Adrià Voltà

Hay un hongo en su zapatilla

La industria busca tejidos alternativos libres de sufrimiento animal. Tras el maíz y la piña, el 'cuero de setas' atrae ahora a inversores y firmas

Rocío Mendoza
ROCÍO MENDOZA Madrid

Las setas son ricas en proteínas, minerales como el hierro y el calcio y tienen vitaminas B y C; son bajas en calorías, carbohidratos y grasas y algunas especies tienen la capacidad de reforzar el sistema inmunitario. Pero ahora, además de contribuir a mantener la salud de las personas, también están llamadas a hacer lo propio con la del planeta. Los hongos, o más concretamente sus raíces (los llamados micelios), constituyen la base principal de unos tejidos experimentales, con propiedades y apariencias similares al cuero, pero sin su poco ecológico proceso de producción.

Con estos nuevos materiales, una parte de la industria de la moda aspira a librarse del sambenito del sufrimiento animal y los procesos altamente contaminantes. Y es que son conscientes de que estos conceptos tienen cada vez menos cabida en los hábitos de consumo de las nuevas generaciones.

La historia de los tejidos a base de vegetales no es nueva. Por ejemplo, marcas españolas de moda ética y sostenible como Flamingos emplean los tejidos hechos a base de maíz para elaborar la 'piel vegetal' de sus zapatillas deportivas con relativo éxito. También existe otra experiencia exitosa en España, como es la de Piñatex, que emplea fibras de hojas de piña para elaborar algo parecido a una piel vegana. Hasta las hay con base de cactus.

Una mezcla poco saludable

En el caso de los hongos, hasta ahora la piel desarrollada con sus raíces ha sido tradicionalmente mezclada con poliéster para dotarlas de flexibilidad e impermeabilidad. María Cano, creadora de la marca vegana Canussa y miembro de la Asociación Española de Moda Ética y Sostenible, pone el acento sobre esto último. «Hay que ser cautos con este tipo de materiales porque uno de los grandes inconvenientes que tiene la piel fabricada con hongos es que es muy rígida, y para darle propiedades que permitan trabajar con ellas se le añade un porcentaje de derivados del plástico, con lo que, al final, no estamos hablando de algo realmente sostenible», advierte la empresaria experta en el sector de la moda sostenible.

También se pregunta sobre la durabilidad y la calidad de estos tejidos experimentales. «Mi obsesión es que la cartera o los zapatos duren; si de por sí son productos caros por sus estándares de producción tan exigentes y al poco tiempo se estropean, el consumidor no va a apostar por ellos», señala Cano, quien suele apostar por las pieles sintéticas de origen reciclado, aunque también ha hecho productos con piel vegetal, como las últimas 'bailarinas de maíz' puestas a la venta de la mano de El Naturalista.

Esta era la realidad hasta ahora, pero la biotecnología y un consorcio de diseñadores y marcas internacionales de renombre se han aliado para dar un paso más allá en la investigación de las posibilidades de los micelios para crear lo que, dicen, será el cuero del futuro. Y a tenor de la inversiones millonarias que han logrado para seguir adelante con la fabricación de estos tejidos, parece que la cosa va en serio.

Actualmente, existen dos nombres propios de referencia moviendo los hilos de esta nueva piel a la que, por cierto, no quieren denominar 'cuero vegano' para distinguirse de las soluciones ya existentes que mezclan la pasta de micelio prensado con materiales plásticos como citaba Cano. Son la compañía MycoWorks, autor del tejido bautizado con el nombre de Reishi, y Bolt Threads, creadores de la tela Mylos.

Contexto

45 millones

Más caros

45 millones de dólares es la cifra que ha recibido la empresa MycoWorks para avanzar con la fabricación de su tejido basado en los micelios con la ampliación de una fábrica en California. Para su fundación en 2013 contó con 60 millones.El proceso de crecimiento del tejido de MycoWorks –el Reishi– es simple y económico, pero el coste de las láminas es aún más alto que el del cuero clásico. Se reduciría a medida que aumente la producción. En la imagen, un bolso creado en colaboración con Hermes.

Planchas

Biotecnología textil

60x90 miden las bandejas en las que crecen los micelios de los hongos, que cuentan con una mezcla de gas y de sustrato adecuados. Estas permiten que los hongos no crezcan de forma incontrolada, sin forma. Con el Reishi, sus creadores aseguran haber eliminado del uso de metales pesados, del plástico, que ha estado presente en algunos otros materiales 'alternativos al cuero', lo que le restaría sostenibilidad.

Mylos

Menos químicos

En comparación con las pieles de animales, que consumen cantidades importantes de recursos naturales en el año que tardan en producirse, los textiles a base de micelio contienen menos petroquímicos. Dos semanas es lo que se tarda en cultivar una alfombra espumosa que luego se puede terminar en una variedad de patrones, colores y texturas y que es la base de Mylos, el tejido de Bolt Threads, que aún no se comercializa.

Firmas de lujo

La primera prenda

En 2017, la diseñadora Stella McCartney desarrolló la bolsa Falabella, también realizada a base de hongos, que se estrenó un año después en la exposición V&A Fashioned from Nature. Esta figura de la moda, caracterizada por su compromiso con el medioambiente en sus creaciones, lazó el mes pasado las primeras prendas de Mylo, un top negro entallado, con escote palabra de honor, y un pantalón con superposiciones.

