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El veterinario Braulio Granados, trabajador del centro de rescate Cocodrilo Park, con el ejemplar de tejú que apareció en Guía. Juan Carlos Alonso
Especies exóticas e invasoras

Un tejú o un cocodrilo como mascota

La introducción de animales de otras latitudes en Canarias pone en peligro la fauna y flora de las islas. Lagartos, lisas y perenquenes ya están en riesgo en Gran Canaria

Luisa del Rosario

Las Palmas de Gran Canaria

Sábado, 3 de junio 2023

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Hace poco más de una semana varios vecinos alertaron a la Guardia Civil al ver a una especie de lagarto gigante rojo en una calle de Guía. Se trataba de un tejú (Salvator rufescens es el nombre científico), un reptil de América del Sur incluido por el Ministerio para la Transición Ecológica en la lista de especies exóticas invasoras «preocupantes» para el archipiélago.

Unos días antes, en la zona de Mayorazgo, en Telde, la vecindad advirtió de la presencia de un cocodrilo, un animal exótico, como la pitón real o el cerdo vietnamita, que está prohibido poseer, transportar o comerciar en España, aunque si ya se poseían antes de 2019 se debía comunicar al Gobierno autónomo en un plazo de dos años, es decir, antes del 1de enero de 2022.

Tanto el tejú como el cocodrilo están ya en CocodriloPark, en Aguimes, un refugio y centro de rescate para animales exóticos y especies invasoras que lleva colaborando con el Estado más de 30 años. Hoy viven allí algo más de 800 animales, el 90% de ellos son propiedad pública. «La mayor parte proceden de incautaciones tras operaciones policiales, otros de actuaciones del Seprona o han sido capturados tras escapar. Algunos, sin embargo, los entregan sus dueños porque «no los tienen regularizados y ya es ilegal tenerlos como mascotas», explica Dioni Balcer García, el director del centro.

Uno de los cocodrilos del centro de rescate Cocodrilo Park.
Uno de los cocodrilos del centro de rescate Cocodrilo Park. Juan Carlos Alonso

Al día siguiente de que apareciera el tejú en Guía su dueño llevó al refugio a otros seis ejemplares. Tenía permiso para tenerlos, de hecho, con el primero se dieron cuenta de que llevaba microchip, pero ante la fuga y el potencial peligro que podría correr prefirió entregar a los demás, añade Balcer.

En el centro viven desde una tigresa, llamada Cerina, hasta ciervos, pasando por distintos tipos de serpientes –en Gáldar se incautó una boa de Madagascar (Acrantophis madagascariensis) que fue de los pocos ofidios que se salvó de una operación en la que se sacrificó una veintena deserpientes ante la inexistencia en España de antídotos para su veneno–. También tortugas de distintos tipos, cocodrilos, un zorro de Fennec o del desierto (Vulpes zerda), un pequeño animal que un hombre bajó de un avión en Lanzarote en un transportin para perros pero un antiguo agente del Seprona detectó. «Le había costado 1.000 euros. El comercio de animales es el tercer negocio ilegal del mundo», recuerda Balcer.

El caso de la serpiente real de California

La experiencia pone de relieve el peligro que supone para la biodiversidad la introducción de fauna exótica en las islas y su potencial invasor. La culebra real de California (Lampropeltis californiae), en Gran Canaria es un ejemplo. Se detectó en Telde por primera vez en 1998, pero no fue hasta una década después cuando se iniciaron planes para su captura. Asilvestrada en la isla y sin depredadores naturales, se ha extendido de Telde-Valsequillo y Gáldar, a Santa Brígida-San Mateo, San Bartolomé de Tirajana y el entorno del barranco Guiniguada en la capital grancanaria. Solo en enero de este año, mes fuera de la época de mayor actividad de estos reptiles, que se produce entre mitad de marzo y mitad de julio, se capturaron 1.360 ejemplares en la isla.

La culebra real de California está causando «estragos» en la población de perinquenes, lisas y lagartos, afirma el biólogo del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) Manuel Nogales. «Están desapareciendo» y es un ejemplo «de un problema evitable», advierte.

Cuebra real de Californica capturada en Gran Canaria.
Cuebra real de Californica capturada en Gran Canaria. C7

La sensible biodiversidad de Canarias

«Con la globalización de la economía mundial» todo se ha precipitado. «Antes, de vez en cuando había algunos escapes. Gente que movía animales y se les escapaba algún ejemplar. Pero con la globalización del transporte ha acelerado el movimiento de personas y de animales que ha crecido de forma exponencial. No hay una concienciación importante sobre los peligros que supone un escape o que por iniciativa propia la gente suelte animales o plantas exóticas e invasoras. Si estas se adaptan muy bien terminan por desplazar a las especies autóctonas y ahí es cuando se producen los problemas», explica el experto del CSIC.

Además, Canarias son «islas oceánicas», lo que significa que su biodiversidad es más sensible a las especies invasoras. «Las especies del archipiélago han evolucionado sin la presencia de las no nativas, y no están adaptadas a defenderse y competir tan bien como las que vienen de zonas continentales. Estas últimas han evolucionado adaptándose a medios más hostiles que los existentes en las islas, que son ecosistemas ideales. Toda especie exótica debe alimentarse de algo y reproducirse. Ahí es donde se producen las mayores efectos en la competencias con especies nativas que han evolucionado en condiciones muchos más suaves», abunda.

