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James Stewart en 'La ventana indiscreta'

James Stewart, el hombre de las manos

A propósito del 25 aniversario de su muerte, repasamos cuatro películas en las que este legendario actor encarnó al americano medio. Los suyos fueron personajes marcados por la dignidad, la bondad y la extraña atracción de ser perfectamente corrientes

Andrea Morán
ANDREA MORÁN

«Se necesita ver los films de James Stewart sin subtítulos que tapen las manos». Puede parecer una exageración, pero Luc Moullet estaba en lo cierto. La primera vez que el actor aparece en 'Caballero sin espada', de Frank Capra, las letras tapan el gesto de este hombre desconocido que está a punto de convertirse en senador. Se aprieta las manos, entrelaza los dedos, nervioso, y entendemos el salto que supone para él trasladarse desde su pueblecito hasta Washington.

Este es solo uno de los múltiples recursos que Moullet extrae para proponer algo así como el denominador común del estilo interpretativo de Stewart. Lo hace en 'La política de los actores', libro que se publicó en 1993 pero que no fue traducido al español hasta el año pasado, gracias a la editorial Athenaica.

En esas páginas, Moullet se aproxima al terreno de la interpretación con una mirada analítica, desgranando las actuaciones de cuatro grandes del Hollywood Clásico: Gary Cooper, John Wayne, Cary Grant y James Stewart, del que este sábado se conmemoran 25 años de su muerte. Sobre este último, afirma que «permitió reconciliar la América profunda con la 'intelligentsia'» al interpretar al hombre promedio pero también al ciudadano excepcional.

El actor como posible autor

Para el crítico y cineasta francés, «los actores de cine son siempre anatemizados». Mientras que la estimación de un director recae en el valor artístico de sus películas, la de un intérprete está ligada al valor comercial de esos títulos. Tanto recauda, tanto vale. Los actores, además, han sido relegados por la crítica de cine a un segundo plano.

Escena de 'Caballero sin espada'

En este libro, Moullet parece compensar esa desatención con un análisis minucioso que le permite evitar los lugares comunes con los que, quizá por desconocimiento, quizá por falta de tradición, se suele despachar a los intérpretes. En los carteles promocionales estamos acostumbrados a leer 'actuación magistral', 'personaje inolvidable', 'tour de force', expresiones que buscan el titular pero están un tanto huecas por dentro.

Moullet hace lo contrario y va al detalle, a la unidad mínima: puede ser un tic, una forma de mirar, una postura o un acento que por su recurrencia da paso a un estilo, a una tendencia interpretativa. En qué porcentaje el actor participa en la creación de un film, cuánto de su trabajo es consciente o qué ideas corresponden al director y cuáles son propuestas actorales es algo imposible de cuantificar, pero nos recuerda que el cine es un arte colectivo.

En su estudio, también presta atención a la percepción pública de los actores para entender de qué forma ésta retroalimentaba el tipo de personajes que encarnan. Si hablamos de James Stewart, un dato parece determinante: su participación en la Segunda Guerra Mundial, dentro de la aviación, le dibuja como un americano leal y comprometido con su país, un rasgo que fortalecía aún más la dignidad que solían desprender sus protagonistas, muchos de ellos ligados al ámbito jurídico, periodístico o del orden.

A continuación, repasamos cuatro títulos clave en su filmografía para desgranar esos gestos que fue retomando a lo largo de su carrera y que crean inesperados vasos comunicantes entre trabajos de diferentes directores.

Frank Capra, 1939

Caballero sin espada

Esta es la segunda película que Stewart rodó con Frank Capra. Destaca una escena en la que el protagonista, Mr. Smith, un hombre con ideales, recién nombrado senador, se encuentra con una mujer. No le vemos la cara, solo cómo maneja el sombrero: se le cae, lo estruja, lo vuelve a perder, titubea… Para Moullet, los movimientos de manos de Stewart son originales, precisos, y le permiten hablar sin utilizar la palabra, aquí ni siquiera el rostro. De forma brillante, únicamente por ese objeto, el sombrero retorcido, entendemos que Smith se ha enamorado.

George Cukor, 1940

Historias de Filadelfia

En este clásico de la 'screwball comedy', Stewart interpreta a un periodista romántico e ingenuo que muestra algunos de los gestos que ya tenía Mr. Smith. Aquí comparte plano con Katherine Hepburn y Cary Grant, lo que le sitúa a nivel del resto de los mortales, algo que aprovecha para enfatizar ese aspecto de ciudadano medio, hombre corriente y acaso simple, que eructa, balbucea, tiene hipo y canta desafinado. Tal vez ahora esto no nos sorprenda, pero en los años 40, cuando se premiaba un tipo de actuación más pulida o estelar, resultaba llamativo

Disponible en Filmin

Alfred Hitchcock, 1954

La ventana indiscreta

En el repaso por su carrera, Luc Moullet detecta que muchos de los personajes de James Stewart sufren un hándicap moral y uno físico, una tara que le dota de pasado y de complejos. Un ejemplo paradigmático de esta premisa es 'La ventana indiscreta', donde el actor interpreta a un fotógrafo con la pierna rota y postrado en una silla de ruedas. Para Moullet, Stewart, que era «el actor más capaz de actuar sin moverse», fue la mejor opción para este papel. Tanto es así que habla de «actuación manual» en las escenas que comparte con Grace Kelly.

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John Ford, 1962

El hombre que mató a Liberty Valance

De nuevo encontramos a Stewart dando vida a un hombre de ley, primero abogado y después senador, alguien que se opone a la violencia aunque ésta se erija como el desenlace inevitable. Él viste delantal y lava platos; John Wayne luce sombrero y pistola. Las dos caras de América, pasado y futuro, parecen enfrentarse. Un western crepuscular y desencantado en el que tanto la justicia como la victoria son agridulces. Con Stewart de por medio la épica se vuelve humana, tiene dobleces. Como dice Moullet, «es un hombre ordinario que trata de llegar al mito, pero que nunca lo logrará».

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