Una pareja de personas mayores </p><p>un nivel medio de exigencia. / R.C.

La nueva longevidad que nos espera

Un tercio de los habitantes de España serán octogenarios en 2050, trabajarán más allá de los 70 y deberán ser útiles a una sociedad que no podrá permitirse largas jubilaciones de gente centenaria

Terry Basterra
TERRY BASTERRA

El 6% de la población española tiene hoy más de 80 años. La previsión es que para mediados de este siglo tres de cada diez habitantes en España serán cuando menos octogenarios. Viviremos más. Los centenarios pasarán a ser algo habitual y la sociedad deberá cambiar para adaptarse a esta nueva situación en ámbitos como el laboral, el de la salud, las relaciones intergeneracionales, la educación, la seguridad financiera, el urbanismo... Todos estos aspectos forman parte de lo que ya se denomina 'nueva longevidad'.

«Estamos ante un cambio evidente de la pirámide poblacional», indica Ana Sáenz de Miera, directora global del programa Next Now en Ashoka, una organización sin ánimo de lucro enfocada en la innovación social y que quiere poner el foco en la necesidad de ir adoptando cambios para afrontar en la mejor posición posible la futura situación demográfica de España y buena parte de la sociedad occidental.

Dentro de no mucho tiempo, las personas que cumplan 70 años tendrán todavía «un tercio de su vida por delante». Tiempo en el que podrán llevar a cabo diferentes actividades sociales, laborales o culturales porque la sociedad no podrá permitirse tan largas jubilaciones.

El centro de longevidad de la Universidad de Stanford, dirigido por Laura L. Cartensen, ha realizado un amplio estudio donde condensa en una decena de puntos los principales factores de lo que han llamado 'el nuevo mapa de la vida'. Invita a cambiar la forma en la que concebimos las etapas del tránsito vital en la actualidad. «Hay que dejar de asociar la segunda parte de la vida a jubilación, menopausia y muerte», indica este trabajo. En él se indica que una de las principales claves para ello es mantenerse activo en estas décadas, bien a través de acciones de voluntariado, tutorías a nuevas generaciones o con la vuelta a una actividad laboral más suave y llevadera.

Sin duda, la salud es capital en este reto de vidas centenarias. No se trata sólo de llegar a vivir 100 años, es hacerlo en buenas condiciones físicas y psíquicas el mayor tiempo posible. Los expertos de Stanford apuestan por igualar la salud a la duración de la vida, algo que ahora no sucede. «La mayor esperanza de vida no está asociada en estos momentos a personas con movilidad y mentalmente agudas», se recoge en este estudio.

Por eso, añade, es necesario invertir en envejecimiento saludable, pero hay que hacerlo en todas las etapas de la vida. Con una buena nutrición, correcta vacunación y actividad física desde la infancia. Los hábitos de vida saludables, indica la investigación, son «fundamentales» para llegar a los 80, 90 o 100 años y hacerlo en condiciones de calidad.

Para la Universidad de Stanford es importante priorizar la salud pública para extender la vida del mayor número de personas. Coincide con este planteamiento Ana Sáenz de Miera. «Desde las administraciones públicas tienen que priorizar las políticas de salud pública para que la población esté sana más tiempo, algo que ahora se hace poco», indica. En este sentido la portavoz de Ashoka indica que esto repercutiría para bien sobre el sistema sanitario, ya que se reduciría el número de personas que aparecen con un problema de salud agudo y favorecería la recuperación de aquellos que han pasado por estos episodios.

Con una vertiente más futurista, la investigación de Stanford avanza por dónde puede ir la medicina del futuro y cómo mejorará la vida de la gente. En marcha hay proyectos para desarrollar dispositivos para realizar un diagnóstico precoz de las personas con riesgo de sufrir un accidente cardiovascular –junto a los tumores una de las dos principales causas de muerte en España–, o robots terapéuticos diminutos introducidos en el torrente sanguíneo para administrar fármacos directamente sobre las células cancerosas.

Potencial laboral

Sin duda otro factor clave en estas vidas más prolongadas es el financiero. El estudio de la Universidad de Stanford recoge que, en la actualidad, «muchas personas tienen buena salud e independencia funcional hasta los 70 y 80 años, lo que sugiere un potencial de la vida laboral más allá de esta edad». Dentro de tres décadas serán muchos más los que se encuentren en esta situación.

Pero no sólo es que lleguemos a esta edad en condiciones de poder seguir trabajando. Es que será necesario en muchos casos. El sistema de pensiones no está preparado para unas vidas tan prolongadas. A esto se suma que una parte de la población contará con una paga reducida, por lo que no tendrá suficientes fondos para costear su jubilación. Necesitarán de unos ingresos adicionales. Otros simplemente desearán seguir activos porque se encuentran bien física y mentalmente y desean hacerlo.

