María Picassó i Piquer

Keir Starmer, el aburrido aspirante a emular a Blair

El jefe de las filas laboristas es el candidato a poner fin a otra larga era conservadora si, como parece, Sunak es incapaz de consolidar su liderazgo en Reino Unido

IÑIGO GURRUCHAGA

La última vez que el Partido Laborista arrebató el Gobierno a los conservadores su victoria fue aplastante. El 'tory' John Major encajó una derrota solo equiparable a la que sufrió su partido casi un siglo antes, en 1906. Tony Blair, líder del Nuevo Laborismo, que perfumaba con aerosol las rosas que decoraban sus actos públicos, era el nuevo primer ministro: joven, sonriente y ambiguo.

En la noche del 1 de mayo de 1997, él y sus correligionarios celebraron su victoria cantando en un estrado levantado en el exterior del Royal Festival Hall el himno de su campaña, «Las cosas sólo pueden mejorar», con música bailable techno-pop del grupo D:Ream. El optimismo había cuajado en la izquierda política tras casi dos décadas de la era conservadora que inició Margaret Thatcher en 1979.

Las encuestas de ahora incitan a comparaciones con lo ocurrido en 1997 y a especular sobre otro triunfo aplastante para el laborismo liderado por sir Keir Starmer. Según sir John Curtice, experto en la interpretación de encuestas y resultados electorales, «el público en general ha decidido que no pueden confiar el Gobierno del país a los conservadores».

Otro episodio de aquellos años indica que Starmer no puede confiar en la victoria. Major sucedió a Margaret Thatcher en 1990 y logró la ratificación del Tratado de Maastricht, a pesar de la hostilidad de los euroescépticos. El partido estaba dividido agriamente por el derrocamiento de Thatcher y había una recesión económica. Pero Major ganó las elecciones en abril de 1992 con el mayor número de votos de la historia electoral británica.

Seis meses después de una victoria extraordinaria, Major y su Gobierno fueron humillados. Perdieron un costoso pulso con los mercados de capitales para sostener a la libra en el Mecanismo Europeo de Cambios. Los euroescépticos encontraron la excusa perfecta para persistir en su intento de derrocar a Major y el partido perdió la confianza tradicional del público en su mejor gestión de la economía.

¿Podrá el nuevo líder conservador, Rishi Sunak, emular a John Major y movilizar en los próximos dos años a los votantes conservadores? Su abstención fue clave en el aplastante triunfo de Blair, y alarma ahora a los 'tories' en las encuestas y en las elecciones locales. ¿Será una humillación nacional, en el efímero mandato de Liz Truss, el lastre excesivo para los conservadores en 2024, como lo fue para Major en 1997?

La clave

Es acusado por políticosy medios de ser el responsable indirecto del Brexit duro que materializó Boris Johnson

Keir Starmer nació hace 60 años en Londres, pero creció en un pueblo del sur de Inglaterra. Su padre, Rodney, trabajaba en una fábrica de herramientas y su madre, Josephine, era enfermera, aunque gran parte de su vida la pasó recibiendo cuidados. Padeció durante medio siglo la enfermedad de Still, una artritis inflamatoria. Starmer ha reconocido que tuvo una relación distante con su padre, algo que lamenta.

Estudió Derecho en la Universidad de Leeds y luego en Oxford. Como en el caso de Sunak, el líder laborista es reconocido por su capacidad de trabajo. Sus excolegas en uno de los más célebres despachos de Londres le recuerdan como un joven capaz de gran concentración en el estudio de los casos. Se especializó en pleitos en los que la ley de Derechos Humanos era interpretada.

Fue nombrado fiscal del Estado y entró en la política en 2015 como diputado por un distrito del centro de Londres, en el mismo barrio en el que vive con su esposa, también abogada, y sus dos hijos. La familia practica la religión judía, salvo Keir Starmer. En alguna ocasión ha dicho que hubiese preferido, cuando era adolescente, que sus padres le hubiesen puesto David como nombre en vez de Keir, en homenaje al primer líder del Partido Laborista.

Es acusado por políticos y medios de ser el responsable indirecto del Brexit duro de Boris Johnson. A cargo del seguimiento de la política sobre la marcha de la Unión Europea en el gabinete de la oposición liderada por Jeremy Corbyn, Starmer se habría negado a pactar un acuerdo más benigno de Theresa May con la UE, por insistir en la celebración de un segundo referéndum cuando se conociese el acuerdo de salida.

Descarta otro referéndum

Los 'corbynistas' le culpan también de causar la derrota electoral en diciembre de 2019, porque su insistencia en otra consulta habría impedido al líder izquierdista recuperar votantes del laborismo. Starmer descarta ahora un nuevo referéndum sobre la cuestión europea, y ha purgado el partido y el grupo parlamentario de simpatizantes de Corbyn. El exlíder fue expulsado, acusado de antisemitismo.

Convertirse en líder de la oposición con cinco años hasta las próximas elecciones y con el Gobierno disfrutando de una holgada mayoría es un trabajo ingrato. Starmer lo ha cumplido sin estridencias, pero es acusado a menudo de ser un orador aburrido. Tras renovar su equipo de asesores para enfocarse en las elecciones, los sarcasmos sobre los rivales han mejorado y el discurso es más agresivo.

Patrocina la formación de británicos para reducir la inmigración, es un atlantista convencido y en la última conferencia anual logró que los miembros del partido cantasen el himno nacional. Hay algo en él de la ambigüedad ideológica de Blair, pero éste nunca propuso, como propone Starmer, la creación de un banco estatal para financiar un plan intensivo de energía verde. Tiene ante sí otra tarea difícil: convencer de que las cosas solo pueden mejorar a una población que siente que todo está empeorando.