ÓSCAR DEL AMO

Así entran y salen las calorías

Olvídate de caldos, de ayunar o de palizas en el gimnasio. Los excesos de una comida no se compensan al día siguiente

Julia Fernández
JULIA FERNÁNDEZ

César se ha levantado con el estómago pesado. Anoche, después de trabajar, se pidió una hamburguesa completa en su local de confianza, y como tenía ganas de algo dulce, añadió al menú un buen trozo de 'brownie'. Estaba todo muy rico y le sentó fenomenal, pero al levantarse siente que se ha pasado. En realidad, lo que le pesa no es la tripa, es la conciencia. Mientras se toma un café solo para despertar antes de meterse en la ducha, se hace el firme propósito de que hoy toca 'comer limpio': ensalada, pollo a la plancha, sopa de verduras... lo que sea que compense los excesos de la jornada anterior. Quizá hasta salga a correr, aunque no le gusta.

La estrategia de César la hemos seguido todos alguna vez. Sobre todo, en fechas señaladas en las que se suelen hacer comidas copiosas: Navidades, cumpleaños, aniversarios... Hay quien se salta la siguiente comida, quien se pasa la jornada a caldos, quien se prohíbe probar el azúcar y los carbohidratos durante 24 horas y quien se pega una buena paliza en el gimnasio después del festín en un intento de mantener la línea. Pero, ¿sirven de algo acciones como estas?

«No está mal aumentar el ejercicio físico o reducir la ingesta de ciertos alimentos cuando uno come más de la cuenta en una determinada situación», señala como principio Giuseppe Russolillo, director de la Academia Española de Nutrición y Dietética. Pero ojo: «Hay que hacerlo de manera equilibrada». Lo de saltarse una comida, por ejemplo, es contraproducente porque provoca «efectos metabólicos no deseados» que perjudica más que benefician. «Nuestro cuerpo está acostumbrado a recibir un número determinado de calorías. Si, de repente, un día las aumentas, utiliza los mecanismos que tiene para regularse». Sudar es uno de ellos, por eso, después de comer un buen cocido con todos su sacramentos parece que nos hemos pegado un buen sprint cuando no nos hemos levantado de la silla. Lo que no entiende nuestro organismo, prosigue Russolillo «es que le dejemos a cero». Si, además, esa restricción calórica o ayuno se alarga en el tiempo, lo que hace es «reducir el gasto energético global para consumir lo menos posible». Es su manera de ser eficiente.

Así que lo de saltarse las comidas para compensar se nos tiene que quitar de la cabeza ipso facto. «Al cuerpo hay que darle algo para que siga manteniendo el ritmo energético». Un buen menú después de esa comilona estaría compuesto por «una ensalada o unas hortalizas, fruta y yogur». Tampoco estaría mal salir a hacer algo de ejercicio. «Y es importante mantenernos hidratados», sobre todo si en nuestro supuesto exceso hemos incluido alcohol. Pero todo ello sin pasarnos de vueltas.

¡Y sin contar calorías! «Es problemático porque a la hora de comer no solo importa el número de ellas que ingerimos, importan también los macronutientes de esos alimentos». Si solo atendiéramos a la cantidad de energía que nos aporta un producto, el amado aguacate o nuestro aceite de oliva deberían estar descartados cuando se trata de alimentos de lo más saludable que hay que consumir «en su justa medida porque nadie se bebe medio litro ¿no?».

Ese milhojas de crema...

De las que sí tenemos que huir (estas podemos contarlas) son de las calorías vacías, que son las de esos productos altamente energéticos pero que no nos aportan más que eso. Son fáciles de distinguir porque son alimentos muy palatables y que generan placer al consumirlos. Como el azúcar. «No son necesarios para una vida saludable y podemos prescindir de ellos», insiste el director de la Academia Española de Nutrición y Dietética.

Ismael Galancho, experto en nutrición, salud y ejercicio, confirma la tesis de Russolillo y aclara por qué nos obsesionamos tanto con 'compensar' cuando nos hemos pasado a la mesa. «Sucede porque nos quedamos siempre en lo efímero. Es incorrecto pensar que se va acumular grasa en nuesto cuerpo porque un día haya un exceso calórico». Explica que hacen falta muchas más comilonas para que eso ocurra: es decir, que sea algo crónico. Que cada día metamos en nuestra 'máquina' más energía de la que gasta.

