S. I. B.

La soledad en datos: una de cada diez personas se siente sola en España

Mientras la revolución tecnológica enraiza en la sociedad, el número de hogares unipersonales crecerá hasta un 29,8% en quince años

Antonio Paniagua
ANTONIO PANIAGUA

No es lo mismo estar solo que sentirse solo. La soledad elegida puede ser enriquecedora, pero la impuesta es un enorme problema en las sociedades actuales. Por algo se le llama ya la epidemia del siglo XXI. El aumento de la esperanza de vida, el cambio en los modelos familiares, una organización diferente del uso del tiempo e incluso la transformación de los modelos de vivienda hacen que el aislamiento social estreche el cerco. Las proyecciones del Instituto Nacional de Estadística (INE) hablan de que en los próximos 15 años los hogares unipersonales son los que más crecerán, hasta representar el 29,8%, cuando ahora suponen tres puntos menos.

En 2037, uno de cada tres hogares acogerá a alguien solo. No es una cifra pequeña: 6,5 millones de personas no tendrán durante mucho tiempo alguien con quien hablar. Según un estudio de la Comisión Europea, las personas con mala salud, los desempleados y las que tienen bajos ingresos son más propensos a sufrir la acechanza de la soledad. No en vano, una de cada diez personas se siente sola la mitad de su tiempo, lo que a la larga se traduce en un deterioro de su salud mental y física, algo que puede debilitar por añadidura la cohesión social.

El 11,6% de los españoles se ha sentido solos, conforme al estudio citado de la Comisión Europea, si bien esta sensación se incrementó con la pandemia, especialmente entre junio y abril de 2020, periodo en el que se encaramó a un 18,8%. Es un problema internacional que no se ciñe a un solo país. Por delante de los españoles, este desamparo también cala entre los griegos (20,8%), rumanos (16,9%), belgas (16%), húngaros (14,3%) o franceses (14,2%).

El desasosiego de los españoles tiene que ver con la destrucción de vínculos familiares, una tendencia a la que han contribuido el cada vez más pequeño tamaño de los hogares, lo que es reflejo del aumento de divorcios y un número cada vez más reducido de hijos. Si bien sigue siendo hegemónico el hogar compuesto por dos personas, el unipersonal representa ya el 26,1%, aunque la población apenas engrosa el 10,4%. A este respecto, las comunidades con mayor porcentaje de hogares unipersonales son Asturias (31,0%), Castilla y León (30,2%) y La Rioja (28,9%), mientras que las menores proporciones en este apartado son las ciudades autónomas de Melilla (18,9%) y Ceuta (20,9%), además de Murcia (21,6%).

Hogares unipersonales en España entre 2002 y 2037

< 25% 25-30% 30-35% ≥ 35% 

No solamente se sienten solas las personas mayores, los divorciados o los viudos. También sienten el mordisco del aislamiento los inmigrantes, que a veces afrontan problemas de salud sin compañía, además de que su ocio se ve mermado por menores posibilidades económicas. Hay que tener en cuenta que el proceso migratorio en sí ya implica la existencia de numerosas barreras para establecer nuevas relaciones y conexiones en el país de acogida.

Vivir de recuerdos

A la luz de los datos de los datos del INE, el grupo de varones menores de 65 años es el más abultado y representa el 33% de los hogares unipersonales. Le siguen las mujeres mayores de 65 años, que suponen un 31% de los hogares, las menores de 65 años (23%) y los hombres mayores de 65 años (13%). Con los años se llega a esa edad en que se vive primordialmente de recuerdos y más que vivir el momento se mata el tiempo.

Es durante la vejez cuando surgen con mayor crudeza ese sentimiento de soledad, un problema que afecta más a las mujeres que a los hombres. «Las mujeres suelen tener menos ingresos y cobrar pensiones más bajas que los hombres y, consecuentemente, sus condiciones de vida son peores», aseguran Sacramento Pinazo y Mónica Donio Bellegarde en el estudio 'La soledad de las personas mayores'.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) considera la soledad no deseada como un problema de salud pública debido a sus efectos sobre la salud de las personas, que no solo repercuten en la mente, con la aparición de enfermedades como la depresión, sino que despliegan también sus consecuencia en el plano físico, toda vez que pueden provocar pérdida de movilidad, enfermedades cardiovasculares e incluso mortalidad temprana.

Otros países han abordado el problema de la soledad no deseada con presteza. Es el caso del Reino Unido, que en 2018 creó el Ministerio de la Soledad. En España falta aún mucho por recorrer, aunque por fortuna cada vez es mayor el número de entidades que se ocupan del asunto. Lo raro del asunto es que, actualmente, todas las sociedades modernas, entre ellas la española, están hiperconectadas tecnológicamente, pero muy pobremente comunicadas en lo humano.