Pedro Sánchez abandona Ferraz tras dimitir como secretario general del PSOE, el 1 de octubre. / AFP

Seis años de la caída de Sánchez en el PSOE

El 1 de octubre de 2016 se celebró el Comité Federal que apeó al actual presidente del Gobierno de la secretaria general socialista

Javier Arias Lomo
JAVIER ARIAS LOMO

Hoy se cumplen seis años del episodio que apeó a Sánchez de la secretaría general del PSOE y que supuso una de las mayores crisis en la historia de la formación socialista. El 1 de octubre de 2016 se producía el Comité Federal en el que sus oponentes dentro del partido le hacían dimitir tras sus malos resultados electorales y su negativa a permitir un Gobierno del PP con Mariano Rajoy a la cabeza. En aquel entonces un buen número de barones territoriales se encontraban muy alejados ya de las tesis defendidas por el ahora presidente del Gobierno y la entonces presidenta andaluza, Susana Díaz, estaba a la cabeza de quienes querían verle fuera de Ferraz.

Sánchez había decidido unos días antes convocar unas primarias el 23 de octubre y un congreso extraordinario a principios de septiembre. Pero la intentona de apaciguar los ánimos entre sus oponentes internos no dio resultado. Y es que en contra de Sánchez también estaban muchas de las personas que conformaban su Ejecutiva, la razón última por la que el líder socialista no tuvo más remedio que renunciar a su cargo.

Fue la primera vez en la historia del PSOE en el que se echaba a un secretario general de su cargo. Once horas de Comité Federal -estaba convocado a las 9.00 horas y a las 23.00 aún no había acabado- con centenares de militantes a las afueras. Muchos de ellos se encontraban allí para apoyar a Sánchez y acusar de «golpistas» a los miembros del sector críticos.

Imagenes del 1 de Octubre de 2016. / agencias

El líder socialista perdió la votación interna a la que se sometió. Pero los momentos que dejó jornada antes de ello son para el recuerdo. Un espectáculo interno de voces, descalificaciones y enfrentamientos. Desde primera hora de la mañana el sector de Sánchez intentó que los 253 delegados provinciales votaran en urna y en secreto. Tras horas de negociaciones entre la presidenta del Comité Federal, Verónica Pérez, por los críticos, y el secretario, Rodolfo Ares, por la dirección, llegaron a una propuesta. Decidieron que el órgano sometiera a votación convocar un congreso extraordinario con votación de la militancia el 23 de octubre para elegir nuevo líder.

Y en ese momento se produjo el momento de mayor tensión del día. Cuando se estaba discutiendo sobre el voto en urna, el sector de Sánchez colocó las urnas por sorpresa y sin avisar cerca de las 18.00 horas. Y se empezó a votar. Numerosos delegados críticos empezaron a gritar y a increpar a la dirección: «¡Pucherazo!». Susana Díaz llegó incluso a llorar pronunciando el famoso «¡están matando al PSOE!». Los críticos consideraron que la votación estaba siendo «ilegal».

Tras otras dos horas de negociación, la dirección accedió a que la votación se realizara finalmente por llamamiento -de viva voz-.Y el resultado de la votación final fue de 132 votos contra Sánchez y 107 a favor. Sánchez perdió la votación y pronunció aquello de «ahora me preparo para recorrer España con mi coche». Lo mismo con su escaño en el Congreso de los Diputados. De hecho, cuando regresó a la secretaría general del PSOE al ganar las primarias que se celebrarían meses más tarde -y en las que vencería a Susana Díaz y Patxi López -, atravesó la misma circunstancia durante unos meses a la que ahora mismo se enfrenta Feijóo: no ser diputado y poder confrontar al Ejecutivo en hemiciclo.

Los días previos a esa fatídica jornada, la del 1 de octubre, ya habían sido de terror para los socialistas. El miércoles, 17 miembros de la Ejecutivo socialista dimitieron para forzar así la dimisión de Sánchez. Entre ellos se encontraban el entonces secretario de Política Federal del PSOE, Antonio Pradas, destacado dirigente de la federación socialista andaluza, y Eva Matarín, secretaria de Inmigración y afín al exdirigente madrileño Tomás Gómez. Las federaciones socialistas que mantuvieron su apoyo a Sánchez hasta el mismo instante en el que decidió dar un paso atrás fueron la del PSC, el PSE y Baleares.

La estrategia de hacer dimitir a más de la mitad de la Ejecutiva socialista era una de las opciones que los críticos barajaban para apartar a Sánchez. Según los estatutos del PSOE, la dimisión de «la mitad más uno» de los miembros de la Ejecutiva obligaba a celebrar un Comité Federal extraordinario para nombrar una nueva dirección del partido. El ala crítica esgrimió entonces que Sánchez y el resto de personas que seguían ya no estaban legitimados porque habría quedado disuelta.

Una gestora -en manos del entonces presidente asturiano Javier Fernández- fue la encargada de dirigir el partido hasta la celebración de las primarias que, paradójicamente, restituyeron a Sánchez en el cargo.