En otras palabras, el tajú compite con los lagartos canarios por la alimentación. La serpiente real de California simplemente los depreda. Las iguanas, las cotorras de Kramer, las tortuguitas de Florida entre los animales y el rabo de gato entre las plantas son solo algunos ejemplos más de estas «invasiones» afectan afectan de forma más importante al ecosistema.

Juan Carlos Alonso

Invasiones «devastadoras» y «equilibrio natural»

Manuel Nogales explica que una especie exótica que está en un territorio es porque «la ha llevado alguien». Si se vuelve silvestre y se adapta, «pasa de exótica a invasora». Esas especies «colonizan por medios propios» y compiten con las «nativas o autóctonas». La planta conocida como rabo de gato «ya está en las siete islas», advierte el biólogo, aunque considera aún peor la presencia de la serpiente real de California. «Las invasiones biológicas por ofidios son tremendamente devastadoras. Las presas que depreda las agota hasta extinguirlas. Por eso están tan mal el lagarto, las lisas y el perinqué en Gran Canaria. Es un drama», afirma.

El problema añadido, explica el biólogo, es cómo afecta a la biodiversidad. «Hay quien cree que la biodiversidad se acaba en un gato o un perro. Cuando los gatos se asilvestran causan estragos entre las aves marinas y los lagartos. Tenemos tres lagartos en peligro de extinción. A veces la situación es irreversible». Biodiversidad, abunda el experto del CSIC, «es un concepto etéreo para muchas personas» y añade que «se trata de las interacciones ecológicas». Así, explica, hay interacción entre lagartos, insectos y plantas que mantienen «un equilibrio natural». Pero cuando llegan especies exóticas se rompe ese equilibrio.

Consecuencias económicas

Juan Carlos Rando, profesor de la Universidad de La Laguna (ULL) recuerda que desde 2019 existe un catálogo nacional en el que se especifican las especies «preocupantes» para Canarias al valorar «los posibles riesgos para el archipiélago» de que se convirtieran en plaga y se ha prohibido su comercio. Es, añade, «un problema grave que se repite en todo el mundo, pero especialmente grave en las islas, como el caso de la culebra real de California, que no tiene depredadores y está acabando con los reptiles».

Y no solo son un problema desde el punto de vista de la conservación de la naturaleza. «Tiene repercusiones económicas muy fuertes». En el caso de las plantas abunda en el ejemplo del rabo de gato y lo que gastan las administraciones en limpieza de los bordes de las carreteras. «En el caso de los animales lo que ocurre con las cotorras, la cotorra argentina hace nidos comunales que pesan muchísimo y son un peligro. Si están en árboles grandes hay que contratar a gente capacitada para que los retire». Y otro ejemplo son las termitas en Tenerife. Una especie invasora «que no solo amenaza al medioambiente sino a las casas antiguas de madera».

«Las especie exóticas pueden provocar problemas diversos, sin olvidar los peligros que pu den suponer para la sanidad humana», añade.

Juan Carlos Alonso
Imagen principal - Un tejú o un cocodrilo como mascota
Imagen secundaria 1 - Un tejú o un cocodrilo como mascota
Imagen secundaria 2 - Un tejú o un cocodrilo como mascota

Capturas de doce especies diferentes

La Red Canaria de Alerta Temprana de especies exóticas invasoras (RedExos) ha capturado en lo que va de año doce especies diferentes de fauna y 109 de flora. Entre las primeras cabe destacar el cangrejo azul (Callinectes sapidus), del que se capturaron 24 ejemplares en en sur de Gran Canaria, en Mogán y en la Charca de Maspalomas. El camaleón del Yemen (Chamaeleo calyptratus), se capturaron ocho ejemplares en San Mateo, Los Portales y El Cardonal en Arucas, en Moya, en El Román y en San Lorenzo. O ejemplares «aislados» de iguanas (Iguana iguana) en La Oliva, en Fuerteventura, galápago de Florida (Trachemys scripta) desde Firgas a Lanzarote y Fuerteventura, o cangrejo rojo americano (Procambanus clarkii).

Según los datos de RedExos, la presencia de fauna exotica invasora en las islas se debe «principalmente al mascotismo», y un ejemplo es el camaleón del Yemen en Gran Canaria.

En otros casos, apunta Juan Carlos Rando, llegan con la vegetación. Fue lo que pasó con el anolis verde cubano (Anolis porcatus) un pequeño lagarto que llegó al sur de Tenerife tras ajardinar un complejo turístico. «Es una especia muy prolífica que, de momento, está restringida a una zona muy concreta». Un caso parecido ocurrió en Baleares. «Allí no había serpientes de forma natural y se han introducido varias especies que llegaron con la importación de olivos de gran tamaño. Estos árboles de varios siglos llegan con tierra y entre sus raíces hay culebras e insectos».

Rando recuerda lo que decía el desaparecido biólogo Eduard Wilson: «No hacer nada contra las especies invasoras es jugar a la ruleta rusa» porque «va a llevar a problemas enormes que no vas a poder controlar. Hay que establecer más controles y mejores», insiste.

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