Vistas de la parte romana y medieval de Tarragona desde la torre del Pretorio. / I.O.

Tarragona, una aventura por descubrir

Su capital es un auténtico museo al aire libre; su parque de atracciones, la excusa para volver a la adolescencia; su ambiente, ideal para un atardecer con vermut

Ingrid Ortiz Viera
INGRID ORTIZ VIERA Las Palmas de Gran Canaria

Hay lugares que, sin querer, te sorprenden. Tarragona es de esos destinos desconocidos por el público canario que podría convertirse en el ideal para unas vacaciones en familia gracias a la nueva conexión directa que ofrece Binter desde Gran Canaria. Y es que la provincia catalana tiene todo tipo de entretenimiento para jóvenes y adultos, sin contar con una atractiva oferta gastronómica.

Paisaje. Ruinas, playa y comercio

Al otro lado de la antigua muralla que cerca la capital provincial, patrimonio de la humanidad por la UNESCO, se erigen vestigios romanos y medievales que hacen retroceder al visitante en el tiempo. La ciudad no solo presume de una colección única de monumentos que están entre los mejor conservados del continente, sino que ha sabido mantener esa esencia entre sus calles a pesar de la modernización. La catedral gótica, el circo romano o el anfiteatro se enmarca en una postal con el Mediterráneo de fondo, y ese azul se mezcla con el verde de la vegetación y el dorado característico de esa zona de la costa. La mejor postal de este auténtico museo al aire libre se puede disfrutar desde lo alto del Pretorio, la antigua torre que permitía el paso desde la ciudad baja hasta el Foro provincial.

Para dar un salto en el tiempo hasta el Modernismo habría que viajar a Reus, donde encontramos su máxima expresión en la Casa Navas. Una ostentosa creación del arquitecto Lluís Domènech i Montaner y el decorador Gaspar Homar que no deja indiferente. Las calles también invitan a conocer los lugares que marcaron la infancia y adolescencia de Antoni Gaudí antes de su marcha a Barcelona, lo que es un complemento perfecto a un recorrido cultural e histórico que se suma a una gran oferta teatral y comercial que la ciudad mantiene durante todo el año.

Sin embargo, es en Cambrils donde el turista encontrará el ambiente más familiar de la provincia. Se trata de un pueblo tranquilo de raíces agrícolas y pesqueras con 27 kilómetros de carril bici, un pintoresco muelle deportivo y numerosas terrazas para ver el atardecer. Eso sí, acompañado de un helado del maestro artesano Antonio Sirvent, elaborado con productos naturales y de proximidad. Además, el ayuntamiento organiza numerosas actividades al aire libre para fomentar el deporte y la interacción entre quienes visitan cada verano su playa.

Turismo activo. De Portaventura al Ebro

Uno de los principales atractivos de la zona para los jóvenes es, sin duda, el parque de atracciones Portaventura World, que inauguró su último parque temático en 2017, Ferrari Land. Aquí, el Red Force se une a las montañas rusas más impactantes, alcanzando una aceleración de 180 kilómetros por hora en solo 5 segundos y llegando a una altura máxima de 112 metros. Pero más allá de las atracciones, que sacan el lado más gamberro también de los adultos, el resort ofrece una experiencia inmersiva que va desde el lejano oeste hasta México, comenzando por los hoteles alojados en el parque e incluyendo algunos espectáculos adaptados al nuevo contexto de la pandemia.

Los turistas más aventureros también pueden optar por alguna de las numerosas actividades que ofrece la zona, tanto en el mar (vela, submarinismo) como en montaña (barranquismo, escalada). Pero, sin duda, una imprescindible y apta para toda la familia es el recorrido en bicicleta por el parque natural del Delta del Ebro para sumergirse entre los arrozales y ser testigos de la gran variedad de especies que habitan el este ecosistema, incluyendo aves migratorias que ya son un reclamo turístico.

Gastronomía. Tradición e innovación

Tarragona es tierra de uva, avellana, marisco y arroz. Los vinos blancos son suaves y afrutados, mientras que los tintos, más firmes y aromáticos. El vermut nunca falta e, incluso, puede optar por alguna degustación.Pero no son la únicas bebidas interesantes de la zona. Entre las marismas y arrozales que se extienden a lo largo del Ebro se elabora un producto pionero en Europa: el sake. Humbert y Mery apostaron por un establecimiento que fusiona la cultura nipona con el producto local mediterráneo y con un resultado peculiar que marida, también, con el marisco.En medio de la Bahía del Fangar se encuentran las mejilloneras, donde se pueden saborear ostras tan frescas que parecieran comerse en el mismo fondo marino. La simbiosis del agua dulce y salada las hace un producto preciado a nivel internacional. Quizás allí se encuentre aún Lucía, una tinerfeña que prepara sus oposiciones de bombera de plataforma de petróleo mientras trabaja en este entorno tan singular. Y ya lo advierte ella: «Ojo, porque engancha».