Fotolia

Cuatro formas de cuidar el agua

España hay poca y está entre las peores de Europa

Solange Vázquez
SOLANGE VÁZQUEZ

uando se tiene poco de algo, la lógica básica nos impulsa a protegerlo con especial celo. Sin embargo, lo que pasa en nuestro país con el agua va a contracorriente de esta máxima tan racional: tenemos un problema de disponibilidad de este recurso y, para colmo, contaminamos lo que hay con mucha alegría, como si nos sobrase. «Es algo típico de los climas mediterráneos, donde los meses en los que menos llueve coinciden con los de mayor temperatura y, para colmo, con la llegada de más turistas... Esto redunda en que falta agua y en que su calidad sea peor», resume Daniel González-Pérez, profesor de la Escuela Superior de Ingeniería y Tecnología y miembro del Grupo de Investigación Industria, Energía y Sostenibilidad de la Universidad Internacional de La Rioja.

Por ello, explica, «Europa ya nos ha dado 'toques' varias veces en los últimos años», aunque sin demasiado resultado. España suele ser el país que más expedientes acumula por la mala calidad del agua de toda la UE, solo por detrás del Reino Unido, algo que con el 'brexit' puede dejar a nuestro país ostentando el 'honor' del primer puesto. «La calidad del agua significa que sus propiedades físico-químicas no comprometan el desarrollo de ecosistemas, ni superen niveles máximos de ciertos compuestos, ni lleve tóxicos...», enumera el experto, también fundador y director de la consultoría Soluciones Ambientales y Tecnologías del Agua (SAYTA).

Se estima que el 40% de la contaminación del agua disponible se debe a estiércol y a los fertilizantes

¿Qué hace que el agua de nuestro entorno sea menos buena que en otros países? Además del clima mediterráneo que mencionábamos al principio y que es un factor inevitable, hay al menos dos razones importantes más que explican la situación.

La principal, indica González-Pérez, es la agricultura, con el uso extensivo y continuado de fertilizantes que acaban llegando a los ríos, a la costa y filtrándose a los acuíferos, depósitos subterráneos. Y también los residuos de la ganadería, concentrada cada vez más en macrogranjas. España es el máximo exportador de carne porcina de Europa, hay 30 millones de ejemplares. Y los cerdos, a diferencia de otros animales, generan heces semilíquidas (más que las vacas, desde luego) que se filtran más fácilmente a la tierra y de ahí a los acuíferos, que, aunque no se vean, son la reserva de gran parte de nuestros recursos hídricos. «En los últimos cinco años, según un inventario realizado por el Gobierno, han bajado las emisiones agrícolas, pero han subido las de la ganadería», informa. Tal y como recuerda González-Pérez, el 40% de la contaminación del agua disponible es por nitratos del estiércol y por los fertilizantes.

Además de la contaminación procedente del sector primario, la de las aguas urbanas también engorda el problema. Aunque se tratan en depuradoras, ciertas sustancias que excretamos y que se van por el baño acaban en la masa de agua. Y el modelo de masificación urbana de algunos puntos turísticos no ayudan.

- ¿Se puede hacer algo para preservar los escasos recursos que tenemos en el mejor estado posible?

- Sí, se puede –afirma González-Pérez–. Pasa por varias cosas a la vez, aunque hay unas soluciones que son básicas para empezar a mejorar.

1

Valorizar los subproductos de la agricultura

Se trata de aprovecharlo todo, como tradicionalmente se hacía. Por ejemplo, usar restos de productos agrícolas y compost como fertilizantes, hacer pellets para calefacciones con restos «por ejemplo de olivares», apunta el experto. Usar los residuos evita que aumente el consumo y la elaboración de productos que no solo generan contaminación para fabricarse, sino que al llegar al agua son menos dañinos que los químicos industriales, como pasa con los fertilizantes.

2

Tecnología punta

En el siglo XXI la agricultura ya no puede ser como hace siglos atrás. Contamos con una tecnología avanzada, ¿por qué no usarla para mejorar el medio ambiente? «Se pueden poner sensores en los campos que miden la humedad y la temperatura e, incluso, tienen en cuenta la predicción meteorológica y detectan el estrés hídrico de las plantas y la cantidad de agua y fertilizante que necesitan en cada momento de su crecimiento», señala. Esto permite gastar solo la cantidad necesaria de agua (ahorramos en recursos) y fertilizar únicamente lo necesario (contaminamos menos agua). «Así no vamos a cascoporro, es 'a la carta'», resume. También abogan los expertos por el uso de la inteligencia artificial que, por ejemplo, 'lucha' contra las plagas de manera mucho más eficiente, sin matar moscas a cañonazos.

3

Biotecnología

Gracias a la recombinación genética se puede apostar por cultivos que precisen menos agua, que se den en zonas secas y húmedas, que sean más resistentes a las plagas «e incluso usar microorganismos 'buenos' que vayan en la tierra y favorezcan la aceptación de nutrientes de la planta». «Por ejemplo, en Ámerica han buscado y hay miles de variedades de patata, cada cual buena para una zona. Y van seleccionando. Aquí tenemos muy pocas», añade el especialista en recursos hídricos. Es decir, hay que buscar.

4

Control de la producción

Se impone supervisar los procesos e impedir, por ejemplo, las grandes granjas, «donde se generan muchos residuos». La tierra tiene una gran capacidad para regenerar el agua, pero solo si la contaminación le llega de poco en poco. Pero con estas granjas donde los tóxicos de las heces –entre ellos, muchos medicamentos– salen por toneladas y de modo constante, la tierra absorbe todo y es incapaz de hacer limpieza. Hay que apostar por explotaciones más pequeñas. «Pero hacen trampa, si la ley establece requisitos y evaluaciones más duras a las granjas de más de 2.000 ejemplares, las montan de 1.900 y ya está, se libran de los controles más duros y eficaces», censura.