La pareja del momento. Iñaki y Ainhoa entran por separado al bufete donde se conocieron hace un año. / JESÚS ANDRADE

La nueva vida de Iñaki Urdangarin y Ainhoa Armentia: él quedará en libertad condicional y ella se marcha de casa

Al ex de la infanta Cristina le van a dar la libertad condicional en un mes, mientras que su nueva pareja se ha mudado de casa para proteger a la familia de los focos. «A ella es lo que le preocupa, lo demás lo lleva bien»

MARÍA REGO | DAVID GONZÁLEZ

En el bufete Imaz&Asociados de Vitoria, donde brotó el amor entre Iñaki Urdangarin y Ainhoa Armentia, se habla «muy poco» de la relación que ha provocado más de una taquicardia al 'cuore' patrio en la última semana y media. «Ellos actúan como antes. Trabajan, comen en la oficina, como casi todos, y poco más. El trato no ha cambiado. Bastante tienen con esquivar a la prensa cuando entran y salen», cuentan en el entorno laboral de la pareja del momento. Pero esa aparente normalidad no logra cubrir el terremoto mediático y personal que vive tanto el ex de la infanta Cristina, más habituado a los focos, como su nueva pareja, cuya experiencia ante las cámaras se limitaba hasta ahora a unos cuantos bailes en Tik Tok. Y lo que les queda por digerir, aunque la nube de periodistas con 'alcachofa' rosa que sigue cada uno de sus pasos, persecuciones en coche incluidas, ha comenzado a desvanecerse.

La repentina sobreexposición mediática de Ainhoa, vitoriana de 43 años, madre de dos adolescentes y aún esposa de un empleado de Mercedes, la principal fábrica de la ciudad, comienza a pesarle a su familia más directa. Hasta el punto de que Vicente, su padre, ha dejado en los últimos días de tomar sus habituales vinos por el barrio de San Cristóbal donde la novia de Urdangarin se crió junto a su hermana y comenzó sus estudios en el reconocido colegio público de San Ignacio. En este distrito obrero levantado al calor de fábricas icónicas de la ciudad como la naipera Fournier o Esmaltaciones San Ignacio -nada que ver con la zona residencial donde se instaló el clan Urdangarin, rodeado de zonas verdes y villas como Ajuria Enea- viven todavía sus progenitores. Vicente y Antonia están divorciados desde hace años, pero entre sus pisos apenas hay cinco minutos a pie. Y allí se ha mudado la inesperada protagonista del 'papel couché' tras abandonar el domicilio familiar que compartía con su marido y sus hijos en el centro de Vitoria.

Un matrimonio aparentemente feliz. Cristina de Borbón e Iñaki Urdangarin pasean cerca del domicilio de la familia de él en Vitoria, donde se les solía ver cada Navidad. / Jesús Andrade

Chavales «educadísimos»

El matrimonio, hecho pedazos desde la publicación de las fotos de la nueva pareja por una playa del País Vasco francés, se dio el 'sí quiero' hace casi dos décadas en uno de los lugares más queridos por los alaveses, la basílica de San Prudencio, su patrón. Con Manuel, dos años mayor que ella, tiene un hijo de 17 y otro de 13 que el entorno familiar intenta «proteger» desde que estalló el bombazo. Dos chavales «educadísimos» que de la noche a la mañana se han encontrado con su madre en boca de todos. «Estamos preocupados por ellos, por cómo les puede afectar todo esto que está pasando», admiten en ese círculo que el pasado fin de semana, con la capital alavesa tomada por decenas de reporteros, sacó al menor de la ciudad para alejarle del cegador foco mediático. Su hermano mayor incluso ha faltado a clase varios días. Y el padre ha pedido la baja laboral sobrepasado por la situación. El romance de Iñaki y Ainhoa es la comidilla en la discreta Vitoria, una ciudad de 250.000 vecinos, tranquila y acostumbrada a ver a Cristina de Borbón y su hermana Elena por sus calles, donde las revistas que diseccionan el corazón vuelan de los kioscos desde que se conoció la nueva relación.

Iñaki Urdangarin

  • Familia. Hijo de Juan Mari Urdangarin, expresidente de Caja Vital, fallecido en 2012, y Claire Liebaert. Tiene seis hermanos, la mayoría en Vitoria, y cuatro hijos.

  • El trabajo. Ejerce desde el año pasado como consultor en el despacho Imaz&Asociados en Vitoria dentro del tercer grado de su condena.

  • Sus aficiones. Tira de bici para moverse por la ciudad, camina y nada en un club deportivo.

