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Una de las famosas tablas de Ítaca 57. José Luis Reina
Ítaca 57, la gloriosa parada tras el largo viaje
Restaurantes

Ítaca 57, la gloriosa parada tras el largo viaje

Comandado en cocina por el privilegiado cocinero grancanario Óscar Mayer, este nuevo local promete grandes alegrías en Las Palmas de Gran Canaria

José Luis Reina

Las Palmas de Gran Canaria

Viernes, 12 de enero 2024, 23:35

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Es mucho más que una vinoteca y una salumería, desde luego. En Ítaca 57, que rinde homenaje a la patria del héroe legendario de la mitología griega Odiseo, con ese largo viaje de ida y vuelta que realizó para librar la guerra de Troya y los diez años que tardó en regresar a su amada isla, una de las actuales islas Jónicas de Grecia.

Desconozco si el bueno de Juan Santiago, propietario del restaurante, utilizó este paralelismo mitológico para escenificar el viaje que ha vivido desde que el fuego acabara con su anterior negocio en el local, el añorado Hestia (que en la mitología griega era una de las diosas olímpicas, la diosa del hogar, la familia y la hospitalidad), pero de lo que sí estoy seguro es de que Ítaca 57 es el anhelado punto de llegada, el destino final donde disfrutar de principio a fin.

El regreso de Mayer

En la cocina está el joven Óscar Mayer, cocinero de gran trayectoria, que vuelve a los fogones en su barrio natal tras pasar, entre otros lugares, por uno de los mejores restaurantes de España, Disfrutar Barcelona, de donde era jefe de cocina. Además de prepararse para lanzarse al mundo de la docencia, Mayer está feliz, se le nota. «He vuelto a casa, a la tierra, que siempre tira mucho», celebra, destacando que «ha sido un regreso muy fructífero, me he formado mucho en diferentes ramas dentro de la gastronomía».

Óscar Mayer, en la cocina de Ítaca.
Óscar Mayer, en la cocina de Ítaca. José Luis Reina

Sobre la oferta de Ítaca 57, el jefe de cocina señala que «cuando Juan me presentó el proyecto no lo dudé ni un segundo. Lo conozco como persona y como profesional, y es un diez en ambos. Además, echaba de menos volver a cocinar, estoy muy contento y con más ganas que nunca». En la parte más culinaria, Mayer apunta que «Ítaca se divide en dos partes: por un lado la salumería, que es lo que se conoce en Italia como una charcutería, ya que nosotros aquí ofrecemos una gran selección de embutidos, tanto nacionales como italianos, además de quesos, ya sean canarios, nacionales o europeos».

Anchoa sobre el crujiente de hojaldre.
Anchoa sobre el crujiente de hojaldre. C7

Por otro lado, «hemos querido que el comensal viva intensamente la experiencia, ya sea con un aperitivo seleccionando su propia tabla, luego entrar en la carta, que es bastante divertida y versátil, donde siempre encontrarán platos nuevos los clientes repetidores. Jugamos mucho con el producto canario y reinterpretamos recetas tradicionales. Tenemos ahora, por ejemplo, una carne de cabra que está saliendo mucho».

Ensalada de invierno, de reciente incorporación a la carta.
Ensalada de invierno, de reciente incorporación a la carta. José Luis Reina

Ítaca 57, como bien afirma el cocinero, está hecho para que el comensal disfrute de principio a fin. Cuenta con una gran oferta de vinos, teniendo interesantes opciones por copas; un delicioso vermú de grifo, espumosos, generosos... todo perfecto para acompañar los platos de la carta, con especial atención siempre a las sugerencias del eficaz servicio de sala.

Ensaladilla de Ítaca.
Ensaladilla de Ítaca. José Luis Reina

Durante la visita, pude disfrutar de su ya famosa ensaladilla, que tiene un toque de batata, con encurtidos y ventresca de atún; una fantástica anchoa sobre crujiente de hojaldre, adictiva; un nuevo plato, la ensalada de invierno, con tomates de temporada con hinojo, pera, rabanitos y queso azul o unos huevos rotos al estilo del cocinero, sensacionales. También, evidentemente, una generosa tabla de embutidos que es la sensación del local, un acierto que siempre gusta, siempre apetece.

La versión de Óscar Mayer de los huevos rotos.
La versión de Óscar Mayer de los huevos rotos. José Luis Reina

Todo ello regado con diferentes vinos por copas, destacando uno que tenían como sugerencia y que es un descubrimiento valioso. La Canoya, de Tenerife, de maceración carbónica y con un nivel altísimo. Una joya que el local pone al servicio de los comensales. La relación calidad-precio, tanto de la comida como de la parte líquida, es realmente ajustada, con detalles tan importantes como que la cocina no cierra jamás. Un non stop de 13.30 horas a 22.30, el comensal puede ir con la tranquilidad de que va a comer sin prisas. Porque también es un lugar destacable para el tardeo, la sala invita a ello.

Volviendo al almuerzo, el broche final fue sublime, sorprendente. La crêpe suzette, ese postre francés que aquí elaboran a la perfección. Servido sobre una salsa caliente de naranja y acompañado por un helado de vainilla, este desenlace dulce cierra un descubrimiento de los que no tardaremos mucho en tener novedades. Ítaca 57 es un concepto inteligente, ganador y, lo más importante, bien ejecutado. Una buena noticia para la gastronomía de Gran Canaria.

Y aunque la carta del restaurante, en su última página, cuenta brevemente la aventura de Odiseo con ese casi eterno viaje y su ansiado regreso a Ítaca, es inevitable que me venga a la mente el hermoso poema escrito por una de las grandes figuras literarias griegas del siglo XX, Constantino Cavafis. Quizás tampoco quedaría mal en alguna parte de la nueva carta, o del local.

Cuando emprendas tu viaje a Ítaca

pide que el camino sea largo,

lleno de aventuras, lleno de experiencias.

No temas a los lestrigones ni a los cíclopes

ni al colérico Poseidón,

seres tales jamás hallarás en tu camino,

si tu pensar es elevado, si selecta

es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.

Ni a los lestrigones ni a los cíclopes

ni al salvaje Poseidón encontrarás,

si no los llevas dentro de tu alma,

si no los yergue tu alma ante ti.

Pide que el camino sea largo.

Que muchas sean las mañanas de verano

en que llegues -¡con qué placer y alegría!-

a puertos nunca vistos antes.

Detente en los emporios de Fenicia

y hazte con hermosas mercancías,

nácar y coral, ámbar y ébano

y toda suerte de perfumes sensuales,

cuantos más abundantes perfumes sensuales puedas.

Ve a muchas ciudades egipcias

a aprender, a aprender de sus sabios.

Ten siempre a Ítaca en tu mente.

Llegar allí es tu destino.

Mas no apresures nunca el viaje.

Mejor que dure muchos años

y atracar, viejo ya, en la isla,

enriquecido de cuanto ganaste en el camino

sin aguantar a que Ítaca te enriquezca.

Ítaca te brindó tan hermoso viaje.

Sin ella no habrías emprendido el camino.

Pero no tiene ya nada que darte.

Aunque la halles pobre, Ítaca no te ha engañado.

Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia,

entenderás ya qué significan las Ítacas.

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