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Quentin Crisp y Tilda Swinton en 'Orlando' (1992).
'Orlando'

'Orlando'

Joyas impopulares ·

La experimental cineasta Sally Potter dirige a Tilda Swinton en esta controvertida mirada sobre la obra de Virginia Woolf

Guillermo Balbona

Santander

Miércoles, 12 de septiembre 2018

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«Por diversos que sean los sexos, se confunden. No hay ser humano que no oscile de un sexo a otro, y a menudo sólo los trajes siguen siendo varones o mujeres, mientras que el sexo oculto es lo contrario del que está a la vista», escribe Virginia Woolf en 'Orlando'. La cineasta Sally Potter, directora de 'The Party', firmó su ópera prima mediática (a excepción de algún documental primerizo y de 'Buscadores de Oro' Gold Diggers) con esta primera adaptación al cine de la afamada novela de la escritora inglesa.

Con 'Orlando', confesó en su día la directora, «he aprendido a no rendirme, a creer en mi propio sueño y a apreciar a la gente que quiero». Esteticista, controvertida, preciosista, barroca, la cinta está marcada por la presencia de la actriz Tilda Swinton, portadora de una atmósfera propia y de un estilo que al encarnar a Orlando muta en una mezcla de criatura onírica, melancólica, ambigua y fuera del tiempo.

El retrato de quien, «con el paso de los siglos, pasa de hombre a mujer, mientras bucea en los misterios de la vida, el arte y la pasión», es una narración sutil, entre la fascinación y el viaje en el tiempo, entre el magnetismo y la desazón. Hay un juego estético, lánguido y delicado, pero también puede interpretarse como afectado en esta lectura de la novela desde «la complejidad y la riqueza femenina».

La directora de 'La lección de tango' mostraba sus credenciales con una radical apuesta por subrayar una mirada personal, a medio camino entre duelos y contradicciones, entre lo estilizado y lo cargante. Una incursión en ese estado de transformación que envuelve al personaje que recibe el encargo de sus padres de seducir a la reina Isabel I de Inglaterra, a fin de conseguir favores y propiedades.

La anciana reina le concede a perpetuidad la propiedad de la ancestral casa paterna, con una sola condición: Orlando no debe desaparecer ni marchitarse nunca. Dos siglos después, durante un viaje a Oriente Próximo, Orlando realizará una metamorfosis que le convertirá en mujer. A través de una mirada andrógina, desde la ambigüedad y cierta asepsia, el filme se adentra en un terreno minado, el de la traslación de una de las cumbres de la literatura al lenguaje del cine.

Al reto se le suma una aureola de inadaptabilidad por que el de Woolf se antoja un ecosistema cerrado, enroscado en su conciencia y en su complejo universo sobre la condición humana. El género, la identidad, las convenciones, los estereotipos, la fugacidad, lo imperecedero, la inmortalidad, lo inmutable... son sendas, factores propios para las recreaciones artísticas, la inventiva y quizás cierta experimentación desprendida del filme. Imágenes bellas, miradas directas a cámara rupturistas con el lugar común de la ficción giran en torno al concepto de narrador-biógrafo de la novela, 'Orlando: A Biography'. El cuidado de la escenografía, ese remarcado acento visual de cada escena y cada plano incluso, el esperpento y la caricatura, todo parece construir un juego de espejos sobre la identidad, la homosexualidad y el papel de la mujer en la sociedad.

Tilda Swinton y Billy Zane en 'Orlando' (1992).
Imagen principal - Tilda Swinton y Billy Zane en 'Orlando' (1992).
Imagen secundaria 1 - Tilda Swinton y Billy Zane en 'Orlando' (1992).
Imagen secundaria 2 - Tilda Swinton y Billy Zane en 'Orlando' (1992).

Hay un síntoma atractivo que late en el corazón de 'Orlando' película: la pulsión de evanescencia, rareza y densidad, entre el vértigo y el caleidoscopio, entre la exquisitez de ambientes y épocas y la elegancia. «Orlando también hace hincapié en la idea de Woolf de que la vida es difícil para ambos lados: tanto para la mujer como para el hombre», dijo en su día Potter. La propia cineasta se postula con una película que crece en la diferencia, en el distanciamiento, en la pasión contenida, en la extrañeza. Swinton contribuye a rotular ese trayecto entre espacios y tiempos, ese aire de transgresión, también de ensoñación epatante, de una persecución de lo formal y estético que trasciende la sexualidad de sus personajes.

El vínculo entre Virginia Woolf y Vita Sackville-West se halla en el fondo de la obra original que Sally Potter, en su mutación visual, alimenta con un mensaje feminista. Aunque abierta a la polémica, no es menos cierto que su filme nunca descuida la potencia emocional y ese estrangulamiento de la ficción que ya no distingue ni sus raíces ni su destino.

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