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De izquierda a derecha, Araceli Suárez, Jorge González, Tere Medina, Carmen Almeida y Paqui Martín sostienen dos paneles con el proyecto en el solar de Arucas donde se levantará el proyecto de El Ciempiés. ARCADIO SUÁREZ
Viviendas colaborativas

De «conjurar» la soledad a la vejez activa: el sueño colectivo de El Ciempiés

La primera cooperativa de cohousing que se construirá en Canarias ya tiene suelo en Arucas y proyecto. El modelo autogestionado de convivencia espera ver la luz en 2025

Teresa Artiles

Las Palmas de Gran Canaria

Sábado, 20 de mayo 2023

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«Aquí, donde estamos ahora, estará la entrada del garaje». Paqui Martín Cárdenes habla en medio del amplio solar de Arucas donde se levantará la primera cooperativa de viviendas colaborativas de Canarias. El camino de El Ciempiés, un modelo autogestionado de convivencia, ha sido largo, pero ya se atisba el final. O mejor, el principio: el objetivo es que los 26 apartamentos de 60 metros cuadrados y sus zonas comunes estén disponibles en 2025.

Las motivaciones de este grupo de personas que no se conocían de nada en 2018, cuando arranca la idea, para decidir compartir techo y vida van de no ser una carga para sus hijos o sus familiares a envejecer de forma activa y «conjurar» la soledad no deseada.

La palabra entrecomillada es de Carmen Almeida Sánchez, quien con sus 78 años será la mayor del futuro vecindario. «No significa que vamos a estar todo el día juntos, pero te da seguridad saber que estás rodeada de amigos y que ante cualquier dificultad que tengas la gente va a estar a tu lado, y al revés, saber que si alguien te necesita vas a estar ahí», dice ilusionada.

Para explicar y dar a conocer su proyecto en este reportaje, además de Paqui Martín y Carmen Almeida se han acercado a la parcela de la calle Sancho Panza Jorge González Arencibia, Araceli Suárez Guerra -un matrimonio con hijos mayores- y Tere Medina Cabrera. En los apartamentos vivirán parejas y personas solas, pero también esperan que haya familias con niños y niñas, porque lo que en principio era un proyecto de cooperativistas ya en edad de la jubilación ha evolucionado a uno intergeneracional con la entrada de personas más jóvenes. La benjamina tiene 38 años.

Además de compartir una filosofía de vida, para formar parte de este proyecto hace falta dinero. A pesar de que la vivienda, el envejecimiento de la población, la dependencia o la soledad no deseada, considerada ya como un problema de salud pública, son retos esenciales del futuro, las instituciones han tardado en apostar por modelos como las viviendas colaborativas, que «toca todos esos palos».

«Al principio cuando íbamos a una institución pública y le hablábamos de cohousing se extrañaban, ha sido un proceso largo y laborioso», explica Jorge González. Pero reconoce que «ahora la cosa ha cambiado, y por ejemplo la nueva ley de cooperativas de Canarias es la primera autonómica que recoge este modelo, y en ello participamos nosotros también».

El Ciempiés tiene, de momento, una ayuda pública del Instituto Canario de Vivienda de 49.000 euros. El proyecto es mucho más costoso y solo la adquisición del suelo, un solar de 3.100 metros cuadrados por el que se decidieron tras ver más de cien por toda Gran Canaria, ha supuesto 550.000 euros.

Aunque el dinero puede ser una barrera para emprender un proyecto de este tipo, Paqui Martín tiene claro que «es más asequible que la compra, con los precios de los pisos desorbitados».

Pero no se trata de compra, ni de alquiler y la inversión que se hace es vital, no económica. Vivir en El Ciempiés no supone ser dueño del apartamento, que es de la cooperativa. Para ser una persona socia hay que poner un capital inicial de 40.000 euros, que se devuelve si se decide abandonar el proyecto. Luego se pagará un canon, una especie de alquiler mensual que no se recupera y que es la suma de la cuota del pago de la financiación pedida a los bancos –a uno de la banca ética, porque «los comerciales no avalan a personas mayores»– y los gastos comunes del complejo y de las actividades que realicen.

Y están convencidos de los beneficios de esta fórmula: «Si te metes es una hipoteca que no puedes mantener lo pierdes todo, aquí no, y si comparas con lo que sale una residencia de mayores, que es donde estaremos todas y todos si no estás en un modelo de convivencia como este, hablamos de un mínimo de 2.000 euros».

Imagen principal - De «conjurar» la soledad a la vejez activa: el sueño colectivo de El Ciempiés
Imagen secundaria 1 - De «conjurar» la soledad a la vejez activa: el sueño colectivo de El Ciempiés
Imagen secundaria 2 - De «conjurar» la soledad a la vejez activa: el sueño colectivo de El Ciempiés

El Ciempiés se empapa del objetivo del cocuidado, de seguir contribuyendo a la sociedad y no parar de construir, de la convicción de que vivir en compañía aumenta la calidad de vida. Ya hay varios estudios científicos que han puesto cifras a cómo la soledad no deseada daña la salud física y mental, y mucho: aumenta un 30% el riesgo de mortalidad o, en palabras de la Organización Mundial de la Salud, «acorta la vida de las personas mayores».

«Los cocuidados y el apoyo mutuo son la base de todo esto, no es comprar una casa, es un compromiso, es una responsabilidad también de asumir funciones comunes de las que nos vamos a beneficiar todos y tener la seguridad de que si nos pasa algo vamos a tener el apoyo y la confianza en que vamos a estar atendidos, y viceversa, saber que vamos a estar ahí si a alguien le pasa algo hasta el final», explica Tere Medina. «No sabemos si vamos a tener dependencia, en principio queremos trabajar mucho en la prevención, pero sobre todo deseamos tener un espíritu colectivo», resume.

Lista de espera

Las 26 unidades de convivencia están asignadas y hay una lista de espera para ser una persona socia y vivir en El Ciempiés, un sueño autogestionado de principio a fin por sus promotores. El proyecto se lo encargaron al estudio Arquitectos de Familia, un diseño en el que hay amplios espacios, muchos al aire libre, donde realizar actividades, además de zonas comunes como comedor, lavandería o lugares de trabajo.

Aunque no lo parezca por la sintonía y afinidad personal que transmiten, la comunidad de El Ciempiés no se conocía cuando todo arrancó. Fue en 2018 tras una convocatoria del programa para mayores Peritia y Doctrina de la universidad. De ahí salió un grupo interesado en ahondar en este nuevo modelo de convivencia.

Eran más de 70 personas, se creó una asociación y un grupo más pequeño creó luego Semilla del Norte, «el paraguas para ir constituyendo cooperativas», explica Paqui Martín. A partir de 2019 hicieron talleres para conocerse, identificar sus formas de ver la vida. Salidas, paseos y presentaciones donde concretar el proyecto y hacer grupo.

En febrero de 2020, un paso más: diez unidades de convivencia empiezan a buscar suelo caminando como El Ciempiés y reinician los talleres para incorporar a más personas. Carmen Almeida lo hizo en abril de 2020, en pleno confinamiento, cuando el grupo descubrió el Zoom y las reuniones y asambleas online se multiplicaron. Desde entonces todo se ha acelerado y no piensan parar hasta que este sueño colectivo sea una realidad. Y entonces, se conjuran, tampoco.

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