El cóctel de una noche de verano

Décimotercera entrega

Cruzando el umbral

Se termina esta correspondencia de verano. Todo acaba pero todo vuelve a empezar. Hay finales abruptos y otros que sirven para abrir nuevas rutas. De remate, una despedida más dulce que amarga

ANDREA MORÁN | JOSÉ ÁNGEL ESTEBAN

Aquí plantada

Amigo, llevo unos cuantos minutos frente a mi portal, contemplando el fin. Agarrada al equipaje, en la acera de enfrente, debe parecer que estoy esperando a que salga alguien cuando en realidad soy yo la que necesito atreverme a entrar. Una parálisis en toda regla. Hay quien prefiere que el verano se diluya con suavidad, que tarda días en deshacer la maleta, se toma su tiempo para echar de menos, aguantar el bronceado y publicar las fotos. No va conmigo, me puede mi lado pragmático: el último domingo de agosto para mí es una tirita que se arranca cuando metes las llaves en la cerradura. Se puede hacer en un pispás, pero con actitud. Por eso estoy aquí plantada, mentalizándome de que será cruzar el umbral y dar por terminado el verano pero también esta compañía de palabras y sorbos. De aeropuertos y verbenas. De piscinas y propósitos. De besar junto a un mostrador de helados y de leer bajo el ventilador.

Las vacaciones sirven para perder de vista lo de siempre -incluso a nosotros mismos-, pero ahora, a cuatro metros de distancia, empieza la oportunidad de mimar el reencuentro, sacarle ventaja a septiembre y hacerlo siempre con hielo en el congelador. Por muchos veranos más.

En los rincones

Querida. Me he pertrechado a conciencia para este desenlace fatal. Para empezar, he explotado la agenda al máximo. Dónde está quién, dónde ha estado. Tengo la semana repleta de citas. Directo a la rutina, pero antes que cada cual se explaye con sus fantasías. Me gustan estos días de luz todavía estirada, los termómetros relajados, la modorra de lo que pudo ser en cada relato. Contaré lo mío, lo nuestro. Y lo sabemos todos: el invierno traerá más realidad. Demasiada, por lo que se vislumbra, aunque me niego a ser infeliz antes de tiempo.

La casa, mientras, nos ha guardado el hueco. Ahí estoy, ahí estamos, otra vez cada uno en sus rincones, el espacio exacto que nos corresponde.

Todavía, fuera de responsabilidades y obligaciones, me he guardado para el final de esta aventura un regalo para mí mismo: el Cuaderno de Actividades para Adultos, ese librito de pasatiempos y ejercicios pensados para las vacaciones. Me lo quedo justo para este momento de mi vida. Beberé contigo la mezcla dulce y amarga que nos corresponde, pero me voy a emborrachar de sopas de letras, laberintos, crucigramas y juegos de lógica, perfectos para matar el tiempo que ahora empieza. Y, siempre, siempre a tu salud.

The end

Terminamos la cata con un preparado amargo y dulce, del maestro Javier Caballero. Complejísima receta con tequila añejo, azúcar para disolver, bitter de chocolate y vainilla, toques de café y de humo, y decoración de piel de naranja y una oncita de chocolate pasada por el soplete. This is the end, beautiful friend. Por Carlos G. Fernández.

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Créditos

  • Narración y textos: Andrea Morán, Carlos García y José Ángel Esteban

  • Producción técnica: Iñigo Martin Ciordia

  • Edición y mezcla: Carlos G. Fernández

  • Remezcla y postproducción: Rodrigo Ortiz de Zárate

  • Ilustraciones: Adrià Ramírez