CARMEN CASADO

¿Usar y tirar? No. Usar y volver a usar

Cinco ejemplos de economía circular para alargar la vida de los productos y reducir el impacto ambiental

Gerardo Elorriaga
GERARDO ELORRIAGA

La materia no se crea ni se destruye, sólo se transforma y, a menudo, acaba en un vertedero o, desgraciadamente, en el fondo del océano. No se trata exactamente del postulado que defiende la ley de la conservación de la masa de Antoine Lavoisier, pero es que en el siglo XVIII, cuando vivió el padre de la química moderna, no existía el problema generado por la explotación masiva de recursos naturales y la generación de residuos de todo tipo. El sistema de producción parece insaciable y, con el cambio climático amenazando nuestra supervivencia, han surgido estrategias como la de la economía circular, que pretenden luchar contra este sistema. «Se trata de un modelo contrario al de la lineal, que se basa en fabricar, usar y tirar», explica Celia Ojeda, responsable de Ciudades y Consumo en la ONG Greenpeace. «El objetivo es que el producto tenga una vida más larga y que el residuo pueda recuperarse».

La teoría resulta atractiva, pero la práctica no cumple aún las expectativas. El horizonte de la reutilización aspira a alcanzar el 35% de la producción para el 2025, pero ahora no llega al 10% en nuestro país y en el caso del plástico, por ejemplo, no alcanza ni el 27%. «El planteamiento industrial no se ajusta al concepto porque una botella de este material apenas tiene durabilidad, se reconvierte tras un solo uso», indica, y explica que el reciclaje está lejos de suponer la panacea porque conlleva gasto de materiales vírgenes y energía. Además, habitualmente, esta tarea no la suelen asumir ni el productor ni el vendedor, sino otras empresas.

La búsqueda de beneficio, pues, impide trasformación. Ya que, económicamente, resulta más barato deshacerse del producto que gestionar el proceso que permita la recuperación del envase y su posterior rellenado. «Esta manera de producir es insostenible porque, a este ritmo, pronto necesitaremos otro planeta para esquilmarlo».

La búsqueda de alternativas a la economía lineal exige, a su juicio, apuestas por la reutilización, la slow fashion o medidas legales como la nueva normativa que incluye un índice de reparabilidad en los electrodomésticos y que se suma al ya implementado de eficiencia energética. «Se precisa un cambio global».

En este contexto, la economía circular sigue siendo hoy más una esperanza que una realidad, aunque ya en marcha iniciativas. Aquí van algunos ejemplos de esa idea económica de circularidad.

Encantado de comerte

Una aplicación contra el desperdicio de alimentos

Cada año 1.300 millones de kilos de alimentos acaban en la basura. Los promotores de la firma 'Encantado de comerte' descubrieron la existencia de este excedente en un país donde el 20% de su población se halla en riesgo de exclusión social y, por tanto, padece inseguridad alimentaria. «Descubrimos la paradoja y que faltaban herramientas para dar visibilidad al problema», explica Enrique de Miguel, uno de sus creadores. Tiendas y locales de hostelería son los principales causantes de esta pérdida, motivada por la caducidad de sus productos. La nueva empresa puso a su disposición una aplicación móvil en la que ofrecer aquellas existencias en riesgo de perderse. «Unos 250 comercios se han sumado y suben lotes genéricos con descuentos de más del 50% y su plazo para retirarlos».

El procedimiento es sencillo: los usuarios acceden a una oferta de verduras, fruta o panadería, ordenada por geolocalización. «Se paga a través de la 'app' y, con el comprobante de pago, retiras el producto, que, por supuesto, se halla en perfectas condiciones». La iniciativa se puso en marcha hace dos años en Madrid y Zaragoza, y ya se ha extendido a Santiago de Compostela, Logroño y Vitoria. Jóvenes familiarizados con las nuevas tecnologías y ONG vinculadas a familias en situación de riesgo han dado impulso al proyecto, que ya alcanza las 50.000 descargas y gestiona 30 toneladas de alimentos.

TuuuLibrería

Libros de mano en mano

Si un libro no se quedara indefinidamente en una estantería y circulase de mano en mano, se calcula que al menos 15 personas lo leerían. TuuuLibrería desea que los libros, como los gatos, tengan varias vidas. Alejandro de León es el fundador de esta tienda con ánimo social implantada en dos ubicaciones tan diferentes como son los barrios madrileños de Salamanca y Lavapiés. Nueve años después de abrir sus puertas, siguen satisfaciendo la demanda cultural de sus clientes y, además, han donado fondos a cien bibliotecas y a un hotel medicalizado durante la fase aguda de la pandemia.