Ainhoa, cuentan quienes la tratan a diario, «lo lleva bien», salvo las guardias que la prensa rosa encadena a pie de telefonillo en los portales de sus padres o los coches que siguen al suyo -una amiga, algún familiar, incluso un vehículo de los Urdangarin la recogen a la salida del despacho- para conocer los movimientos de la analista contable. La única vez que ha hablado ante el enjambre de 'micros' que asedia el despacho donde trabajan, en pleno centro de la ciudad, ha sido para pedir «respeto» a la intimidad de los suyos. El exjugador de balonmano -olímpico en Atlanta'96, donde conoció a la infanta-, que apenas ha pasado del «está todo dicho» para ventilar el asunto en público, tira de pedales, como antes, para desplazarse por Vitoria y frecuenta un poco menos el Estadio, el complejo deportivo que dirige su único hermano varón, Mikel, donde solía ir a nadar. El deporte es precisamente una de las actividades que comparte la pareja, que ya en septiembre fue vista de paseo por el bosque de Armentia, uno de los pulmones verdes de Vitoria. Ella prefiere el pádel y ha participado también en carreras populares.

La competición de fondo que afronta ahora parece mucho más dura, o al menos más desconocida, aunque la propia Ainhoa se presenta en una red social como una persona con «habilidad para enfrentar situaciones de desafío y superación». Falta le va a hacer. En su entorno dicen de ella que es «alegre y simpática», como demuestra su afición al Carnaval, con un papel muy activo en la carroza del colegio de los hijos.

La fotografía que desveló el romance.

En los trabajos por donde ha pasado -entre ellos, secretaria de dirección de Antón Iráculis, uno de los principales constructores vascos y propietario entonces de firmas como la cadena hotelera Silken- la recuerdan también por su buen hacer: «Era amable, dispuesta y currela. Trabajaba muy bien. Al final se le rescindió el contrato por la crisis, como a muchos otros compañeros». En Imaz&Asociados están encantados con la labor de esta empleada formada a base de estudios no universitarios en administración, gestión o finanzas. También su nueva pareja, que cumplió 54 años cuatro días antes del tsunami mediático, se ha ganado el afecto y respeto de sus compañeros en el bufete por el que fichó a principios de 2021.

Libre «en febrero o marzo»

La duda es qué hará el exduque de Palma cuando logre la libertad condicional -ahora disfruta de un tercer grado- al superar tres cuartas partes de su condena por diversos delitos económicos (cinco años y diez meses en total) y pueda cambiar de residencia, incluso fijarla en el extranjero, o buscar otro empleo. Para que entre en esa nueva fase con el visto bueno de la jueza de vigilancia penitenciaria queda muy poco. «En febrero o marzo», adelantan a este periódico fuentes conocedoras del caso. Iñaki, que jamás ha llevado pulsera telemática para su control y podía viajar por cuestiones laborales, se ha comportado como un preso «intachable, ejemplar», y con una evidente obsesión por no llamar la atención en su paso por la cárcel de Brieva (Ávila), el Centro de Inserción Social de Alcalá de Henares y la prisión de Zaballa (Álava), su última parada, a apenas 15 kilómetros de la ciudad donde reside gran parte del clan Urdangarin. Incluida su madre, Claire Liebaert, uno de sus pilares tras la muerte hace una década del patriarca, Juan Mari, expresidente de Caja Vital y cercano al PNV.

Ainhoa Armentia

  • Familia. Se ha criado junto a su hermana en el barrio de San Cristóbal de Vitoria. Ahora vivía con su marido y sus dos hijos, de 17 y 13 años, en el centro.

  • El trabajo. En 2019 se incorporó como analista contable a Imaz&Asociados. Trabajó como secretaria con el constructor Antón Iráculis.

  • Deportista. Le gusta el pádel y es una amante del Carnaval.

En su familia, tan discreta y hermética siempre, no están nada cómodos con la vuelta de Iñaki a las portadas. «No lo ha podido hacer peor», dicen sobre la gestión que 'Txiki' (pequeño en euskera, como le conocen los más cercanos) ha hecho de la ruptura con la hermana del rey, con quien tiene cuatro hijos en común. Claire aseguraba esta misma semana que todavía no conoce a Ainhoa y que con Cristina la relación seguiría «igual que siempre» a pesar del comunicado que anunciaba la interrupción de su relación matrimonial, una forma dulcificada de poner el divorcio sobre la mesa.

Una historia «con todos los ingredientes» para enganchar al público

Ainhoa Armentia tiene «el perfil de persona que se escapa de las cámaras» y sólo de ella dependerá convertirse «en un personaje público». Lo dice el profesor de Opinión Pública de la Universidad Complutense Antón Castromil, que no ve a la nueva pareja de Iñaki Urdangarin de plató en plató. Su romance, sin embargo, tiene «todos los ingredientes para ser un pedazo de historia». «Dos personas que se enamoran en el trabajo, un presidiario y ex miembro de la Casa Real, la corrupción...», enumera.

Cuánto durará el interés por esta relación es lo que se pregunta Yuri Morejón, politólogo y director de Yescom Consulting, que reconoce que hoy «el ciclo de noticias es tan voraz que un acontecimiento rápidamente es eclipsado por otro». Pero mientras dura la atención mediática, avisa el doctor en Psicología José Antonio Portellano, Ainhoa e Iñaki van a vivir «una ensalada de emociones». «El estado de placer que produce el enamoramiento no va a ser completo», plantea el experto, que «no quisiera estar en el pellejo» de la vitoriana. «No es extraño que aparente normalidad, pero otra cosa es cómo se comporta en la intimidad».