MIKEL CASAL

¿Qué tiene esa canción que me hace llorar?

La música evoca emociones, y nos arrancará lágrimas, miedo o una sonrisa dependiendo en gran medida de la personalidad de cada individuo, de sus vivencias

Isabel Ibáñez
ISABEL IBÁÑEZ

No puedo escuchar tanto a Wagner, ¿sabes? Me dan ganas de invadir Polonia», bromeaba Woody Allen en 'Misterioso asesinato en Manhattan'. ¿Cómo es posible que la música pueda generar tantas emociones distintas y tan potentes, muchas veces sin letra, sin una cara que transmita...? Pruebe, por ejemplo, con el Valse op. 65 nº6 de Prokofiev. Es muy posible que le ponga la carne de gallina, y son solo notas musicales más silencios, un ritmo, tonos y modos, cadencias, el timbre del instrumento y su sonoridad... O con un tema que afecta al parecer de la misma manera a un buen número de personas, el 'Someone Like You' de Adele... Dicen que hace llorar a diestra y siniestra. Algo intangible y que no vemos es capaz de causar en nosotros reacciones diversas, incluso más que la pintura, tanto como una película o una obra de teatro, que sí cuentan con componentes con los que, en teoría, es más fácil llegar a emocionar...

El doctor en comunicación, ingeniero y músico Jordi A. Jauset ha escrito, entre otros, los libros 'Pero… ¿qué le hace la música a mi cerebro? (ed. Letrame) y 'Cerebro y música, una pareja saludable' (ed. Círculo Rojo): «Más que transmitir emociones, la música, como estímulo emocional, las 'evoca' –explica–, y sus efectos dependerán, entre otros, de la personalidad moldeada a través de los años por sus vivencias. El resultado de los estímulos sonoro-musicales, es decir, de la interacción música-cerebro, depende, por una parte, de los elementos o parámetros musicales –ritmo, armonía, melodía, dinámica, tempo…– y, por otra, de las características que nos aportan identidad como individuos: las experiencias, recuerdos, expectativas, entorno cultural, vivencias, formación musical…».

«Aquella canción que me gusta afectará a mi sistema de recompensa, desearé escucharla más y puede erizarme el vello»

Jordi A. Jauset

«Si nuestra cultura relaciona un entierro o una boda con un determinado género musical crearemos un vínculo entre él y la alegría o la tristeza»

Por este motivo, considera el divulgador científico que el efecto que nos causa la música debería analizarse individualmente, «aunque estadísticamente puedan establecerse conclusiones grupales considerando determinadas variables que pueden ser controladas, como la cultura, la edad, la formación…». Pone como ejemplo la eterna cuestión de si podemos o no estudiar escuchando música: «No puede darse una respuesta concreta, pues depende de la persona e incluso del momento, del estado cognitivo y emocional». Cita otro ejemplo, la 'Marcha Radetzki' de Johann Strauss, que se acompaña con palmas en el tradicional Concierto de Año Nuevo celebrado en Viena: «Fue compuesta con parámetros musicales que expresan alegría para exaltar la victoria de una batalla, pero puede llegar a entristecer a algunas personas».

Modo supervivencia

El sistema auditivo es el sentido que procesa la información más rápidamente, frente, por ejemplo, al visual, informa Jauset. «Posiblemente una de las razones es filogenética, pues ancestralmente actuaba como sistema de alarma ante sonidos que podían interpretarse como peligros que acechaban y que requerían respuestas rápidas por motivos de supervivencia». Asevera que la comunidad científica coincide en que «la música es, de todas las artes, la que demanda más recursos cognitivos. Solamente escuchando una pieza musical, nuestro cerebro activa también áreas motoras, aunque estemos sentados cómodamente en un sofá. Hay gran cantidad de áreas que se activan ante cualquier actividad musical, ya sea simplemente la escucha, danza, canto, interpretación... Aunque en unas más que en otras».

En 1991, el psicólogo John Sloboda, de la Universidad británica de Keele, pidió a 83 voluntarios que escucharan pasajes musicales e identificaran sus reacciones físicas (lágrimas, nudo en la garganta, piel de gallina, risas...). Más del 80% dijeron haber sentido diversas emociones. Y en el caso del llanto, o similares, estaba ligado a momentos de la canción que contenían un elemento musical llamado 'apoyatura', una nota que no pertenece al acorde que está sonando y que genera cierta disonancia y por tanto sorpresa y tensión, que se resuelve cuando la melodía retorna a lo esperado, a eso que el oyente aguarda según su experiencia musical. El experto concluyó que cuando una canción utiliza varias apoyaturas, como el citado tema de Adele, el oyente entra en un ciclo de tensión y liberación que puede provocar escalofríos o lágrimas.

– Una melodía puede ser tan bella que nos haga llorar, y no porque sea triste. Aparte de en la apoyatura, ¿en qué elementos musicales reside ese poder?

