Ilustración: Gustavo Magalhaes / Artistique Int. Agency

Esas canciones que se parecen demasiado

¿Es posible componer un tema de pop o rock que no recuerde a ningún otro? «Existe una delgada línea entre el aire de familiaridad y el plagio», alertan los expertos

Carlos Benito
CARLOS BENITO

Hay muchas canciones parecidas. Y también hay una buena cantidad de canciones 'demasiado' parecidas. El plagio musical es un asunto judicialmente volátil: a veces, las sentencias establecen que ha habido copia entre dos composiciones que, a oídos profanos, no suenan tan similares, mientras que en otras ocasiones no ven culpa en casos que parecen obvios, flagrantes, diáfanos para cualquiera que se haya molestado en escuchar ambos temas. Las alertas saltan a menudo. Citemos dos ejemplos recientes que han llegado a los medios generalistas. En marzo, el grupo italiano Måneskin ganó Eurovisión con 'Zitti e buoni', para sorpresa de un músico holandés que estaba viendo la tele y reconoció el riff que él mismo había grabado a principios de los 90 en la canción 'You Want It, You've Got It', de su banda The Vendettas. Los riffs (esas breves frases musicales, habitualmente de guitarra, que definen una canción de rock) son terreno abonado para las semejanzas sospechosas: a la artista estadounidense de 18 años Olivia Rodrigo, una de las grandes revelaciones comerciales de este año, le han llovido las críticas por el parecido entre el riff de 'Brutal', el tema que abre su álbum de debut, y el clásico nuevaolero de Elvis Costello 'Pump It Up'.

Lo curioso es que, en este segundo caso, el propio Costello ha intervenido públicamente para disculpar a la 'acusada'. «Así funciona el rock and roll –ha afirmado–. Tomas los pedazos rotos de otra emoción y construyes un juguete nuevo. Yo así lo hice». Es un argumento que habitualmente esgrimen los que copian, no los copiados: el rock, y la música popular en general, se basarían en buena medida en lo que podríamos llamar las 'versiones creativas', adaptaciones más o menos camufladas de motivos preexistentes, y su historia se podría escribir como una larga cadena de citas y préstamos. «El propio Costello sería un buen ejemplo. En las reediciones de sus discos no ha tenido ningún empacho en reconocer de dónde le había venido la 'inspiración' en muchos casos. Hay una historia muy buena: una noche, en una de esas escasas conversaciones que Bob Dylan mantiene muy de vez en cuando con algunos escogidos mortales, Elvis Costello escuchó como el músico de Minnesota criticaba que U2 hubieran plagiado en su tema 'Get on Your Boots' la canción 'Pump It Up' de Costello. Este lo miró desconcertado, sorprendido de que Dylan no se hubiese dado cuenta de que 'Pump It Up' había tomado buena parte de su estructura del 'Subterranean Homesick Blues' del propio Dylan. ¿O tal vez sí se había dado cuenta y era una indirecta?», relata el periodista musical Xavier Valiño, que en la web Similar Rock documenta más de mil quinientos ejemplos de canciones que se parecen más de la cuenta.

La ventana de Beethoven

A ese argumento recurrente se suma otro: a estas alturas de la historia, dentro de la combinatoria limitada que impone la vocación comercial del pop, resultaría cada vez más difícil escribir un tema que no recuerde a ningún otro. «Evidentemente, cada día que pasa se componen nuevas canciones que, sumadas a las anteriores, hacen que sea más difícil llegar con algo nuevo. Y para un creador es imposible conocer toda la música compuesta y grabada con anterioridad. Las coincidencias sin más se dan, las similitudes inconscientes creadas a partir de algo que está guardado en el fondo de la mente, también. Pero tampoco hay dudas de que otros muchos de esos parecidos que podríamos llamar razonables son directamente plagios», argumenta Valiño. Al fin y al cabo, el plagio es algo que ya sufría Beethoven: según se cuenta, había compositores mediocres que se sentaban cerca de su ventana para cazar al vuelo alguna muestra de genio y trasladarla a sus propios pentagramas.

El profesor Miguel Ángel Marín, de la Universidad de La Rioja, lleva años haciendo peritaje musicológico en conflictos de propiedad intelectual y puntualiza que, para estar protegida según las convenciones internacionales, una obra musical debe tener elementos que sean lo suficientemente originales. «Solo si se da esta circunstancia debe aplicarse la protección. La cuestión crítica en el caso del pop es que el umbral creativo de muchas obras es extraordinariamente bajo y hay una fuerte tendencia a repetir un número muy reducido de elementos técnicos: melodías parecidas, mismas secuencias armónicas, idéntica instrumentación, ritmos estandarizados… El resultado de esta práctica creativa tan empobrecida es que, con frecuencia, las canciones de pop no muestran una aportación suficientemente original que merezca protección legal, porque en su esencia usan elementos musicales ya establecidos».

¿Cómo ve él lo de la dificultad de dar con alguna fórmula que resulte novedosa? «El lenguaje de la música tiene posibilidades casi infinitas para la creación. También en el pop y otros géneros de consumo de masas vemos ejemplos de canciones pegadizas que tienen un toque de originalidad, dentro del estándar creativo generalmente bajo. El problema es doble. Por un lado, las dinámicas de mercado premian las canciones que suenan más o menos igual: una obra excesivamente original es difícil que consiga mucha difusión, lo cual frena la creatividad de los autores. Por otro lado, como consecuencia de esto, el autor de música pop trata de reproducir la fórmula de éxito de una canción anterior y busca un aire de familiaridad con las canciones más populares. Del aire de familiaridad al plagio hay una línea muy delgada que se puede pasar casi sin darse cuenta», alerta Marín.