Preocupaciones

La salud, la capacidad adquisitiva y el aislamiento social y familiar, los grandes problemas a resolver

Pero el trabajo a partir de cierta edad no será igual. La Universidad de Stanford aboga por que en esas «décadas adicionales» de vida laboral esta actividad sea «más flexible». Esto se traduce en horarios más reducidos, menos días a la semana o incluir una fase de transición «escalonada» al final de la etapa profesional para que el paso de trabajar a estar jubilado no sea tan brusco. También recalca el estudio que las empresas «no deben discriminar por edad» a sus empleados más veteranos, ya que «el envejecimiento no equivale a pérdida de productividad».

A nivel internacional ya hay iniciativas interesantes relacionadas con el trabajo en la tercera edad. En Brasil hay una compañía llamada LAB60+ que se dedica a ofrecer oportunidades profesionales a los mayores. Su fundador es Sergio Serapiao. Él es uno de los expertos que estará presente en Bilbao desde mañana y hasta el miércoles en una cumbre internacional sobre nueva longevidad.

Según indica Serapiao, las personas mayores tienen miedo a tres cosas: a perder la salud, a quedarse sin ahorros y dinero al ser la vida más larga, y al aislamiento social y familiar. El trabajo es una buena terapia frente a estos tres temores. «Mejora la salud, hace que estemos más integrados y nos reporta dinero», señala. En Brasil han impulsado varios proyectos para reintegrar a la actividad laboral a personas que ya se habían jubilado. Hace tres años comenzaron a incorporarlos en 16 oficinas de la principal entidad bancaria del país. Su labor era atender a usuarios de su misma edad y ayudarles. «En cuatro meses lograron que este perfil de clientes aumentasen el uso de las herramientas tecnológicas del banco», recuerda.

Y es que Serapiao destaca que las personas más longevas «son el grupo de población con mayor capacidad socioemocional». Potencian estas habilidades, aprenden otras nuevas y hay empresas que emplean a estos trabajadores veteranos para que atiendan a clientes de una edad similar. Se comunican mejor con ellos, les entienden y resuelvan las dudas que puedan tener.

Fruto de aquella iniciativa en sucursales bancarias, en Brasil se inició otra similar en la atención al público en las tiendas de una conocida compañía de telefonía. En Oracle, un millar de mayores brasileños ayudan cada año a desarrollar tecnología de esta compañía adaptada a estas generaciones.

En estas compañías tienen unas jornadas laborales más flexibles. No superan los cuatro días trabajados a la semana y un máximo de 6 horas por jornada en su puesto de trabajo. Serapiao opina que proyectos de este tipo pueden ser trasladados a otros países a lo largo de los próximos años.

Contribuir a la sociedad

Otro aspecto relevante de la nueva longevidad es el papel de las personas más mayores en el seno de la sociedad. Representarán un 30% de la población en 2050, según apuntan desde Ashoka, y hay que aprovechar su experiencia en beneficio de la sociedad.

La Universidad de Stanford propone promover grupos de jóvenes y mayores, para que los primeros aporten su entusiasmo, mientras los segundos sumen su inteligencia. A nivel laboral la experiencia de estos últimos ayudará a que estos equipos cometan menos errores. Y a nivel comunitario tienen más capacidades para desempeñar labores de voluntariado.

«Debemos valorar que no solo viviremos más, también cómo vamos a contribuir al mundo durante toda nuestra vida y qué debemos cambiar para hacer eso posible», destaca Sáenz de Miera. Para la representante de Ashoka, «aportar valor es clave a la edad que sea con diferentes iniciativas, ya sean asociativas, cuidar a niños o laborales, porque te conecta socialmente y te hacen seguir activo. Sentir que no puedes aportar nada es una condena».

Desde esta organización sin ánimo de lucro insisten en que «es el momento de empezar a adoptar iniciativas en nueva longevidad» y para ello aconseja mirar qué se está haciendo en esta materia en otras zonas del mundo para incorporar las que están funcionando. Algunas ya se llevan a cabo en este país. Sáenz de Miera recalca que dentro de unos años España será una referencia por ser de los países con una mayor tasa de envejecimiento. «En nuestra mano está ser el que mejor gestiona la longevidad y convertirnos en un referente internacional».

Trabajadores veteranos a cargo de una sección de embalaje / AFP

La discriminación por razón de edad, un factor a evitar

Evitar la discriminación por razón de edad, también llamada edadismo, es un concepto importante al que se refieren tanto los expertos en longevidad autores del estudio de la Universidad de Stanford como los emprendedores sociales que colaboran con Ashoka. Consideran que es algo a evitar tanto en el ámbito profesional como social.

A nivel laboral apuntan que las personas mayores pueden trabajar en equipo con las personas jóvenes para guiarles, emplear su experiencia para evitar errores y aumentar la productividad del grupo. En materia social los expertos destacan la capacidad de los mayores para promover y participar en iniciativas comunitarias y solidarias. También para ayudar a generaciones menores en el cuidado y la atención de los hijos.

La Universidad de Stanford aboga por dejar de pensar en el «coste» que tiene una población envejecida a nivel sanitario o financiero para «mirar los beneficios que aporta una sociedad de edad diversa».