La demanda en Canarias no solo se queda en el turismo de sol y playa. / Juan Carlos Alonso

Optimismo y cifras récord, pero algunas inquietudes

El sector está en su mejor momento, con el cartel de 'todo lleno' pero, a juicio de los trabajadores, pesa la incertidumbre

Carlos Sixto De Inza Serrano
CARLOS SIXTO DE INZA SERRANO

La locomotora del turismo de nuevo tira con fuerza en islas como Lanzarote. La economía que genera este sector, tras el parón de la pandemia, ofrece cifras de afluencia que estarían rondando las alcanzadas a lo largo de 2019, el año anterior al hundimiento del sector a causa de la crisis del coronavirus que asoló las islas. En esta apreciación coinciden no solo los empresarios, sino los propios trabajadores, como un eslabón destacado de la cadena productiva. En versión de todos los protagonistas consultados, la actividad está creciendo a un ritmo similar al de los mejores años, incluso superando a las cifras de 2018, uno de los años récord.

Tras dos años de total incertidumbre, con un 2020 de hundimiento casi total, no solo del sector alojativo, sino también la restauración y los servicios en general, para muchos lo peor no solo ha pasado, sino que parece haberse quedado en solo una pesadilla pasajera.

En la mayor parte de los casos, los propios trabajadores constatan que la recuperación es «un hecho» y la actual coyuntura permite mirar al futuro con «optimismo». Recepcionistas de hotel, camareros, encargados de restaurantes, instructores de actividades de ocio, como el buceo, el windsurf y el Kite Surf, operarios de casas de alquiler de vehículos, etc., todos en general señala tajante, que «la situación actual es incluso mejor que antes de la pandemia».

El optimismo se palpa en el ambiente y así se manifiesta allí donde se pregunte. Sin embargo, existe una cierta incertidumbre sobre qué pasará en el futuro, en los próximos meses, ante la actual coyuntura económica internacional, con la guerra en Ucrania, la escalada de la inflación y el alza imparable del coste de la energía.

Lleno total, con dudas

Por otro lado, sigue habiendo incertidumbre y no todo es 'jauja'. De este modo, si bien hay más trabajo, los sueldos se han mantenido, y los precios y el coste de la vida se ha disparado en lo que va de año. Ahora hay más trabajo, pero los sueldos apenas dan para vivir. El coste de la vivienda y los gastos en general asfixian a las familias, la demanda de las viviendas de alquiler supera con creces a la oferta y los precios no paran de escalar.

«En lo laboral, se trabaja más, hay menos mano de obra, cuesta mucho cubrir la falta de personal que el aumento del turismo está generando en las empresas. Faltan cocineros, camareros, recepcionistas, personal de limpieza y la coyuntura económica, con una guerra en Europa produce temor e interrogantes», explica un camarero de un restaurante a pie de playa en Puerto del Carmen..

También en el lado negativo, en opinión de los trabajadores, en el caso de la isla de Lanzarote, se observa con cierta nitidez que el aumento significativo en la llegada de turistas, llega incluso a saturar determinados servicios como carreteras y vías de acceso a las zonas de playa o de costa. Cuesta mucho aparcar, y eso supone molestias para el visitante y para los residentes.

«Masificación»

De este modo, por ejemplo en este puente de Todos los Santos, la isla ha vivido una situación de lleno que se ha hecho patente. Por ello, aunque por un lado, se palpa una cierta sensación de euforia a la vista de los buenos resultados, los residentes empiezan a plantearse dudas que hasta hace solo dos años eran casi impensables. Surgen críticas por la masificación y cierto colapso.

Instructor de buceo.

Así lo entiende Eric Yoldjoglou, instructor de windsurf de Fanatic, empresa dedicada al alquiler de cursos y material para la práctica del winsurf en la playa de Las Cucharas, en Costa Teguise, quien señala que «nunca había llegado tanto visitante a la isla como ahora». Considera que existe «masificación» y vuelve al mensaje de «buscar un turismo con mayor poder adquisitivo y menos masificado». Cree que es momento de apostar por un cliente más cualificado. Pese a todo, se muestra satisfecho, pues los números de su empresa empiezan a ser mejores que nunca, con una carga de trabajo que supera a la de años como 2019.

Otras expresiones como, «la crisis o la recesión de momento no se está notando» y otras como «hay que cruzar los dedos por lo que pueda venir» o «de momento vamos escapando bien», demuestran la sensación de desahogo que están experimentando los distintos subsectores.

Recepcionista. Bárbara García.

En el caso del sector alojativo, Barbara García, recepcionista del Hotel Izaro de Puerto del Carmen, explica que tras muchos meses de cierre por la pandemia, (18 de ERTE), donde el hotel llegó a estar abierto con un solo turista, la situación ha dado un giro radical. «No sabemos cuánto durará, nadie sabe lo que puede pasar, pero a día de hoy estamos a tope. Octubre con el 98 por cien de ocupación, noviembre con el 95 y hasta febrero esperamos lleno». «Ello también ha obligado a aumentar plantilla, y a adaptarse a esta situación que es nueva. Desde la pandemia el modo de comportarse el turista ha cambiado, las reservas ya no se hacen a largo plazo, sino a medio o corto, no se trabaja con turoperadores, todo se hace on line», explica. A pesar de que en general los precios han subido, de media entre un 10 y un 15%, las reservas no se paran y siguen subiendo, lo cual es inédito.

En el lado de la restauración, las cosas están de forma similar. Salvando las distancias entre el tipo de bar o restaurante, la zona en la que se ubiquen y su grado de popularidad entre el cliente local, los trabajadores consultados sostienen que también en este sector la situación que se vive es muy «boyante».

«El verano fue muy bien y en los últimos meses, lejos de parar, seguimos subiendo. Habrá que ver si se mantiene»

Beatriz reyes

Encargada

Beatriz Reyes trabaja de encargada de un chiringuito a pie de playa en la playa de La Garita, en Arrieta. La sensación que ella tiene es también de que la afluencia de clientes, en especial turistas, si no ha rebasado las cifras de 2019, está cerca de hacerlo. Señala que llegan sobre todo británicos, alemanes, y cada vez más italianos y franceses, y el turismo peninsular no baja.

Por su parte, Alfredo Pérez , camarero del restaurante La Casita de la Playa, en Arrieta, opina que el turismo no solo crece en número de visitas, sino que «en nuestro caso vemos que vienen visitantes con mayor poder adquisitivo. Esto, creo que en nuestro caso es una realidad». Aunque «nosotros nos surtimos también del cliente local».

«Desde la crisis de la pandemia, no hemos parado de crecer y por el momento no tiene pinta de que pare»

Alfredo Pérez

Camarero

En el negocio del buceo también se respira satisfacción tras unos años de auténtica asfixia. Aunque la pandemia fue un bache, explica Ruyman Pérez, instructor de Alisisios Sub, el cierre de otros mercados permitió a Canarias recuperar el hueco que dejaron otros destinos que estaban más lejos o a los que resultaba más difícil acceder por la pandemia». En su caso, explica que «si la cosa no se tuerce, podemos estar hablando de un gran año y tenemos perspectivas de que la cosa siga manteniéndose en los próximos meses».

Cifras

La mayor parte de los negocios vinculados al turismo en Lanzarote aseguran que no habían visto una situación tan halagüeña en años, con datos incluso mejores que en 2018.

Al alza

Todos los subsectores experimentan un crecimiento, con contratación de más personal para hacer frente a la demanda en aumento constante.