Don Juan Carlos atajó los rumores sobre su estado de salud con esta imagen el 15 de febrero de 2021, en la que aparece con el príncipe heredero emiratí.

El espinoso regreso del rey emérito

Dieciocho meses en Abu Dabi. Juan Carlos I se dispone a volver a España, donde no tiene previsto fijar su residencia permanente y se alojará en casas de amigos

María Eugenia Alonso
MARÍA EUGENIA ALONSO Madrid

La historia del rey emérito para Zarzuela se detuvo el 29 de enero de 2020. Como miembro -no activo- de la Familia Real se le respeta su lugar en la web de Casa Real, junto a los reyes Felipe y Letizia, la princesa Leonor, la infanta Sofía y la reina Sofía. Pero desde ese día, desde el funeral por su hermana la infanta Pilar en el Monasterio de El Escorial, ni un movimiento en el lugar donde se almacenan discursos históricos, imágenes y actos de don Juan Carlos. El título honorífico de rey es el único privilegio del que hoy disfruta. Y disfrutará.

En Zarzuela guardan silencio y aguantan la respiración ante la nueva tormenta que se avecina. El archivo judicial de las tres causas contra el emérito, después de que la Fiscalía concluyera que no existen elementos para presentar una querella contra él en el Tribunal Supremo, supone un alivio para Felipe VI. Pero abre un nuevo escenario no exento de interrogantes. Alguno de ellos se clarificarán esta próxima semana, cuando el abogado de don Juan Carlos, Javier Sánchez-Junco, dé a conocer las «decisiones» que pueda tomar el rey emérito. Lo hará una vez que viaje a Abu Dabi, donde Juan Carlos I fijó su residencia en agosto de 2020, y le traslade personalmente los escritos que le exoneran de todas las líneas de investigación abiertas, pese a constatarse numerosas irregularidades.

Los fiscales del alto tribunal han visto imposible perseguir esas ilegalidades porque algunas fueron cometidas cuando era inviolable -antes de su abdicación en junio de 2014-; porque las regularizaciones fiscales que presentó en diciembre de 2020 -de 678.000 euros- y febrero de 2021 -de 4,4 millones- le libran del delito contra Hacienda o porque no hay pruebas que avalen su relación con la fortuna descubierta en paraísos fiscales o de que recibiera comisiones en Arabia Saudí.

Decisión de Zarzuela

Cerrado el frente judicial, se abre el del espinoso regreso del rey emérito a España, un asunto que, insisten desde Moncloa, atañe únicamente a Zarzuela; que ha de ser don Felipe, consciente de que prolongar mucho más tiempo la estancia en Abu Dabi tampoco soluciona las cosas, quien gestione con su padre el cuándo y el cómo de su vuelta a España. «Nunca va a ser un buen momento. Así que cuanto menos se dilate, mejor». Es la respuesta que da un amigo cercano a don Juan Carlos que sabe que el deseo del emérito de regresar a su país, de poder volver a reunirse con sus amigos, recibir la visita de sus hijas y nietos, choca frontalmente con el posible daño reputacional que puede hacer a la Corona, a su hijo, por quien «siente verdadera devoción».

Y así lo dejó por escrito tanto en su discurso de abdicación como cuando más tarde comunicó, en mayo de 2019, que abandonaría toda actividad institucional o, ya más recientemente, cuando le comunicó por carta, el 3 de agosto de 2020, que se trasladaba fuera de España.

En diciembre del año pasado, don Juan Carlos reapareció para asistir al partido entre Rafael Nadal y Andy Murray en Abu Dabi.

Don Juan Carlos no sospechaba entonces que lo que su entorno describió y aún describe como «un exilio forzoso» iba a prolongarse 18 meses. Se marchó con la idea de regresar cuatro meses después, en Navidad. Pero ni aquellas ni las siguientes. Ahora, cuando ya planea la vuelta, la incógnita que se plantea es dónde fijará su residencia. «En Zarzuela, que es lo que él querría, no», responde tajante un miembro de la nobleza española.

Es más, la opción que cobra cada día más fuerza es que no fije su residencia permanente en España, que cuando visite el país del que fue jefe de Estado durante cuatro décadas se aloje en casas de amigos. Y sus apariciones serán esporádicas, por prudencia y por respeto a Felipe VI.

La posibilidad de que ocupe un edificio de Patrimonio Nacional hace tiempo que quedó descartada. Fue la opción que se barajó a finales de 2020, con Carmen Calvo entonces en la vicepresidencia del Gobierno. Pero con los meses, Moncloa se ha puesto de perfil y ahora dice, siempre que la ocasión lo requiere, que es a Zarzuela en solitario a quien corresponde enfrentarse a esta crisis. Una crisis de imagen que será mayor o menos en función de la vida que don Juan Carlos decida llevar en España.

Regatear en Sanxenxo

El rey emérito le haría un flaco favor a su hijo si se le ve, por ejemplo, navegando por Sanxenxo. No es un ejemplo en el sentido figurado, es su propósito para este próximo mes de junio, cuando el Bribón 500, el velero en el que navega y capitanea su amigo íntimo Pedro Campos, defienda el título de campeón del mundo que logró en el Mundial de Vancouver en 2017 y revalidó en las finlandesas aguas de Hanko en 2019.

Ya en su día, cuando todo apuntaba a que Anticorrupción daría carpetazo a las causas contra el emérito, Pedro Sánchez aseguró que Juan Carlos I tendría que dar explicaciones. «Sería conveniente que el rey Juan Carlos dijese, efectivamente, cuál es su opinión sobre todos estos hechos que son informaciones perturbadoras y que al final socavan la confianza del pueblo español en todas las instituciones», dijo en una entrevista en TVE en octubre de 2021. En una línea parecida se pronunció esta semana la portavoz del Gobierno, Isabel Rodríguez.

El entorno del emérito, sin embargo, cree que no lo hará. Dicen que aún hoy no tiene la sensación de haber hecho nada malo, que su única preocupación es regresar a España tras 18 meses en Abu Dabi en los que apenas se ha dejado ver. Tan solo unas pocas fotografías forman el testimonio gráfico de su estancia en los Emiratos Árabes, algunas de ellas difundidas para desmentir rumores sobre su estado de salud.