Ilustración: Martí Ferrer

¿Qué se nos ha perdido en el campo?

El afán por regresar a lo natural y buscar un cambio de vida en el pueblo resurge con cada crisis. Quienes ya lo hicieron antes recomiendan, sobre todo, sopesarlo bien

Rocío Mendoza
ROCÍO MENDOZA Madrid

Pasadas dos semanas de la cuarentena del 2020, los habitantes de las ciudades empezaron a buscar casas de alquiler con terraza. Asfixiados, más que hogares, sus viviendas empezaron a antojárseles habitáculos antinatura. Con el paso de las semanas de excepción, presos de los horarios que limitaban sus movimientos, empezaron a barajar la posibilidad de mudarse al campo. Muchos eran los que soñaban con un pueblo solo para poder abrir la ventana por la mañana y respirar, cual María Ostiz en el 77. Sin vecinos ni mascarillas. Y comenzaron a buscarlo.

No es un cuento. Sucede ahora. El deseo de abrazar una vida más natural es un fenómeno que resurge con cada crisis. Desde la del mayo del 68 a la del ladrillo de 2008. Y esta, la del Covid-19, no iba a ser menos. El síndrome de 'lo dejo todo', también conocido como el de 'necesito un cambio radical en mi vida', se ha instalado ahora en la mente de muchas personas. Quizá desencantadas con su estilo de vida, quizá empujadas por la pérdida de empleo. Pero todas hartas de la urbe. ¿Es su caso? Antes de hacer las maletas y dar el paso, quienes ya lo hicieron antes, recomiendan ponerse las gafas de realidad. Por que un pueblo es más que la estampa idílica que hemos construido a base de libros y canciones. Un pueblo es…

¿Está dispuesto a tener médico uno o dos días a la semana como sucede en muchos lugares? La falta de servicios es la principal causa de abandono, junto con la falta de oportunidades

juan manuel polentinos | coceder

La pandemia ha descubierto a muchos que se puede estar bien y consumir menos de todo. Algo que saben bien en los pueblos. Pero, ¿seríamos capaces también de vivir con menos servicios? He aquí la prueba de fuego del cambio para la mayoría de la gente. «La realidad te pone en tu sitio en cuanto llegas», avisa Juan Manuel Polentinos, portavoz de la Confederación de Centros de Desarrollo Rural (Coceder), una de las cerca de 120 plataformas que trabajan para la repoblación del entorno rural y luchan por inversiones que lo dignifiquen.

La huida de habitantes de los pueblos es una constante. Actualmente, solo el 16,2% de la población española puebla el entorno rural, según datos del Ministerio de Agricultura y Pesca: 7,6 millones de personas repartidas en 6.676 municipios de menos de 10.000 habitantes. Y, en el último año, este grupo descendió un 10%, cifra en subida sin freno. Esto se traduce en menos inversión en infraestructuras. « La falta de servicios es, junto a las oportunidades laborales, la principal causa de abandono», apunta Polentinos. No todos los municipios tienen las mismas condiciones y, por ello, lo primero que se recomienda es establecer unas prioridades de necesidades y analizar si el destino las cubre y cómo. «¿Está dispuesto a tener médico uno o dos días a la semana como sucede en muchos lugares?», pregunta Polentinos.

Ramón Cano, presidente de la Asociación Española Contra la Despoblación, coincide en que lo primero es conocer muy bien las dotaciones. «En general, existe una falta de servicios en todos los aspectos que pensemos», reconoce. Las comunicaciones (un autobús al día), los colegios (a los que se llega en autobuses de ruta muchas veces)… «Hay que tener claro que te tienes que adaptar, si no entras en colapso psicológico», advierte Cano, quien conoce bien la aventura de emprender en un pueblo de 800 habitantes.

«La España vacía es la España de la desconexión. Hay pueblos, no ya que no tengan fibra, sino que no tienen ni buena señal móvil. Y es necesario para el trabajo, los negocios y para muchos aspectos de la vida diaria»

Ramón Cano | Asociación española contra la despoblación

Al hablar de las comunicaciones también se refiere a la conexión a Internet. Quizá este sea uno de los grandes retos de las políticas gubernamentales. «Hay 'neorrurales', como yo les llamo, que vienen al campo buscando una desconexión total, una estampa que se corresponde con la vida de ermitaño», se queja el portavoz de la citada asociación. Pero sin banda ancha no hay desarrollo de negocios, compras 'online' (alternativa a la falta de comercios), operaciones bancarias (ahora que se cierran oficinas) o, sin ir más lejos, el tan cacareado teletrabajo. «La España vacía es la España de la desconexión. Hay pueblos, no ya que no tengan fibra, sino que no tienen ni buena señal móvil», advierte Cano, quien ve en el teletrabajo fomentado por la pandemia «una oportunidad para la repoblación» de los pueblos. Realizar una consulta al mapa de conexiones (por cable o por satélite) se impone en un mundo que, también en los pueblos, es digital. Y no solo para jugar con las redes sociales.

