso improbable de que alguien utilizase la palabra 'culebrón', lo más seguro era que se estuviese refiriendo a alguna culebra grande. Se supone que fue eso, el cuerpo interminable y a menudo retorcido de las serpientes, lo que llevó a aplicar también el sustantivo a una «telenovela sumamente larga y de acentuado carácter melodramático», como lo define hoy el diccionario de la RAE. Este uso vino importado de México y nos fuimos acostumbrando a él en la segunda mitad de los 80, aunque durante unos años todavía nos sentíamos obligados a explicarlo cada vez que lo empleábamos, no fuese que nuestro interlocutor nos creyese muy aficionados a los reptiles.

Aquella fue la época de despegue de las telenovelas latinas, que aportaban material barato para la creciente competencia televisiva. Primero las emitían TVE y las autonómicas (mexicanas sobre todo en la primera, brasileñas en las segundas) y ya en los 90 llegó la eclosión del género a través de los canales privados. La venezolana 'Cristal' fue el bombazo por excelencia, un éxito que alimentaba obsesivamente las conversaciones, con cifras que alcanzaron los 8,6 millones de espectadores y el 85% de cuota de pantalla, pero hubo otros títulos anteriores y posteriores que se instalaron en la memoria colectiva, desde 'Los ricos también lloran' hasta 'Amarte así, Frijolito'. Quizá el último 'superhit' del género fue 'Pasión de gavilanes', que parecía un concurso de belleza con temática ranchera, pero después llegó la decadencia: en nuestras pantallas se impuso la ficción española (con guionistas que habían aprendido muy bien los trucos de sus colegas hispanoamericanos) a la vez que se desencadenaba la fiebre por las sofisticadas series internacionales y se desmantelaba el viejo orden televisivo, aquel en el que todos veíamos las mismas cosas a la vez.

No entraba en los planes de nadie que, en 2021, estuviésemos hablando otra vez de telenovelas, pero el entusiasmo global por la ficción turca nos ha devuelto a la casilla de salida, o más bien a una casilla similar a aquella. Aquí se impone cierta puntualización terminológica: igual que muchos de los que hacían culebrones latinos rechazaban aquella denominación más o menos despectiva, ahora hay que decir que las series turcas no se ajustan exactamente al concepto clásico de telenovela: son productos de factura ambiciosa que, en su país, se emiten con periodicidad semanal, aunque a veces nuestro mercado las haya reciclado al ritmo diario de los seriales más apresurados. Desde que Nova se lanzó en 2018 con la propuesta, entonces insólita, de 'Fatmagül', la audiencia de las series turcas en nuestro país ha subido como la espuma: han pasado de los cientos de miles a los millones, han invadido el 'prime time', han irrumpido en las cadenas generalistas y se han hecho con un público fiel capaz de pronunciar sin titubeos nombres como Özge Özpirinçci o Beren Gökyıldız. Y no se trata de un fenómeno exclusivamente español, porque medio mundo está pendiente del melodrama turco, incluidos los reyes derrocados de este universo: en Latinoamérica arrasan, con fenómenos de masas como 'Las mil y una noches' en Chile, que superó en audiencia a un partido de su selección contra Brasil. El turismo hispanoamericano en Turquía se ha disparado un 70%.

En espléndidos exteriores

¿Por qué? ¿Qué tienen estas series para hacer que resucite la vieja adicción? «Hay distintas razones. Desde el punto de vista empresarial, a las grandes cadenas les resulta muy atractivo probar suerte con este tipo de series baratas para rellenar horas de contenido a bajo coste (la duración media por capítulo es de 90 minutos) y sus tramas prenden muy bien en el cotilleo de las redes sociales y los grupos de WhatsApp. Estrictamente no pueden considerarse telenovelas, y en parte esa es otra de las razones de su éxito: a pesar de que están envueltas de cierto exotismo, su respetable factura técnica las hace tolerables al público con más prejuicios hacia el género», reflexiona el crítico cinematográfico Josu Eguren. La industria turca graba casi un centenar de series al año y lo hace en exteriores sugerentes y esplendorosos, no en los decorados tirando a cutres del culebrón de antaño.

La conexión entre una y otra tradición dista de ser accidental. «Turquía, a inicios del siglo XXI, fue uno de los países con mayor consumo de melodrama latinoamericano. Si nos damos una vuelta por allí y conversamos con algunos 'paisanos' turcos de entre 30 y 40 años, mencionarán sin excepción títulos como 'Rosalinda', 'Wild and beautiful con Natalia Oreiro' (en referencia a 'Muñeca brava'), 'Alcanzar una estrella', 'Luz Clarita', 'María Mercedes', 'María la del Barrio' y todas las Marías posibles que hizo Thalía en su época de oro», detalla Milagros Tuccio, profesora de la Pontificia Universidad Católica del Perú, que dedicó su tesis a este asunto con el bonito título de 'Los turcos también lloran'. Como los viejos culebrones, las series turcas suelen contar dramones de amor, familia, dinero y honor, y lo hacen con actores y actrices tremendamente atractivos («son el hombre que cualquier mujer desearía», se enardece una fan en un foro), miradas intensísimas, silencios eternos y un fondo de moral tradicional cuidadosamente preservado por el Consejo Supremo de Radio y Televisión. A sus miembros, todos varones, no les entusiasman las minorías sexuales, ni los besos largos y ardientes, ni los jacuzzis en pareja, ni siquiera las bebidas alcohólicas.

