13-F Elecciones Castilla y León

Siete claves de unas elecciones históricas e inciertas

El elevado número de indecisos y la participación marcan una jornada electoral inédita, sin más urnas que las autonómicas y en pleno invierno

ANTONIO G. ENCINAS
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Una urna para llamarlos a todos

Quizá un anillo bastaba para gobernar a todos, incluidos hobbits y elfos, pero una urna parece poco poder para atraer a todos los electores hasta su colegio. Más aún cuando en las pedanías de menos de doscientos empadronados -que son tantas que suman casi cien mil habitantes, según el último censo disponible- no habrá ni siquiera mesa electoral. Tendrán que coger un autobús a la una de la tarde, caso de Litos, en Zamora, para desplazarse a Ferreras de Abajo, por ejemplo, y depositar el voto. Eso, los que estén allí, claro. Porque otro rasgo peculiar de la demoscopia castellana y leonesa es que muchos de los empadronados, especialmente los mayores, residen fuera, con los hijos o en una primera residencia en la ciudad. Y acercarse hasta el pueblo para votar, un 13 de febrero, con la Agencia Estatal de Meteorología apuntando lluvia, es un esfuerzo que se compensa cuando a la urna autonómica le acompaña la urna municipal, la que sirve para elegir al alcalde de la localidad, que es quien al fin resuelve los problemas de sus vecinos.

El PP, tan anclado al territorio que es quien comicio tras comicio presenta más candidaturas en las nueve provincias de la comunidad autónoma, sustenta buena parte de su potencial autonómico en ese acúmulo de 'pocos'. Por eso, ante la tendencia de las encuestas, el mensaje de Alfonso Fernández Mañueco en los últimos días ha ido encaminado a movilizar a sus regidores, especialmente a los del medio rural, donde Vox pretende propinar un buen mordisco electoral a los populares. Algo que ha hecho también el PSOE pero en las ciudades, donde tiene actualmente su potencial. Los gobiernos socialistas en Valladolid, León, Burgos, Segovia o Soria, o el de Izquierda Unida en Zamora, hacen que el mensaje de «comunismo o libertad» o «sanchismo o libertad» o cualquier otro símil entre el riesgo bolchevique y la libertad pierda fuerza en este territorio.

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El aviso del voto por correo

Un 40% menos de papeletas que en los últimos comicios. Una diferencia que denota indiferencia. Porque la convocatoria, extemporánea y por primera vez anticipada, ha creado expectación en los medios nacionales por su repercusión en las carreteras de líderes como Casado, Ayuso, Abascal, Arrimadas o Sánchez. Alguno de ellos no saldrá indemne de esta cita. Sin embargo, en la encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas, un 62,4% de los preguntados aseguraba seguir con «poco o ningún» interés las noticias sobre el proceso electoral.

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La participación como vaticinio

En 2019, la participación de las municipales a las 14 horas rozaba el 37%. En 2015 era de un 36,1%. Narciso Michavila, de GAD3, anticipó en Cope que si a esa hora, esta vez, se sitúa por debajo del 33%, la cosa pintará mal para el estatus quo habitual de mayoría popular. Si la participación baja, ganan los extremos, los más movilizados, y se aprietan los restos en el reparto, con lo que el resultado final puede depender de unos cientos de votos aquí y allá. Habrá tres momentos en los que se comunicará la participación. Será a las 11:30, cuando se conocerán las primeras incidencias en las mesas electorales, a las 14 horas y a las 18:00.

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Indecisos, ese misterio

Creen en Ciudadanos que los indecisos les son favorables. Y en el PSOE también. Y no es una cuestión menor. Había un 26,9% de indecisos en la primera toma del CIS y un 23% en la segunda. En una pregunta sobre cuándo decide cada quién a qué partido va a votar, un 29,8% respondía que en la última semana de campaña. O lo que es lo mismo. En la semana del último debate electoral entre Mañueco, Igea y Tudanca. En la que el PP ha paseado a Isabel Díaz Ayuso, que estaba fuera de cartel en ese momento, para arrebatar la calle y ha variado de la estrategia del antisanchismo a la del rol del gestor experimentado. En la que el PSOE ha presumido precisamente del sanchismo de la revalorización de las pensiones y Yolanda Díaz ha tirado de la reforma laboral y del salario mínimo interprofesional. En la que Igea se ha desconfinado y se ha lanzado a mitinear con la camisa remangada. En la que Vox ha simultaneado caravanas por todo el territorio. Siete días, además, sin encuestas oficiales por la normativa electoral, que convierten en más incierto aún el resultado final.