«He vuelto a dormir y no enciendo ni la tele cuando llego del trabajo a casa por la noche. Tenemos médico y Cáceres está solo a 20 kilómetros. Espero acabar aquí mís días»

julián | beneficiario de la plataforma volveralpueblo.org

El empleo es el otro gran reto. El medio rural es atractivo para personas cuyo trabajo no les ata a una oficina. Pero también hay otras oportunidades. Polentinos señala como ejemplo a «los artesanos y productores del sector de la alimentación» como los más prometedores. Pequeños comercios, negocios de hostelería, despachos profesionales, servicios del hogar como carpinteros, mecánicos, etc. completan el listado de lo más demandado. Y es que no solo de turismo rural se vive en el campo.

«Una receta única no existe y, al igual que hay una gran diversidad de pueblos y costumbres, existe una gran variedad de oportunidades a desarrollar y explotar en cada municipio», cree Cano. La plataforma ' volveralpueblo.org' es una iniciativa de Coceder para la repoblación. A través de ella se anuncian ofertas de empleos, tierras o negocios que requieran de personal. Los interesados se apuntan para emprender el cambio, pero de la mano de la asociación, cuyos miembros hacen de cicerones.

Julián Reloba fue uno de los usuarios de esta plataforma. Tras 20 años viviendo en el pueblo madrileño de Valdemoro como transportista y montador de muebles, vio que en Santiago del Campo, un pueblo de Cáceres de 200 habitantes, necesitaban a una persona que regentase el Hogar del Pensionista (el único bar). Tras realizar varias entrevistas, no se lo pensó e hizo las maletas. Paga 150 euros de alquiler en una casa de 90 m2 y ha vuelto a dormir como un bendito. Ni enciende la tele. Para él, la falta de servicios no es problema. «Tenemos médico, y Cáceres está a 20 kilómetros», defiende con satisfacción sincera. «Espero acabar mis días aquí».

«Tenemos altibajos, pero la calidad de vida del pueblo no la cambiamos por la jaula de oro en la que vivíamos en Barcelona. Hemos elegido la austeridad para vivir con más libertad»

carlos blanco | maestro de almazara en oliete

A pesar de la larga lista de carencias, cuando se le pregunta a quienes viven en el campo por qué no lo dejan todos coinciden: por la calidad de vida. Para unos, como Reloba, es sencillamente «salud y tranquilidad». Polentinos destaca la seguridad. « Los niños crecen en los pueblos de otra forma. Viven sin miedos; no como en la ciudad. Todo es más relajado y esa libertad se les nota», explica. Es lo que, principalmente, buscaban quienes han tocado la puerta de su ONG últimamente. «En 2019 teníamos a 20 familias interesadas. Solo este fin de semana han llegado a contactar 74», detalla.

«Me he sentido más solo en la ciudad que en el refugio donde me instalé en la siberia extremeña para cuidar el rebaño de ovejas de mi madre. También tengo la sensación de haber hecho amigos de verdad»

gabi martínez | escritor y autor de 'un cambio de verdad'

Gabi Martínez es uno de los escritores que ha dejado plasmada su experiencia como pastor en la siberia extremeña tras abandonar Barcelona en su búsqueda personal de esencias que tenían que ver con su familia y con su amor a la Naturaleza. Si hay algo que este autor de viajes destaque de su 'cambio de verdad', como llama a su libro (Ed. Seix Barral) es la gente de los pueblos. Dice haberse sentido mucho más solo en la ciudad que en el refugio donde criaba las ovejas de su madre, donde tras meses de convivencia con los lugareños tuvo la sensación de haber hecho amigos para toda la vida. Muchos hablan del mito de que en los pueblos la convivencia estrecha puede llegar a asfixiar. Cano cree que es algo que se cumple y a lo que también hay que adaptarse. «Lo importante es llegar a los pueblos con humildad, no dar muchas lecciones y, sobre todo, entender que la gente hace las cosas de un modo por algo». Los usos y modos son diferentes y solo con el respeto se hace uno un hueco.

«Prefiero vivir de forma austera, pero con libertad»

La crisis del ladrillo dejó tocada a su empresa de metalistería. Tras echar el cierre, siguió de autónomo en Barcelona, donde vivía con su esposa y sus tres hijos en un piso de alquiler. El precio por vivir en la ciudad, «en un escaparate en el que no puedes participar» si eres de clase media baja, era demasiado caro. Y como tenían una casa de veraneo que compraron en Oliete (Teruel), y uno de los promotores de la iniciativa 'Apadrina un olivo' le había ofrecido trabajo alguna vez si se decidían a irse al pueblo, le tomó la palabra. Después de tres años en este municipio de 300 habitantes aragonés, es todo un maestro de almazara, cuyo aceite 'Mi olivo' ha ganado el premio al mejor del bajo Aragón, entre otros. Este es el resumen del cambio dado por Carlos Blanco y su familia, de la ciudad al pueblo. No piensa volver a la ciudad, «a la jaula de oro». Prefiere «vivir de forma austera», pero con la sensación de que no le falta nada. Reconoce que hay altibajos porque o se quedan aislados por la nieve o se quedan sin luz. Solo hay un bus al día y el pediatra está a 25 kilómetros. Pero no lo cambia. «Son cosas de pueblo», dice. La tranquilidad y la naturaleza compensan. Pero, sobre todo, la libertad. «Aunque horrorice a la gente de ciudad, a mi hija de 8 años ya ni le vemos el pelo. Era verdad aquello que nos contaban nuestros abuelos de los pueblos», ríe.