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Joaquín, hijo biológico de Ali y Rafael, y Mohamed han establecido una relación de hermanos. c7
Nuevas familias para una nueva vida

Nuevas familias para una nueva vida

El Gobierno de Canarias ha propuesto al Estado y a la Unión Europea abrir las posibilidades de acogida para facilitar la integración de menores migrantes

B. Hernández

Las Palmas de Gran Canaria

Domingo, 3 de marzo 2024, 07:26

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Mohamed tenía 10 años cuando subió a una patera hacia un futuro incierto en una travesía que duró seis días. «Sin familia, sin amigos, sin nadie». Un año y medio después, en marzo de 2023, el destino al que se encomendó puso en su camino a Ali y Rafael y a su hijo Joaquín, una familia que decidió acoger a un menor migrante no acompañado y facilitar con ello su integración y una vida como la de cualquier otro niño.

El camino no ha sido fácil, pero como señala Ali, «hay luces y sombras, como también las hay con los hijos biológicos». La posibilidad de acoger menores que han llegado solos está en marcha en Canarias y desde la Consejería de Bienestar Social se pretende abrir esta opción tanto al Estado como a la UE.

Así, además de ofrecer mejores oportunidades a estos chicos, se aliviaría la situación de emergencia que vive la comunidad autónoma, que acoge a casi 5.500 menores.

En 2022, Rafael y Ali se enteraron por casualidad de que existía este programa para acoger a menores migrantes no acompañados. Su hijo biológico , cuentan, se acercó a jugar al fútbol con un niño subsahariano y su madre de acogida les habló de esta posibilidad.

Fue Joaquín «quien nos impulsó a tomar la decisión» y se pusieron en contacto con Sumas, una organización que cuenta con un proyecto de integración.

A partir de entonces recibieron formación especializada y seis meses después recibieron la condición de 'idoneidad' que les acredita para acoger un niño, que nunca es menor de ocho años. Con el objetivo de «reducir el margen de fracaso», a los acogentes se les pide que detallen qué esperan de este proceso. Ellos preferían un varón más pequeño que su hijo.

Formación

Su primer contacto con Mohamed fue a través de vídeos en los que ambas partes se presentaron y se abrió un periodo de adaptación en el que cada vez fueron pasando más tiempo juntos.

Mohamed, que entonces tenía 11 años, llevaba más de un año en un centro de acogida y hablaba algo de español. El 2 de enero de 2023 quedaron por primera vez, en presencia de una psicóloga y un educador de Sumas. Ese día, la experiencia de Ali y Rafael como padres les condujo a llevar un elemento «de lenguaje universal», un balón. Y todo salió rodado, especialmente entre los niños.

El 10 de marzo, hace ya un año, el chico empezó a vivir con ellos de manera permanente. En el caso de las acogidas especializadas, pueden ser también temporales porque el objetivo es que los niños vuelvan con su familia una vez superada la situación de vulnerabilidad que provocó el acogimiento.

Adaptación

El viaje de Mohamed duró seis días y al principio, explican, ni Ali ni Rafael se atrevían a decir la palabra patera. Intentaban sonsacarle con todo el tacto de que eran capaces hasta que Joaquín lo dijo directamente: ¿Como fue el viaje en patera?».

Y contó que el primer día le robaron la comida, que perdió la documentación o que viajó en busca de oportunidades. Cada semana, Mohamed habla con su madre, una relación que Ali potencia y en la que participa lo justo. «Es difícil comprender» por qué una familia embarca a su hijo en esas condiciones, pero «no juzgamos».

Los comienzos de esta nueva vida, reconocen, «fueron complicados», sobre todo entre los dos niños, pero a medida que ha pasado el tiempo se ha establecido una relación «clásica entre hermanos». Sobre todo, han intentado no hacer responsable a su hijo biológico del chico de acogida, sino que cada uno tuviera su espacio. El día a día tampoco ha sido fácil.

Apoyo

Tras un cambio de colegio, el resultado inicial no fue todo lo bueno que esperaban. Sin embargo, el equipo docente, de orientación y directivo se han volcado en su aprendizaje. En este trabajo de equipo incluyen al educador y la psicóloga de Sumas y a una docente de apoyo para que Mohamed adquiera no solo conocimientos, sino hábitos de estudio.

También ha tenido problemas para integrarse en un equipo de fútbol, una situación que califican de «injusta» y no exenta de prejuicios.

Reiteran que ha sido un año «muy duro» pero destacan el aprendizaje personal y familiar adquirido en este tiempo. Sobre todo se sienten orgullos de la evolución de Mohamed, sobre todo a nivel afectivo.

Antes, dice, Ali, no levantaba los ojos del suelo. Ahora pide un beso cuando se acuesta «aunque esté dormido, porque lo siente». En este camino insisten, hay luces y sombras, pero «la balanza está clara».

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