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Imagen del vapor de agua generado la semana pasada por la lluvia al caer sobre las coladas del volcán aún calientes. Efe/Luis G. Morera

El volcán palmero sigue ardiendo y desgasificando

Volcán de La Palma, un año del fin de la erupción ·

Aún se observa lava incandescente a 800 grados en las grietas del cráter. Los altos niveles de CO2 impiden el regreso de 1.500 vecinos a sus casas

Carmen Delia Aranda

Las Palmas de Gran Canaria

Lunes, 12 de diciembre 2022

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El 13 de diciembre a las 22.21 horas, el volcán de La Palma paraba de lanzar lava y piroclastos tras 85 días y 8 horas de erupción. Pasado un año, el proceso posteruptivo continúa en Cumbre Vieja. Así, el 2 de diciembre, el comité científico que asesora al Pevolca en la gestión de la emergencia indicaba en su informe periódico que «persisten algunos peligros volcánicos, sin ser posible descartar futuras reactivaciones. Continúa registrándose actividad sísmica y geoquímica anómala, sin haberse alcanzado niveles de fondo en los observables». Es decir, el volcán, en su proceso de desgasificación y enfriamiento, aún compromete la seguridad de la población, por lo que el semáforo de riesgo volcánico se mantiene amarillo.

En cuanto a las temperaturas, el enfriamiento de las coladas y el edificio volcánico avanza con paso lento y firme, si bien las lluvias caídas la pasada semana y a finales de septiembre, con la tormenta tropical Hermine, aceleraron el proceso, explica el geólogo Juan Carlos García del Instituto Geológico y Minero de España (IGME). «En la zona de La Laguna el enfriamiento diario era de unos 0,2 grados, con las lluvias de Hermine la temperatura bajó 2 grados de golpe», afirma.

Otra buena noticia es que hay zonas prácticamente enfriadas, situadas en los bordes de las coladas y que la temperatura superficial también ha bajado. Así, la costra exterior de las coladas, en general, está a entre 25 y 30 grados, frente a los 40 registrados en septiembre, indica el geólogo.

No obstante, en las coladas se han identificado puntos calientes –poros que conectan con zonas profundas por donde circula aire caliente– que superan los 150 grados en la superficie y los 400 grados a un metro de profundidad, relata García sobre los valores registrados en los puntos calientes vigilados por el IGME, con el apoyo de la Consejería de Infraestructuras del Cabildo palmero, en la carretera que une La Laguna y Las Norias.

En el edificio volcánico y donde las coladas alcanzan un mayor espesor, de hasta 65 metros, el calor es aún muy importante. «En el cono sigue habiendo puntos con grietas donde se aprecia lava incandescente a un mínimo de 800 grados y en superficie la temperatura es de hasta 200 grados. La temperatura no ha bajado tanto como en la colada», dice García que monitoriza esta zona con drones dotados de cámaras térmicas.

También la desgasificación se aprecia aún en el cono, que emite unas 8,4 toneladas diarias de dióxido de azufre (SO2), una cantidad catalogada como muy baja y que dista de las 50.000 toneladas emitidas por el volcán el 23 de septiembre de 2020, según las mediciones del Instituto Volcanológico de Canarias (Involcan). «Aunque el aporte sea inferior, es importante tenerlo monitorizado», afirma el geoquímico del Involcan Pedro Hernández, que también vigila el dióxido de carbono (C02) en Puerto Naos y La Bombilla, barrios que siguen registrando altas concentraciones incompatibles con la vida, que impiden el regreso de sus 1.500 vecinos.

Poco después del fin de la erupción, el Involcan desplegó una red para monitorizar la emisión de gases, en especial de dióxido de carbono (C02), un gas de origen geoquímico hidrotermal más pesado que el aire que se acumula en los estratos más bajos, precisamente en las zonas habitadas de Puerto Naos y La Bombilla.

«No se ve una tendencia clara que diga que hay luz en el final del túnel. Seguimos en el túnel», afirma el científico del Involcan que ha desarrollado nuevas metodologías de medición para estos barrios costeros, enclaves donde este problema alcanza una intensidad muy superior a la de otras zonas del planeta que sufren este tipo de emisiones.

«Nuestro sismograma de actividad media incluye del orden de entre 35 y 45 eventos a la semana»

María José Blanco

Directora del IGN en Canarias

Por otro lado, el Instituto Geográfico Nacional (IGN) está registrando entre 35 y 45 seísmos semanales. «Lo esperable es que, después de una intrusión magmática como la que se produjo, lleve bastante tiempo recuperar la sismicidad previa a la erupción», señala la directora del IGN en Canarias, María José Blanco.

«Desde el fin de la erupción, hubo una disminución gradual de la sismicidad hasta agosto. A partir de ahí hubo un ligero aumento y ahora los niveles son constantes», indica Blanco sobre la evolución de los sismos que se producen a unos 15 kilómetros de profundidad y que han experimentado una ligera migración hacia el oeste.

En cuanto a la deformación del terreno, explica Blanco, no ha experimentado cambios sustanciales, si bien las imágenes satelitales han detectado un leve hundimiento en la zona de las coladas, posiblemente vinculado al proceso de enfriamiento.

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