Estreno de la película 'Alcarrás', de Carla Simón

Personas corrientes haciendo de actores: un 'casting salvaje'

'Alcarrás', último Oso de Oro en el Festival de Berlín, está interpretada por actores no profesionales, personas que nunca antes habían estado frente a una cámara. Repasamos otros títulos recientes del cine español que han aplicado esta particular metodología

Andrea Morán
ANDREA MORÁN

«Hacer de actor me parece una pasada, pero ya estoy bien así». Jordi Puyol, al otro lado del teléfono, reflexiona sobre su primera y de momento única experiencia en la interpretación. Este técnico de mantenimiento de un pequeño pueblo en la provincia de Lérida es uno de los protagonistas de 'Alcarrás', la película de Carla Simón que se alzó con el Oso de Oro en el pasado Festival de Berlín y que se estrena mañana. «Viví el rodaje con mucha naturalidad», recuerda, «aunque no teníamos ni idea. Fuimos aprendiendo el vocabulario que utilizan en el cine sobre la marcha». Pujol habla en plural refiriéndose a sus compañeros de reparto, todos ellos actores naturales, es decir, personas sin experiencia actoral que fueron reclutados por Simón para su segunda película. 'Alcarrás' cuenta la historia de la familia Solé, una saga de agricultores cuyas tierras peligran por la instalación de unas placas solares. Para la directora era importante que los intérpretes primerizos fueran de la zona y tuvieran relación con el campo. Como ha declarado, «es gracias a ellos y a mi proximidad con este mundo que he podido explicar esta historia».

Al frente de esta selección, que se prolongó durante año y medio, estuvo la directora de casting Mireia Juárez, que lleva más de 20 años en el oficio y ha trabajado con cineastas como Icíar Bollaín, Cesc Gay o la propia Simón, con la que colaboró en su ópera prima, 'Verano 1993'. Ya entonces, Juárez tuvo que buscar a dos actrices no profesionales para encarnar a las niñas de la película, pero 'Alcarrás' ha sido un reto mayor. «Es el proyecto más complejo que he hecho», reconoce. «Necesitábamos perfiles muy diversos, desde niños de 4 años hasta señoras de 80. Y la segunda complicación es que teníamos que creernos que ese grupo de desconocidos formaban una familia». Mientras que los intérpretes profesionales garantizan una calidad interpretativa, los rostros anónimos aportan una credibilidad inherente, puesto que se diluye la frontera entre persona y personaje. Se les coloca en nuevas situaciones, escenarios de ficción, pero se les pide reaccionar a los hechos como ellos mismos lo harían en su vida normal. Por eso, y en palabras de Mireia Juárez, «cuando se trabaja con no actores, lo que se busca son a personas que se acerquen lo máximo posible a lo que está escrito en el guión». Es el caso de Jordi Pujol, una de las nueve mil personas que participaron en el casting de 'Alcarrás' y que durante gran parte de su vida se ha dedicado al cultivo de la fruta. En la pantalla interpreta a Quimet, un 'pagès' que vive por y para la recogida del melocotón. «Hay cosas que me encantan de él y otras que no. Pero en el fondo lo entiendo». Tanto es así que Pujol recuerda haber convivido con el personaje, incluso fuera del set. «A veces, después de un día de rodaje, me lo 'llevaba' puesto un rato en casa hasta que mi mujer me decía 'baja ya al suelo, baja, que no estás rodando'».

La creatividad al trabajar con actores naturales

Más allá de 'Alcarrás', esta temporada el cine español cuenta con varios títulos interpretados por no actores que ponen en evidencia el atractivo de esta disciplina. 'Seis días corrientes', la gran triunfadora en los pasados Premios Gaudí, es uno de ellos y Neus Ballús es su directora. «Me parece absurdo desde el punto de vista creativo no utilizar este método teniendo en cuenta lo rico que es para el espectador». La cineasta se refiere a la variedad de cuerpos y rostros que los actores no profesionales aportan a la imagen, pero también a la diversidad lingüística y los acentos que traen consigo. De hecho, en 'Seis días corrientes' escuchamos español, catalán y árabe. La película narra una semana en la vida de Valero y Moha, trabajadores de una pequeña empresa de fontanería y electricidad. Ballús encontró a los intérpretes, Valero Escolar y Mohamed Mellali, en la Escuela de Instaladores de Barcelona. «Me colaba en las clases y los observaba interactuar con los profesores, preguntar dudas… Llegué a ver a mil fontaneros». Nada en esta película está hecho de forma convencional, ya que el guion surgió a raíz de los encuentros semanales entre el reparto y la directora. En total, dos años en los que trabajaron principalmente con improvisaciones, es decir, escenas que se montan en el momento. «Gracias a ese tiempo, llegué a conocerlos tan bien que no me hizo falta marcarles diálogos en el guion», recuerda Ballús. Una vez en el rodaje, el juego no se detuvo porque la directora quería que ninguno de ellos se olvidara de que su oficio era la razón por la que estaban ahí. «Una persona del equipo de Arte provocaba averías a propósito para que cuando ellos entraran a rodar tuvieran que descubrir qué es lo que no funcionaba». El resultado: una comedia llena de ternura y humanidad en la que quedan retratadas las vulnerabilidades de unos y otros.

El trabajo con actores naturales permite (o exige, más bien) nuevas metodologías, ya en el rodaje pero también durante la búsqueda de esos desconocidos. Chema García Ibarra lleva más de diez años haciendo películas con personas sin experiencia actoral. Su cine, una mezcla de ciencia ficción y costumbrismo, no podría entenderse sin esa pretendida artificialidad que surge, precisamente, de gente corriente plantada frente a la cámara. En la preparación de 'Espíritu sagrado', estrenada hace unos meses y galardonada en el Festival de Locarno, contó con la colaboración de la francesa Cendrine Lapuyade, especialista en lo que se conoce como 'casting salvaje': ir por la calle y parar sin miramientos a las personas que puedan encajar con los perfiles que se necesitan. «Como estábamos en pleno confinamiento, tuvimos que inventarnos una versión online de esto mismo», recuerda García Ibarra. Entonces decidieron anunciar las pruebas en Elche y sus alrededores como una oferta de trabajo. «Nunca usamos la palabra 'casting' porque no interpela a una persona que no quiere ser actor», especifica. En su lugar, emitieron anuncios por las radios locales e imprimieron octavillas. «Añadimos que no era necesario contar con un físico determinado ni ser extrovertido». A la oferta respondieron unas tres mil personas. El director ilicitano supo sacar provecho de la inexperiencia de sus ya actores, facilitando que desde los ensayos se colaran «gestos, tics, que me recuerdan a la vida. Así, en una historia de ficción, se crea esa atmósfera documental que tanto me interesa».

'Espíritu sagrado', 'Seis días corrientes' o 'Alcarrás' son claros ejemplos de la variedad que introducen los castings naturales en las ficciones y también de sus posibilidades creativas. Pero hay y habrá más casos. ' Canallas', de Daniel Guzmán, estrenada recientemente, está protagonizada por Joaquín González, amigo del director desde la adolescencia y sin ninguna experiencia previa ante la cámara. 'El agua', de Elena López Riera, seleccionada para la Quincena de Realizadores del Festival de Cannes, presenta un reparto mixto, con actores profesionales y debutantes.