Una de las imágenes de las últimas pateras llegadas durante el fin de semana / EFE

Un viaje de 7.000 kilómetros

La presencia de yemeníes o iraquíes es poco frecuente en las pateras que llegan a las islas pero también responden a un largo y complicado trayecto migratorio

Ingrid Ortiz Viera
INGRID ORTIZ VIERA Las Palmas de Gran Canaria

La ruta más corta para llegar a Europa desde África es, sin duda, por medio del Estrecho de Gibraltar. El mar apenas separa los continentes por 15 o 30 kilómetros, mientras que de Canarias a Marruecos, la distancia media va de los 100 kilómetros que existen desde Tarfaya hasta Fuerteventura a los casi 2.000 kilómetros desde Gambia, lo que equivale a un viaje en línea recta de Madrid a Berlín.

En este contexto —sin dejar al margen que el fenómeno migratorio tiene un alcance más amplio— parece lógico asumir que la nacionalidad de quienes llegan a nuestras costas proceden de países cercanos. Es por ello que ha resultado llamativa la presencia de dos hombres que afirmaban ser de Yemen y otro de Iraq entre las tres pateras arribadas este último fin de semana. En total, se contabilizaron 200 personas que aparentemente partieron de la costa del Sahara Occidental, por lo que representan tan solo un 1,5%. «No tenemos datos para indicar que haya una tendencia», indica Juan Carlos Lorenzo, coordinador de CEAR en Canarias. «Aunque están presentes en la ruta migratoria son casos muy excepcionales».

La causa de que estas tres personas hayan alargado su viaje alrededor de 7.000 kilómetros desde sus países de origen podría justificarse en la dinámica de fortificación de fronteras desde el Mediterráneo oriental hacia el occidental. Según CEAR, las rutas de los desplazamientos forzosos de esas nacionalidades son otras pero, al verse blindadas, las reorientan, en este caso, hacia Canarias. «Normalmente son personas que llevan bastante tiempo en su trayecto migratorio y suelen acceder por la cornisa norte, saltan hacia Marruecos o Sahara Occidental y de ahí parten», explica Lorenzo. «También pueden tener más capacidad económica y desplazarse en vuelos internos hacia el África occidental, cada situación es diferente».

Respecto al perfil del migrante, cabe asumir que podrían tratarse de personas que huyen de conflictos bélicos y son candidatas a conseguir protección internacional. Yemen, uno de los países árabes más pobres del mundo, se encuentra desde hace seis años en medio de una cruenta guerra civil, a lo que se suman amenazas aún más mortales como la desnutrición, el dengue y varias enfermedades. Por su parte, Iraq vive una situación «delicada» desde el punto de vista de seguridad y estabilidad del país.

Las solicitudes de asilo, sin embargo, no reflejan un gran porcentaje. Si en España en 2020 se presentaron 88.762 solicitudes, más del 80% procedieron de Latinoamérica y apenas un 8,6% eran africanos. Los más numerosos, los malienses, que aunque también migran por razones económicas, son uno de los perfiles más claros de refugiados.

Según los últimos datos del Ministerio del Interior, las solicitudes de Iraq representan el 0,09% del total, mientras que las de Yemen el 0,4%. A este último se añade la dificultad que tienen sus ciudadanos para salir del país puesto que la mayoría de los estados exigen visados de entrada o de tránsito a los nacionales, entre ellos, España desde 2020. Esto supone que, en la práctica, se limita el acceso de los yemeníes a la protección internacional, a pesar de que en los últimos dos años el número de solicitudes se ha incrementado hasta un 176%.

Por otro lado, lo que también evidencia la presencia de estas nacionalidades en las pateras que llegan a las islas es que el proyecto migratorio va más allá de lo que se refleja en el trayecto de costa a costa. Alrededor del 80% de los movimientos se producen a nivel interterritorial y muchos se dilatan años hasta poder alcanzar el punto requerido.

Lo cierto es que la Ruta Canaria se ha consolidado por varios motivos como el principal acceso a Europa, y si bien en esta convergen varios trayectos, la tendencia es que Gran Canaria, Tenerife y El Hierro reciban inmigración mayoritariamente de origen subsahariano (países como Malí, Senegal o Costa de Marfil) mientras que los magrebíes suelen alcanzar las costas de Fuerteventura y Lanzarote. Una realidad que tiene que ver, también, con los puntos de salida. En el último año, además, han cobrado aún más peso los cayucos senegaleses, embarcaciones con más capacidad que parten desde la costa norte del país, sobre todo. Las salidas tan lejanas comportan más riesgos porque la travesía es mayor y están más expuestos a las inclemencias del tiempo y del mar, así como por el enorme riesgo de desorientación, apuntan desde CEAR. También destacan que la mayoría de este tipo de embarcaciones toman rumbo a Tenerife, guiados por el Teide, mientras que las personas que intentan llegar en pateras, suelen hacerlo desde la zona sur del Sahara Occidental.