Quienes se acerquen a sus repletos establecimientos accederán a una oferta clasificada por géneros y atendida por voluntarios duchos en todas las expresiones literarias. «Recibimos 700 libros cada día», explica Berta de León, su actual responsable.

Los compradores hacen una aportación voluntaria y no pueden llevarse más de siete obras. «Algunos vienen todos los días. No sé si son bibliófilos o es que los revenden en el Rastro», confiesa, pero advierte que a tosos los volúmenes se les pone un sello precisamente para evitar que se haga negocio con ellos.

Los ejemplares que llegan a la tienda son clasificados y los que llegan en mal estado son enviados a empresas de reciclaje. «No fue fácil tomar esta decisión porque nos parecía un sacrilegio, pero es parte de un proceso que contrarresta la demanda ingente de medios que requiere la industria editorial».

Ashes to Life

Cuando la cosmética es el Ave Fénix

El cambio climático, agudizado por la actividad productiva, aumenta la probabilidad de incendios forestales y también su intensidad. Alejandro de Antonio fue testigo de la pavorosa quema de un bosque malagueño y decidió buscar la manera de recuperar el entorno devastado. A partir de esta inquietud, este creativo publicitario formó un equipo integrado por ingenieros forestales, historiadores y restauradores de ecosistemas. «Descubrimos que, a veces, la ceniza retrasaba la recuperación de la masa forestal y hallamos documentación que demostraba el valor de estos residuos en la elaboración de jabón», recuerda.

Ambas evidencias dieron lugar a la puesta en marcha de un proyecto de alta cosmética. «No queríamos generar economía a partir de la catástrofe natural, por ello nos servimos de residuos como la cáscara de coco y la madera procedente de los trabajos de limpieza y poda controlada de montes gestionados de forma» indica el Co-fundador. La empresa también ha desarrollado un jabón exfoliante a partir del hueso de aceituna: «Se producen 450.000 toneladas anuales de este desecho, y es una alternativa ecológica a los microplásticos al ser biodegradable».

El desarrollo de un plan de investigación medioambiental constituye el fin social de Ashes to Life. «No buscamos plantar árboles, algo que hacen muchas marcas, porque es poco más que un lavado de cara, y su capacidad de salir adelante sin un apoyo continuado es muy reducida».

Ternua Group

Cáscaras de nuez como colorante

El uso de tejidos y materiales reciclados, biodegradables y orgánicos es la herramienta de la compañía guipuzcoana Ternua Group para ofrecer un producto más sostenible. «Empleamos tejidos de poliéster reciclado, algodón orgánico o las alternativas de origen natural como el tencel», explica Jokin Umerez, su director general.

El factor local es la base de sus propios proyectos de innovación tecnológica, al que dedican entre el 1% y el 2% de sus ventas netas. Y el arraigo local de las sidrerías da base, por ejemplo, a Colorcycle, una iniciativa que permite convertir las cáscaras de nuez, postre habitual de estos establecimientos, en colorante natural, un tinte biosintético con trazabilidad total. El vínculo con el mar explica Redcycle, que permite recoger y reciclar redes de pesca desechadas y convertirlas en prendas sostenibles añadiendo el nylon de moquetas también abandonadas. Esta estrategia se complementa con el proyecto Seacycle, impulsado por tres barcos pesqueros que recogen basura plástica y la mezclan con residuos procedentes del contenedor amarillo para conseguir tejidos de calidad. Por otro lado, las ovejas latxas, seña de identidad del paisaje local, constituyen también un problema en Euskadi porque su lana carece de uso comercial y no puede tirarse. Artileshell, otra propuesta de Ternua, convierte los desechos en un aislante natural de gran poder calorífico para prendas invernales.

Sheedo

Papel de usar y plantar

Querían darle una segunda vida al 'packaging' y han creado toda una metáfora de la economía circular. La idea de Gonzalo Mestre y Gala Freixa, estudiantes de Emprendimiento, se ha convertido en un negocio que apela al sentimiento ecológico de quienes reciben un regalo envuelto, la tarjeta de cumpleaños, el flyer o una acreditación, y es que, incrustada en su interior, existe una semilla que nos pide una oportunidad de germinar.

Sheedo, la empresa creada para impulsar este proyecto, no emplea celulosa ni químicos tóxicos, ahorra un 40% de agua sobre el procedimiento habitual y se nutre de residuos textiles elaborados con algodón. «El resultado es 100% orgánico», aduce la promotora, que también apunta al carácter artesanal del tratamiento.

Cuatro años después de ponerla en marcha, la firma ha sacado al mercado productos como un kit de siembra o bombones elaborados con tierra, arcilla y semillas, que no suben el nivel de glucosa porque están destinados a la plantación. Así que además del regalo de ese 'envoltorio' pronto saldrá una flor, un tomate o una zanahoria.