Borrar

‘Pasaje a la India’ de David Lean

Joyas impopulares ·

Elegante y lánguida, sutil en los pliegues, el último filme del grandioso cineasta tuvo tanto de resurrección, tras un largo paréntesis, como de legado creativo

Guillermo Balbona

Santander

Jueves, 19 de octubre 2017

Necesitas ser registrado para acceder a esta funcionalidad.

Opciones para compartir

El pulso aparente que subyace entre las ‘grandes superproducciones’ de David Lean y las obras casi de cámara es una dicotomía un tanto falsa. Su poco conocida ‘Madeleine’, fruto del cineasta en los 50, vuelve a subrayar esa elegancia innata del director. Viajes, lugares en el mundo, culturas diferentes, históricas en ese caso. Son decorados al fin y al cabo. Al director de ‘Pasaje a la India’, su testamento, lo que verdaderamente le importaba era ese itinerario psicológico de grandes victorias y derrotas en el amor y pequeños detalles en el vínculo entre el individuo y el entorno. Elegante y lánguida, sutil en los pliegues de su relato el que fuera último filme del grandioso cineasta David Lean –tras la incomprendida y maravillosa ‘La hija de Ryan’ que casi le deja en la cuneta de la historia– tuvo tanto de resurrección, tras un largo paréntesis, como de legado creativo al sorprenderle unos años después la muerte. Adaptación de una novela del escritor E. M. Foster, el viaje en femenino singular que atraviesa esta obra hermosa, coherente con la brillante trayectoria de uno de los grandes directores de la historia, lo es tanto geográfico, exterior, paisajístico y contemplativo como interior y posado. Intimismo y espectacularidad, sus dos coordenadas naturales, marcan el tempo de esta historia sobre la sexualidad, lo sensorial, la colisión entre culturas y la mirada pura o contaminada frente al mundo. Quizás por eso que llamamos madurez o por la recuperación de su pulso y caligrafía, el cineasta de ‘La hija de Ryan’

Mostró con poderoso y atractivo equilibrio tantas dosis de clasicismo como de diáfana vocación de estilo propio, sensual y extraño. La autenticidad que demuestra el cineasta, el uso de nuevo de la fotografía y el sonido como factores clave envuelven su desembarco en el duelo entre vitalidad, sensación y represión. El cine de Lean es muchas veces un roce sobre la piel y ‘Pasaje a la India’ desprende un auténtico masaje de los sentidos. Un gesto límpido, un cauce de emociones contenidas pero transparentes y un melancólico ritmo envuelven una historia que contiene sugerencias, contrastes y una forma diferente de acercarse a las atmósferas y al universo de un novelista al que el cine ha tuteado con obras como ‘Una habitación con vistas’ o ‘Maurice’. Las excelentes interpretaciones y la música de Maurice Jarre conjugan la sinfonía estética que propone Lean a través del manejo de los matices, el juego casi coreográfico pero invisible de miradas, los deseos reprimidos, los prejuicios y las emociones. Frente a cierto costumbrismo, lo antropológico, el contraste de culturas y el drama judicial, el filme exuda un misterio singular, una especie de perfume que impregna su inmersión en esa búsqueda personal tan difícil de definir. Deseo y temor, colisiones culturales, juego de intérpretes con destacadas presencias como las de Judy Davis, James Fox y Nigel Havers.

La visión crítica de lo colonial, la desigualdad racial y de clases, no siempre abordadas con equilibrio en la parcialidad y la moralidad, contrastan con la delicadeza y desmayo de esa hermosa mirada tendida que es toda la cinta de Lean. Caleidoscopio de pasiones, intercambio de contrastes, es un filme repleto de sabiduría, muy pulcro, que ahora puede desafiar con facilidad la superficialidad, banalidad y el elogio de la inmediatez que nos invade. Hay una humildad y una mirada reposada pero incisiva que la película muestra como un catálogo de lo humano.

David Lean, incansable, siguió manteniendo un pulso por llevar a la pantalla ‘Nostromo’, la novela de aventuras de Joseph Conrad, pero ni productores ni aseguradoras lo consintieron y la muerte se encargó de dejar el proyecto en una idea nunca acometida. El cine, no obstante, siempre fue su mejor pasaje vital.

Publicidad

Reporta un error en esta noticia

* Campos obligatorios