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Irrupción de los localismos

Mañueco los llegó a equiparar con los «separatistas», por aquello de alertar contra la formación de un Gobierno «Frankestein», y su compañero Feijóo los llamó «subpartidos». Pero lo cierto es que Soria ¡Ya! y los demás 'españas vaciadas', o la Unión del Pueblo Leonés, o Por Ávila, son la gran incógnita de este domingo electoral. ¿A quién le quitarán votos y cuántos de ellos se traducirán en escaños? A los sorianos se les ha llegado a ubicar como ganadores indiscutibles en su territorio, con lo que un resultado que habría sido normal, un procurador, se consideraría ahora una recompensa pírrica. UPL quiere alcanzar ese tercer escaño que puede luchar -eso dicen los que estudian números- con Vox. Y Por Ávila está seguro de volver a entrar en el hemiciclo de las Cortes y pretende alcanzar el segundo procurador. Todo lo que estos partidos crezcan significa decrecimiento en otras formaciones. Y eso es, en fin, lo que más miedo da a PP y PSOE.

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Elección autonómica, consecuencias nacionales

Este lunes, al menos una sede nacional tendrá cumbres de urgencias y nervios. Si el PP no logra un triunfo holgado, adiós a la estrategia de los hitos electorales rumbo a la Moncloa, esa que contemplaba la reconquista de Castilla y León, Andalucía, autonómicas y municipales en primavera de 2023 y, tachán, las generales. Y habrá miradas de reojo a Pablo Casado y Teodoro García Egea, que vienen ya tocados por el fiasco de Alberto Casero, amigo íntimo del primero y colaborador íntimo del segundo. Si el PSOE sucumbe con claridad, temblará Andalucía, la siguiente en pasar por la trituradora que comenzó en Madrid. Y, tras una campaña desarrollada en clave antisanchista por sus rivales, alcaldes y barones autonómicos empezarán a desligarse de la marca perdedora para no llegar mermados a 2023. Si Ciudadanos logra sumar y resistir, sobrevivirá por los pelos Arrimadas, obligada entonces a replantearse algunos postulados y a incluir en la toma de decisiones a los que hasta ahora estaban excluidos. Si cae otro rosco, adiós al proyecto centrista. Hervías, el ex maquinista naranja, espera la convocatoria andaluza para desguazar a los que eran suyos desde el despacho contiguo al de García Egea en Génova. Solo quedará esperar. Si Unidas Podemos no recupera terreno, el desmarque de Yolanda Díaz hacia un nuevo proyecto marcará el inicio de la desintegración del proyecto. Solo Vox, en cierto modo, está tranquilo. Parte de un procurador y mejorarlo es algo que se da por seguro. Si suma suficiente podrá elegir entre formar parte del Gobierno o apoyar al PP dejando caer el desgaste a plomo sobre la cabeza de Mañueco. Si no, pues a vender la tesis del crecimiento imparable y a por Andalucía.

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Papeletas con foto

No como si fueran listas abiertas, para elegir este sí, este no, pero por lo menos con la carita del candidato. Son una necesidad. Lo dice el CIS. Un 77,9% no conocía a Juan Ignacio García-Gallardo, ese que sale en los carteles de Vox junto a Santiago Abascal y que es quien, de sumar votos suficientes, ocupará un escaño en las Cortes o incluso un sillón en la bancada azul del Gobierno de la Junta. A Pablo Fernández, que llegó a esto en 2015 y luce 'look' reconocible melena rubia al viento, apenas le identifican un 50,7% de los potenciales electores. El aspirante Francisco Igea es el segundo más conocido, con un 88,4%, por delante de Luis Tudanca (80,4%) y por detrás de Alfonso Fernández Mañueco (94,7%). Lo más impactante de las preguntas que hace el CIS -y que respondieron 7.131 personas- es que un 12,8% no sabía a qué partido pertenece Francisco Igea.

Urnas apiladas en el almacén del Ayuntamiento de Valladolid. / Alberto Mingueza

2.094.490 posibles electores

El censo merma en cada elección autonómica, pero aún se mantiene por encima de los dos millones de posibles electores. Serán 2.094.490 los llamados a las urnas, que se colocarán en 4.531 mesas. En aquellas entidades locales sin mesa propia, los votantes tendrán que desplazarse a otro municipio, por lo que se han establecido rutas para 1.359 localidades que tendrán que viajar a 263 municipios cabecera de mesa electoral. Hay votantes tan jóvenes que debutan en estas lides. 51.755 personas podrán ejercer su derecho al voto por primera vez.

47.302 ciudadanos ya lo hicieron por correo, pero solo unos pocos decidieron que se les recogiera en su domicilio: 5.731.

Hasta 33.000 personas componen el dispositivo humano que velará por el normal desarrollo de los comicios del 13-F, casi un tercio de ellas agentes de la Policía Nacional, Guardia Civil y Policía Municipal (9.000), pero también casi 13.600 integrantes de mesas electorales, unos 3.000 responsables de la apertura de los colegios, otros tantos representantes de la Administración y unos 2.000 secretarios municipales, entre otros.