Miembros del Grupo de la IV Bandera Cristo de Lepanto del Tercio Duque de Alba 2º de la Legión, en Ceuta / Fernando Torres

Una Legión de humanidad

La IV Bandera del Tercio Duque de Alba 2º se lanzó al apoyo de la Guardia Civil y Cruz Roja en un servicio histórico. Así lo vivieron sus soldados

JUAN CANO / FERNANDO TORRES Enviados especiales a Ceuta

Ninguno de ellos olvidará lo oscura que estaba la playa de Ceuta ese lunes de mayo. Algunos llevan más de una década sirviendo en la Legión Española. Otros, como la dama legionaria Saray García, se alistaron hace poco más de un año. Cuando fueron desplegados en la arena de El Tarajal el lunes de madrugada se vieron inmersos en una gran marea humana que se afanaba por cruzar de Marruecos a España, ya fuese a nado o por encima de la valla. Las órdenes eran claras aunque difíciles de cumplir: debían salvar vidas y evitar a su vez que la situación escapase al control de las autoridades. Gracias a grandes dosis de humanidad y al trabajo conjunto con la Guardia Civil, la Policía Nacional y Cruz Roja, la misión –tal vez la más importante de sus vidas– tuvo éxito.

Un grupo de soldados de la IV Bandera Cristo de Lepanto del Tercio Duque de Alba 2º de la Legión relata sus vivencias en el puesto de control de la Guardia Civil, entre la frontera española y la primera zona de exclusión. Lo hacen con el uniforme limpio, las botas brillantes y el gorro de cuartel libre de arrugas en un momento de calma –alterado por el paso de algún que otro helicóptero y la lenta llegada de marroquíes que regresan a su país tras despertar en la calle del sueño español–. Tan solo unas horas antes, sus camisas verdes estaban llenas de arena y agua de El Tarajal.

Saray García, natural de Ronda, recuerda a la perfección la sensación que la invadió cuando recogió a un chaval «muy pequeño» que tiritaba desconsolado al bajarse de una lancha de la Guardia Civil. «Estaba súper asustado, se me agarró y lo llevé hasta la orilla. Tenía muchísimo frío. A lo mejor al verme sintió esa confianza, esa seguridad, y por eso me abrazó». Reconfortada por la sensación de haber aportado algo de consuelo en mitad de la crisis fronteriza, la dama legionaria reconoce que le «dolía» cada vez que veía un niño pequeño entre la hecatombe. «Ellos no tienen culpa de nada, son inocentes».

El caballero legionario Manuel Antonio Guerrero es natural de Ceuta. Tiene 28 años, conoce bien los valores del antiguo Tercio de Extranjeros y sabe que en servicios así aflora el sentido del deber de todo soldado. «Hemos cumplido las órdenes, hemos ayudado a salvar a gente que creo que habría perdido la vida si no hubiéramos estado ahí». Orgulloso, explica que quiere quedarse con la sensación que le deja el «deber cumplido». «Nos sentimos muy contentos por el trabajo realizado». Su compañero Francisco Malia (33 años) es natural de Barbate. Aunque lo intenta, no encuentra los términos exactos para describir la sensación que los invadió cuando vieron con sus propios ojos el motivo por el que se habían movilizado hasta El Tarajal junto al Grupo de Regulares del Ejército de Tierra: «El trabajo está bien hecho, pero lo que vimos allí no tiene palabras».

Natural de la Alpujarra de Granada, el caballero legionario Juan Manuel Gallego –de 30 años–, también tuvo su propia experiencia con un crío que se había subido a un tejado. «Sentí que podía ayudarlo, confió en mí, se me agarró y junto a otros compañeros lo bajamos para que no se hiciese daño». Asegura que fue una labor «muy reconfortante», una vivencia personal «única». «Empatizas y sacas tu corazón al ver que estás ayudando a los demás, estamos muy contentos de irnos con el trabajo hecho». Los legionarios reflexionan, gracias a la calma que aporta la vuelta parcial a la normalidad fronteriza, y sacan una conclusión de lo vivido: los miles de marroquíes que esta semana cruzaron la frontera perseguían un sueño inexistente, y en el camino se encontraron con unas dificultades que podrían haber acabado con su vida. Entre el miedo, la incertidumbre y la tensión, encontraron en el Ejército Español un aliado inesperado. «Se les ayuda, se les levanta, se les apoya, se dan cuenta de que no somos los malos», resume Guerrero.