Los primeros se presentan como «una empresa de biotecnología fundada por artistas con la misión de crear una plataforma para materiales de la más alta calidad utilizando Fine Mycelium». Tras más de dos décadas de investigación, han creado lo que denominan « una nueva clase de material premium no animal que son la próxima evolución en micelio». El consorcio de marcas que contribuyen a su evolución no ha sido dado a conocer, pero que tienen como cara visible a la marca de lujo Hermes. Uno de sus icónicos bolsos está realizado íntegramente con este nuevo material.

La gran aportación de esta empresa es que ha logrado afinar en el proceso de producción. Uno de los grandes handicaps del uso de los micelios para la fabricación es el crecimiento descontrolado, con formas antojadizas, que este tiene. No obstante, la citada empresa americana ha patentado unas bandejas en las que crecen las raíces de los hongos (alimentados con una mezcla de gas y sustrato) para dar lugar a una plancha fina de su tejido, lo que, en teoría, otorga más facilidad y adaptación en su fabricación. No solo sus creadores están convencidos de sus posibilidades: el pasado mes de diciembre cerraron una ronda de inversión de 45 millones de dólares para promover la creación de una nueva fábrica en California.

Desde esta ciudad son trasladadas las finas láminas de cuero de micelios para ser curtidas, como si de la piel tradicional se tratase, por una empresa tradicional española, Curtidos Badia. «Sus procesos innovadores, su dedicación a la reducción de desperdicios y su filosofía de calidad han establecido un nuevo estándar en la industria del cuero. Su experiencia ha sido fundamental para dar forma al Reishi en el material que es hoy», dicen desde la citada compañía.

Mylos, por su parte, tiene mayor presencia mediática. El acontecimiento más reciente que ha tenido este tejido es formar parte de una zapatilla de Adidas que lleva su nombre. Eso sí, la tela solo está presente en las rayas características de la marca y la lengüeta superpuesta en el talón. Desde Adidas, que lanzó el modelo a finales del pasado abril aunque aún no se sabe ni el precio ni la fecha de su comercialización, dicen que es «un gesto de compromiso». Como esta, muchas otras marcas que no merecen el calificativo de sostenibles o ecológicas, incluyen algunos modelos con estándares verdes para adaptar su imagen a las preferencias de las nuevas generaciones.

Mientras el cambio llega, lo cierto es que Mylo cuenta con el apoyo de un consorcio de firmas de renombre, desde Lululemon y Kering (el grupo de lujo francés detrás de Yves Saint Laurent y Gucci) a Stella McCartney. De la mano de esta diseñadora se presentó al mundo hace un mes la primera prenda hecha con este tejido, que iba colocado sobre un equipo de buceo de nailon reciclado.

La fibra de las hojas de piña, base de Piñatex. / Ananás-Anam

Un tejido vegetal a base de piña, candidato a invento del año

¿Qué pueden tener en común una chaqueta vintage con apliques de piel de H&M, una zapatilla deportiva de vestir de Hugo Boss y los asientos de los taburetes de la barra del la cadena de hoteles Hilton en Estados Unidos? El curioso tejido que ha sido empleado para su frabricación; el Piñatex. Este es el nombre con el que Carmen Hinojosa (Asturias, 1952) bautizó a su cuero vegetal, una alternativa natural, vegana y sostenible a la piel tradicional. El tejido, que se puede teñir, de textura algo rugosa y con cuerpo (tiene un aspecto algo rígido), está fabricado a base de hojas de piña, que son recogidas y tratadas en plantaciones de comunidades locales Filipinas. Su compañía, cuyo nombres es Ananas-Anam, extrae con máquinas semiautomáticas las fibras de las hojas de la piña que se desechan agrupadas en manojos, con lo que también tiene una parte activa en la reutilización de los residuos. Las fibras se lavan y luego se secan de forma natural al sol o en hornos de secado si es temporada de lluvias. Las fibras secas pasan por un proceso de purificación para eliminar las impurezas, lo que da como resultado un material similar a una pelusa. Esta última (PALF) se mezcla con un ácido poliláctico (PLA) a base de maíz y se somete a un proceso mecánico para crear Piñafelt, una malla no tejida que forma la base de todas las colecciones de Piñatex. Los rollos de Piñafelt se envían luego en barco desde Filipinas a España para un acabado especializado. El Piñafelt se colorea con pigmentos certificados GOTS y se aplica una capa superior de resina para brindar resistencia, durabilidad e impermeabilidad. Con el resultado se pueden fabricar prendas de ropa, de cazadoras a faldas, zapatos, complementos (bolsos, carteras, correas de relojes, tapas de agendas, etc.) y esa parte del mobiliario, como las sillas, que necesitan ser tapizadas. Creca de mil marcas han empleado este tejido para sus creaciones. Tras 25 años invertidos en desarrollar este tejido alternativo, Hinojosa es uno de los 22 candidatos (solo dos mujeres entre ellos), al premio European Inventor Award 2021 que cada año convoca la Oficina de Patentes europea.