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Mesas exteriores del restaurante ubicado en el barrio costero de Gáldar. José Luis Reina
La Pizarra: mucho más que una terraza única en Sardina del Norte
El restaurante de la semana

La Pizarra: mucho más que una terraza única en Sardina del Norte

Imagine un lugar que combine unas vistas de lujo en su terraza, un servicio impecable y un producto fresco y bien tratado. No es un sueño, sólo hay que ir al norte

Jueves, 16 de mayo 2024, 23:04

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Había llamado con una prudente antelación y con una sola petición: una mesa en la terraza. Era un sábado, y el día en Sardina del Norte estaba radiante, con su pequeña e impoluta playa como gran reclamo, donde se mezclan familias, grupos de amigos con mesas y sillas con intención de despedir al sol, aficionados al buceo que aquí encuentran un paraíso y comensales dispuestos a disfrutar de los negocios que están en el acogedor paseo, donde destaca, desde luego, el restautante La Pizarra: Sabores del Mar.

Lo de reservar con bastantes días de antelación es obvio, teniendo en cuenta la gran afluencia de gente que recibe este bucólico enclave costero de Gáldar. De ello, buena culpa tiene este negocio, especializado en pescados frescos, y cuya terraza supone una experiencia en sí misma, ofreciendo al comensal sentirse parte del mismo mar, desde la pequeña playa hasta Agaete, aquí las vistas son infinitas mire a donde mire.

Playa de Sardina del Norte.
Playa de Sardina del Norte. José Luis Reina

Sumergido, casi literalmente, en ese estado meditativo del que uno no quiere salir en horas, un rápido camarero llega para despertarnos del sueño y ponernos a la faena, no menos placentera. Porque aquí, y esto es lo mejor, además de ofrecer este soberbio panorama, se come realmente bien, sin grandes alardes, con pescado fresco bien tratado, una generosa selección de entrantes y unos postres caseros que cierran el homenaje de la mejor manera posible.

La apetecible ensalada de La Pizarra, con caballa, aguacate, cebolla roja de Gáldar y aceitunas, junto a unas papas con un delicioso mojo rojo -por fin un mojo de verdad-, sirven para abrir apetito. También un gofio escaldado, pero que dejamos casi entero, pues no sabía a nada, y unas sardinas frescas fritas, que estaban perfectas. Me sorprendió ver en la carta unas gyozas fritas de pollo, que parecen haberle robado el puesto al dichoso pan bao, que hasta hace no mucho monopolizaba los entrantes de cualquier lugar, ya fuera asiático, español o el bareto de la esquina. Pero bueno, si están ahí será por algo.

Papas con el delicioso mojo.
Papas con el delicioso mojo. José Luis Reina

En La Pizarra también hay una buena selección de mariscos, según temporada, y de pescados frescos, sin duda el gran reclamo del local. También arroces, que ya caerán, y alguna opción cárnica, para los que le tengan tirria al mar, que de todo hay. En la parte líquida, una buena selección de vinos, muchos canarios, acompañan perfectamente con la oferta del restaurante.

El eficaz servicio de sala, otro de los puntos fuertes del restaurante, cantó los pescados frescos del día, eligiendo finalmente un jurel -esa delicia considerada, tradicionalmente, un pescado de pobres- a la espalda que estaba muy bien preparado, quizás el mayor reto de los restaurantes que los ofrecen es precisamente ese: no volver a cargárselos a la hora de cocinarlos, no secarlos, no pasarlos. Y aquí parece que esto lo tienen claro.

Jurel a la espalda, con papas sanchochadas.
Jurel a la espalda, con papas sanchochadas. José Luis Reina

Son generosos también en los postres, y la tarta de tres chocolates fue despachada con especial placer. Era el colofón final, gastronómico, a un restaurante que merece mucho la pena. La relación calidad precio es fantástica, el entorno donde se ubica es único, y todo parece estar muy bien afinado. Un restaurante esencial en el norte de Gran Canaria, un potente motivo para disfrutar de Sardina del Norte, y un lugar para presumir de gastronomía en Gran Canaria. Uno de mis favoritos, al que volveré cada vez que pueda, para comprobar que no fue un espejismo, y que el nivel que viví, con algún ajuste, permanece inmutable.

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