Del mismo modo que es fácil traspasar esa frontera, resulta bastante complicado demostrar después que realmente se ha producido una transgresión, es decir, que se ha copiado un elemento sustancial de otra canción y que ese elemento merecía protección por su originalidad. Hay casos que han acabado en la cuneta, de hecho, porque existía un tema todavía más antiguo que también se parecía al supuestamente plagiado: uno muy llamativo es la demanda de Al Bano contra Michael Jackson por la similitud abrumadora entre 'I cigni di Balaka' y 'Will You Be There', que se quedó en nada porque había un viejo clásico de The Ink Spots al que se parecían –relativamente– ambos. Este tipo de eslabones previos aparecen a menudo: el riff de guitarra de 'Come As You Are', de Nirvana, es prácticamente clavado al de 'Eighties', de Killing Joke, pero resulta que este se parece mucho, muchísimo, al de 'Life Goes On' de The Damned. Y resulta un juego muy entretenido rastrear todas las canciones a las que se asemeja el 'Should I Stay or Should I Go' de The Clash.

Hay calcos realizados con desfachatez (por ejemplo, el 'Dejad que las niñas se acerquen a mí' de Hombres G básicamente es el 'Don't Worry Baby' de The Beach Boys) y también otros que obligan a fijarse algo más: es el caso del 'Come Together' de los Beatles, una interpretación decelerada del 'You Can't Catch Me' de Chuck Berry (el conflicto se arregló fuera de los tribunales), o el de la ganadora israelí de Eurovisión de hace tres años, 'Toy', y su referencia al famosísimo 'Seven Nation Army' de White Stripes (la discográfica aceptó reconocer la coautoría). En algunos parecidos, resulta difícil creer que los autores no se diesen cuenta en su momento: ¿acaso no cayeron U2 en que el principal gancho melódico de su 'Beautiful Day' remitía directamente al 'The Sun Always Shines On T.V.' de A-ha, número uno en Irlanda y el Reino Unido, con una cercanía que después han admitido tocándolas juntas a modo de 'medley'? Y, por supuesto, existen auténticos virtuosos en esto de la inspiración sin prejuicios, como Oasis o Led Zeppelin, cuyas discografías están repletas de ecos más o menos obvios.

Audacia por el morro

¿Cuáles son los ejemplos favoritos de Xavier Valiño, de ese repertorio de millar y medio que sigue ampliando sin descanso? «¡Qué difícil! Vamos allá. El primero, uno de los más recientes que he añadido. Un amigo me avisó hace unos días de que una canción de Chuck Berry cantada en español le sonaba mucho a una mexicana con la que trabajaba. Efectivamente, Berry copió en su 'The Song of My Love' el clásico 'La feria de las flores' de Chucho Monge, tanto letra como música, y, tan pancho él, la firmó como propia. El segundo es tal vez el plagio más conocido, el de George Harrison a The Chiffons, sobre todo porque estuvo ventilándose en los juzgados durante muchos años y con algunos giros que ni el mejor guionista se habría podido inventar. Y uno español: Burning fusilaron en 'Es especial' la canción 'Give Him a Great Big Kiss' que habían dado a conocer The Shangri-Las».

Según recoge el libro 'Burning, veneno del rock', el grupo madrileño la grabó como su particular versión de la interpretación fresca y desenfadada que había hecho de ella Johnny Thunders, pero no dieron con el autor original para acreditarla y, en fin, fue la compañía quien se la atribuyó a ellos sin su conocimiento: «Para otros –apunta el volumen–, esto es una explicación castiza de lo que fue un simple plagio, una audacia por el morro por parte de los Burning».

Repasemos otros cinco casos clásicos de canciones con mucho en común, acompañados por vídeos en los que los temas se mezclan.

Vanilla Ice

Su éxito 'Ice Ice Baby' repetía una y otra vez la inconfundible línea de bajo del 'Under Pressure' de Queen y David Bowie, sin acreditarlos. El conflicto se resolvió con un acuerdo extrajudicial. Para redondear el asunto, la otra cara del single era una versión de 'Play That Funky Music', de Wild Cherry, también sin acreditar, y por ella Ice fue condenado a pagar medio millón de dólares.

Radiohead

'Creep' se basaba más de lo debido en 'The Air That I Breathe', que The Hollies llevaron al éxito en 1974. Se presentó una demanda y los autores de este tema, Albert Hammond y Mike Hazlewood, acabaron incluidos entre los autores. Años después, Radiohead exigieron compensaciones a Lana del Rey por el parecido de su canción 'Get Free' con 'Creep'.

The Verve

Licenciaron para su hit 'Bitter Sweet Symphony' un 'sample' de la canción 'The Last Time', de The Rolling Stones, en la versión de The Andrew Oldham Orchestra, y la repetición de ese fragmento acabó 'siendo' la canción. Jagger y Richards terminaron como autores aunque en su original no aparecían esas cuerdas de Oldham, que también presentó su propia demanda.

Robin Thicke y Pharrell Williams

Su tema 'Blurred Lines' aspiraba a capturar «ese sentimiento setentero» del tema 'Got to Give It Up' de Marvin Gaye, pero se les fue la mano. Una sentencia les obligó a indemnizar con 7,4 millones de dólares a los herederos de Gaye, aunque la cifra se redujo más tarde a 5,3 millones.

John Fogerty

Le acusaron de copiarse a sí mismo. La editora de su banda Creedence Clearwater Revival le demandó (sin éxito) porque su tema en solitario 'The Old Man Down The Road' recordaba demasiado al 'Run Through The Jungle' del grupo. Fogerty, guitarra en ristre, explicó al tribunal que claro que se parecían, ¡las dos eran «rock del pantano»!