El que más parece afectar es la parte melódica, con la voz, su prosodia o entonación. Y las expectativas generadas, es decir, lo que esperamos que venga a continuación, influyen en la liberación de mayores niveles de neurotransmisores –como la dopamina–, que están correlacionados con nuestro estado emocional, provocando incluso los denominados 'escalofríos musicales'. Así, aquella canción que me gusta y me place, afectará a mi sistema de recompensa, desearé escucharla más veces, y puede llegar a erizarme los pelos de la piel aumentando hasta un 6% los niveles de dopamina. Los escalofríos que reflejan momentos emocionales intensos están asociados a la liberación de esa sustancia, que, en sujetos sanos, potencia el estado de alerta, la velocidad de proceso de información, la atención, la memoria y el funcionamiento cognitivo global.

El símbolo nazi

–Y podemos llorar por varios motivos...

– Por placer, alegría, melancolía, pena... Las lágrimas procedentes de una emoción alegre provocada por una obra musical pueden ser una consecuencia derivada de lo anterior, del placer musical, que cada persona experimentará de forma distinta. Y, en algunas, podrá estimular el llanto.

–¿A cada tipo de música le corresponde una emoción? Un himno nacional, el reggae, una sonata clásica, el dodecafonismo, el heavy, el son cubano...

– El compositor puede intentar transmitir determinadas emociones en sus obras pero las que finalmente experimentará la audiencia serán el resultado de la interacción de la interpretación musical, nuestros gustos o características y el conocimiento o no de la obra musical, el entorno en el que nos encontremos –un auditorio, con o sin amigos, el salón de mi casa–, mi estado cognitivo y emocional... Por otra parte, si nuestro entorno cultural estipula que circunstancias alegres o tristes, por ejemplo, bodas o funerales, se acompañen con un género musical específico, crearemos un vínculo con las emociones de alegría o tristeza. Pero, en la cultura occidental, las tonalidades menores tienden a correlacionarse con melancolía, tristeza… mientras que en otras culturas muy distintas no es así. Ocurre algo similar a los colores: el negro es el luto en Occidente, mientras que en Oriente es el blanco. Si nos referimos a determinadas culturas, sí se pueden establecer, estadísticamente, correlaciones entre géneros musicales y estados emocionales, considerando diversas variables como la edad, formación musical o no, y experiencias personales.

– ¿Y Wagner y las ganas de invadir Polonia que le entraban a Woody Allen?

– Hitler era un apasionado de sus óperas y lo vinculó como símbolo musical nazi, por determinadas ideas que había manifestado el propio compositor. Si desconocemos la obra de Wagner y solo consideramos la propaganda nazi, posiblemente establezcamos el vínculo con 'invadir Polonia'. Pero si apreciamos, como músicos, toda su obra, valoraremos de forma distinta lo que expresaba su música.

El miedo de 'Psicosis' y la energía de 'Las cuatro estaciones'

Investigadores de la Universidad de California, en Berkley, sometieron el año pasado a más de dos mil personas, repartidas entre EE UU y China, a la escucha de otros tantos temas musicales y les preguntaron qué emoción les evocaba, logrando identificar 13 experiencias subjetivas en las que personas de culturas tan diferentes coincidían: divertido, molesto, ansioso (o tenso), hermoso, tranquilo (o relajante o sereno), soñador, energizante, erótico (o sensual), indignado (o desafiante), alegre, triste (o deprimente), aterrador (o temeroso) y triunfante (o heroico).

El resultado es un espectacular mapa musical de emociones que puede verse y escucharse aquí. 'Las cuatro estaciones' de Vivaldi consiguió que la gente se llenara de energía, The Clash les animó con 'Rock the Casbah', 'Let's Stay Together' de Al Green evocó erotismo y sensualidad para una mayoría y 'Somewhere Over the Rainbow' cantada por Israel Kamakawiwo'ole les puso alegres. Algunas canciones de heavy metal fueron vistas como desafiantes y la música de la escena de la ducha de 'Psicosis' provocó miedo, tal como esperaba su autor, Bernard Herrmann.

Los investigadores quisieron asegurarse de que los participantes experimentaban las mismas emociones siendo de entornos tan diferentes, es decir, eliminar los prejuicios culturales, y para ello, les hicieron escuchar músicas instrumentales tradicionales de ambos países, llegando a la conclusión de que les hacían sentir lo mismo. «La música es un lenguaje universal, aunque no siempre prestamos suficiente atención a lo que dice y cómo se entiende», señaló el estudiante de doctorado Alan Cowen, uno de los autores del informe, liderado por el profesor Dacher Keltner: «Imagina organizar una biblioteca de música enormemente ecléctica por emoción y capturar la combinación de sentimientos asociados con cada pista. Eso es esencialmente lo que ha hecho nuestro estudio».