Los capitanes al mando de la operación humanitaria fueron Isaac Bueno, jefe de la I Compañía de la IV Bandera, y Juan Ramón de Villajuste, a cargo de la IV Compañía de la misma bandera legionaria. En términos operativos, lo más complejo de la misión fue «el control de la masa y su propia seguridad: «Había grandes aglomeraciones en el territorio nacional y teníamos que hacer ese trasvase de la zona de acción a los puntos de control de la Guardia Civil y Cruz Roja», expone Villajuste. Bueno añade que, para la finalización exitosa de la misión, era fundamental prestar apoyo a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad desplegadas en la playa, con Cruz Roja como eje de la acción sanitaria y de atención primaria.

El balance de ambos es, tanto en lo personal como en lo profesional, «muy positivo», ya que la operación, además de para poner a salvo a cientos de personas, ha servido para «verificar, mejorar y actualizar procedimientos», así como engrasar la «colaboración con Guardia Civil y Cruz Roja». «Hemos trabajado como un todo de forma eficaz», afirma Bueno. Villajuste añade, castrense: «Todos los legionarios estamos para lo que requiera España, para nosotros ha sido un orgullo que nuestro país nos utilice en los puestos de mayor riesgo y fatiga, como creo que en este momento ha sido el perímetro fronterizo de la ciudad autónoma».

Isabel Brasero, responsable de comunicación de Cruz Roja, define como crucial el trabajo humanitario conjunto con el Tercio Duque de Alba 2º. «Ellos se encargan de acercarnos a todo el que necesita atención, también para hacer triaje». Cuando vieron aparecer a la fuerza de élite en la vorágine de la playa respiraron un poco mejor y sintieron la llegada del primer alivio: «Aquí la Legión es sinónimos de ayuda, el pueblo de Ceuta está muy contento con su trabajo y con el de todo el Ejército de Tierra».

Saray García, miembro del Grupo de soldados de la IV Bandera Cristo de Lepanto del Tercio Duque de Alba 2º de la Legión, en Ceuta / Fernando Torres

Vocación legionaria de Ronda hasta la frontera de El Tarajal

En su casa la Legión tiene un significado especial. Saray García quería entrar en las Fuerzas Armadas desde que tiene uso de razón, pero, en su caso, la plaza fija y las expectativas laborales no tenían mucho peso en la ecuación. Su padre, su tía y familiares, han vestido con orgullo la camisa verde, y ella hace un año, con 19, cumplió el sueño de mantener vivo el legado. Ahora, en la crisis fronteriza de El Tarajal, a sus veinte años ha vivido un episodio de envergadura que «da sentido» a todo el camino que la ha llevado desde Ronda hasta Ceuta.

Sus familiares siguen de cerca los pasos de Saray en la crisis fronteriza: «Me han dicho que están muy orgullosos de mí». La dama legionaria confiesa que nunca podría haber imaginado que, en su primer año de servicio, tuviese que hacer frente a una misión así.

Durante el servicio se encargó, principalmente, de escoltar a los niños hasta un lugar seguro. Saray, que tiene «muy claro» que algún día será madre, no podía de pensar en los padres de esos críos. En su memoria se ha quedado grabado el rostro de una niña, de unos catorce años, que «lloraba sin parar» en busca de su hermana, «que tendría unos 12».. «La buscamos, intentamos dar con ella, pero no pudo ser. La dejé a salvo, aunque sin saber dónde estaba su familia». Pese a lo duro de la operación de El Tarajal, esta soldado de élite cree que misiones así «dan sentido» al esfuerzo y al camino que recorrió para cumplir su sueño. «Por esto vale la pena estar aquí».