– Ya, pero es inevitable no pensar en lo que engorda el milhojas de crema del postre.

– Porque los seres humanos nos quedamos en lo agudo. Sin embargo, hay que tener en cuenta que el cuerpo se basa en lo global.

– O sea, que no nos debería preocupar el pastel de ayer...

– Tiene más sentido preocuparse por el balance calórico semanal que por el diario.

Es decir, que el cocido no nos debe inquietar al día siguiente, sino que tenemos que analizar lo que hemos consumido y lo que hemos gastado a lo largo de la semana. Así que para el experto, después de esa comida pantagruélica no tendríamos que hacer nada más que «seguir con nuestra vida». «Una sobreingesta puntual no es un problema, se convierte en un problema si es constante».

Cultura de la dieta

Ahora, tampoco está mal si decidimos darnos una buena caminata. «La tasa de sendentarismo es muy elevada. No hacemos el suficiente deporte y eso sí lleva a la obesidad», detalla Galancho. Así que hacer deporte siempre es bueno para nuestra salud, hayamos comido de más o no. Lo que ocurre es que hay que tener cuidado con el motivo: debemos salir para movernos, no para compensar calorías. Si lo hacemos exclusivamente por esto último estamos tomando el camino equivocado, una vía que podría derivar en un trastorno de la conducta alimentaria (TCA) en personas con predisposición a padecerlo.

De esto último sabe mucho Julia Vidal, psicóloga sanitaria experta en TCA e imagen corporal. «Lo que nos tiene que motivar a hacer ejercicio es que es sano, no la culpa asociada a engordar», señala la también directora de Área Humana Psicología. Y esto es muy importante en una sociedad como la nuestra, en la que «hablamos mucho de comida y le dedicamos mucho tiempo».

– ¿Eso está mal?

– No, es normal... El problema viene cuando nos obsesionamos.

Comer sano o preocuparse por comer sano está bien. Pero las alarmas saltan cuando lo queremos «controlar todo» y «tenemos miedo al descontrol», explica Vidal. Por tanto, pensar en la comida no debería angustiarnos. Lo que sí resulta más inquietante es pensar en la dieta, que es el escenario donde muchas veces situamos la idea de compensar una ingesta. Y aquí es donde ya no hablamos de un comportamiento saludable. Forma parte de un fenómeno que se llama cultura de la dieta, un sistema de creencias que se basa en que estar delgado es estar sano, en que es el camino hacia el éxito y que muchas veces demoniza las elecciones de comida hechas en base al placer.

En los últimos años, son muchos los nutricionistas que han abierto este melón y que se han posicionado como 'antidietas'. Esto no quiere decir que se pueda comer cualquier cosa, pero sí que no hace falta sufrir, que se puede (y se debe) disfrutar con la comida y, sobre todo, que la salud no depende exclusivamente de la talla.

¿Cuántas calorías quemamos....?

Bailando

ILUSTRACIONES: ÓSCAR DEL AMO

Además de un ejercicio divertido y que se puede practicar solo o en grupo, una sesión de baile puede llegar a quemar entre 150 y 300 calorías por cada 30 minutos.

Andar en bici

En este caso, depende también de la velocidad que cojamos en la carrera. Pero pedaleando a menos de 32 kilómetros por hora se queman 364 calorías por hora.

Pasear suave

Exactamente igual que en el caso de la bicicleta, cuánto quememos al caminar depende del ritmo que imprimamos a la marcha. Pero si se trata de un paseo suave, entre 60 y 150 calorías la hora. Si lo hacemos rápido, hasta 240.

Elíptica

Es una de las actividades preferidas de las personas que queman calorías en el gimnasio. Ejercitándonos en la elíptica se queman 455 calorías por hora.

Natación ligera

Aunque no sudemos porque estamos en el agua, la natación es un magnífico ejercicio quema calorías y se pueden gastar hasta 528 calorías por hora.

Senderismo

Un paseo por el monte con poca inclinación o por un sendero obliga a un esfuerzo físico mayor que el simple paseo suave. Con este ejercicio se queman 546 calorías por hora.

Barrer y fregar el suelo

Las tareas domésticas son uno de esos ejercicios con los que se queman calorías casi sin darse cuenta. En este caso, barrer y fregar la casa ayuda a quemar 110 calorías cada media hora.