«Estos melodramas hablan un lenguaje universal comprensible por todos, como es el amor, el honor o la lucha por los sueños. Dan una vuelta al concepto clásico con historias sencillas que hablan de romances bucólicos, de odio, de codicia... Son cercanas y fáciles de entender, con galanes que enamoran la pantalla y mujeres que deshielan los corazones con sus miradas», resume Miguel Ángel Otero, del blog Planeta Estambul. ¿Hasta qué punto representan fielmente la sociedad turca? «Ojalá la vida fuese la de las novelas turcas, pero lamentablemente no es así. Muchas se centran en personajes de familias ricas y modernas que viven en barrios lujosos y no reflejan los problemas endémicos que sí sufre en mayor o menor medida el resto de la población: represión, clasismo, horarios laborales interminables… Además, importantes estratos de la sociedad, incluida la clase media, no suelen aparecer reflejados, al igual que colectivos minoritarios como el homosexual o el kurdo. Pero lo más llamativo es la omisión de las mujeres musulmanas tradicionales, pese a su peso demográfico», responde Otero. En las teleseries turcas, las mujeres rara vez llevan velo.

Los memes de Can Yaman

Al responsable de Planeta Estambul no le sorprende que las series turcas triunfen en España, pero sí qué series lo hacen. «No han llegado las de verdadero éxito, salvo 'Fatmagül'. Mis amigos turcos no se creen que en España triunfen series que ellos consideran malas, como 'Mujer' o 'Love is in the air', y en cambio dramas de excelente calidad como 'Amor prohibido' o 'Suleimán, el gran sultán' no se emitan. De hecho, hacían memes con el recibimiento al actor Can Yaman en Barajas, todo lleno de fans, y en el aeropuerto de Estambul, donde no había nadie. Decían que habían pagado a las fans».

En plena era de Netflix (que, sí, también tiene series turcas), millones de personas se han emocionado con telenovelas como 'Mujer', 'Mi hija', 'Madre', 'Ciudad cruel' o 'Fugitiva', y quizá debamos entender que los resortes argumentales del culebrón sintonizarán siempre con una parte importante del público. «Los culebrones se ordenan en torno a estructuras muy simples que no exigen demasiada atención y apelan a esas emociones primarias y universales en las que se reconoce cualquiera –analiza Eguren–. Incluso los títulos de prestigio, como 'Mad Men', 'The Shield' o 'Los Soprano', incorporan tarde o temprano subtramas culebronescas, que son las que les permiten inflarse a temporadas y cumplir con las demandas de los canales y las plataformas obsesionadas con exprimir la gallina de los huevos de oro. Dos de cada tres series tienen alma de culebrón».

Éxitos de ayer...

Los ricos también lloran

Fue la gran pionera del culebrón en nuestro mercado. Producida por Televisa en 1979, TVE empezó a emitirla en enero de 1986 (¡por la mañana!) y se convirtió en el primer gran bombazo del género en nuestro país. Contaba las aventuras y desventuras de Mariana Villarreal (interpretada por Verónica Castro), la ineducada hija de un hacendado, que sufría las mañas de su codiciosa y cruel madrastra. Sus dos partes suman 248 episodios, se emitió en 120 países y en los 90 tuvo una nueva adaptación, 'María la del barrio'.

Cristal

El culebrón por excelencia paralizó la vida pública en nuestro país en algunos momentos de 1990: buena parte de los españoles canturreaban 'Mi vida eres tú', su pegadizo tema central, y sabían reproducir con acierto el acento y las expresiones de los personajes. Con 239 episodios y un argumento enrevesado y repleto de relaciones prohibidas (en el que no faltan giros clásicos como el padre de una hija ilegítima que se mete a sacerdote), la serie lanzó al estrellato internacional a Jeannette Rodríguez y Carlos Mata. ¡Y pensar que empezó en La 2 y por la mañana!

Pasión de gavilanes

«¿Quien es ese hombre que me mira y me desnuda? Una fiera inquieta que me da mil vueltas y me hace temblar, pero me hace sentir mujer», decía la inolvidable canción, para la que había incluso coreografías. La telenovela colombiana, que empezó a emitirse en 2005 en las sobremesas de Antena 3, combinaba el argumento de venganza familiar con un pintoresco ambiente ganadero y una generosa exhibición de piel, músculo y erotismo 'light'. El último de sus 188 episodios superó los cinco millones de espectadores.

... y éxitos de hoy

Fatmagül

Producida en 2010, sirvió como punta de lanza de la ficción turca en nuestro país, donde empezó a emitirse en 2018 por el canal Nova. Se basa en una novela del escritor turco Vedat Türkali y está protagonizada por Beren Saat como Fatmagül, una campesina víctima de una violación múltiple que es abandonada por su prometido. También es pionera en una nueva tendencia: se ha rodado una versión española ('Alba', con Elena Rivera en el papel central) que ahora mismo está en Atresplayer Premium, a la espera de emitirse en abierto.

Mujer

Cosas de la globalización: la serie turca que estableció un antes y un después en el éxito de estos melodramas en nuestro país tiene su origen en una producción japonesa. 'Mujer' marcó el significativo salto de estas telenovelas desde los canales temáticos hasta los generalistas (Antena 3) y ha alcanzado un share máximo del 23%. El personaje central es Bahar, una joven viuda con dos hijos que se muda de barrio por sus apuros económicos y debe decidir si está preparada para el amor.

Mi hija

Al igual que ocurre con 'Mujer', que la precedió en el trono de las telenovelas turcas, también 'Mi hija' tiene su origen en Extremo Oriente, en este caso en una producción coreana. Antena 3 empezó a emitirla el pasado diciembre y se ha convertido en el mayor éxito turco en nuestro país, con capítulos que han superado los tres millones de espectadores y un share que ha llegado a rebasar el 20%. Cuenta la historia de un estafador que, para librarse de la cárcel, debe hacerse cargo de su hija, una niña que sufre la enfermedad de Niemann-Pick.