Un grupo de veinteañeros debaten sobre sus experiencias y su futuro en las islas. / Juan Carlos Alonso

La juventud canaria resalta la precariedad del mercado laboral

Las opciones de empleo de calidad ligadas a su formación se reducen y algunos no descartan trabajar en el extranjero

Ingrid Ortiz Viera
INGRID ORTIZ VIERA

Las primeras experiencias en el mercado laboral son determinantes. Con ellas, los jóvenes transicionan hacia la independencia económica y definen un proyecto de vida, pero aunque las opiniones sobre sus posibilidades de futuro varía en función del sector, en lo que sí coinciden es en que encontrar empleo es «una suerte». Hay oferta, aseguran, pero es precaria, ya que «en pocos casos el sueldo da para vivir solos».

Agustín Santana admite que mientras dedicaba tiempo a enviar decenas de currículum el pasado año iba aumentando un «aura de negatividad» en su interior que luego constató con los datos del paro juvenil. «No tengo el mejor perfil del mundo, pero cuando los vi me cuestioné si el problema no era yo», explica. De hecho, de los 20 estudiantes que se graduaron junto a él en un ciclo superior de automoción, solo tres consiguieron trabajo en empresas. Su situación familiar le empuja a contribuir económicamente y ahora es mozo de almacén en una entidad donde a pesar de no estar relacionada directamente con su profesión, afirma estar aprendiendo.

Como él, Héctor Cárdenes siguió con dificultad los «filtros» que se imponen para acceder al mercado: formación universitaria, idiomas y algo de experiencia gracias a contratos temporales que nada tienen que ver con su título en Filosofía. «No se me caen los anillos por dedicarme a otra cosa, pero cuando ves que no sale nada durante años te desmotivas porque ya no se trata de si estás formado o no», afirma. La opción más estable en su situación sería presentarse a unas oposiciones de docencia, pero implicaría más recursos económicos, una nota media más alta y renunciar a la posibilidad de moverse por el extranjero, algo que tiene muy presente.

La pasión por viajar es otro de los puntos en común de la juventud, pero Alba Santana y Altea Mendoza, ambas con formación en Lenguas Modernas, tienen puntos de vista distintos. La primera lo ve como una experiencia temporal que podría enriquecer sus habilidades en el idioma y el aprendizaje de la cultura de ese país, algo que podría aplicar en su puesto de trabajo. Sin embargo, es consciente de la inestabilidad en el mercado y su objetivo es cursar un máster en docencia y optar a oposiciones para conseguir una plaza fija en Canarias. A Mendoza, en cambio, le llama la atención trabajar fuera del archipiélago de forma permanente. «Cuando me fui de Erasmus me encantó la experiencia y creo que podría encajar en otro país», dice.

Desde septiembre ha empezado a trabajar en una academia donde enseña inglés a escolares dos horas al día. Aunque es un contrato temporal, las condiciones y el sueldo «no están nada mal», pero no le da para pagar equitativamente las cuentas de la casa donde convive con su pareja. Gracias al apoyo económico familiar, puede ahorrar con el objetivo de marcharse en algún momento.

También Paula Jiménez apuesta por la movilidad, sea internacional o nacional. Esta semana ha comenzado en un nuevo puesto de trabajo tras abandonar motu proprio su anterior empresa. «Estaba muy cómoda pero era completamente en remoto y, al ser mi primer empleo, me faltaba esa otra parte de contacto humano con la que ganar experiencia», afirma. El sector de las nuevas tecnologías sigue en auge y ella, que se graduó en plena pandemia en Ingeniería informática, ha visto incrementar la demanda. «Al menos en mi campo sí se ve movimiento, pero no puedo decir que sea extensible al resto». En este contexto, no duda en «probar cosas distintas» antes de decidir qué hará en el futuro.

Los protagonistas

Estudiante. 22 años

Alba Santana

Está a punto de terminar la carrera de Lenguas Modernas en la ULPGC y su objetivo es dedicarse a la docencia. Consciente de la inestabilidad del mercado, pretende presentarse a unas oposiciones para conseguir una plaza fija.

Desempleado. 27 años

Héctor Cárdenes

Aunque cursó estudios de Filosofía en Granada, asegura que «no se le caen los anillos» para dedicarse a cualquier trabajo. Pero lo que encuentra es a menudo temporal y precario, lo que le impide tener un proyecto de futuro.

Recién graduada. 22 años

Altea Mendoza

En septiembre una academia le ofreció un contrato para dar clases de inglés a niños tras apenas unos meses desde que se graduó. Si bien está contenta con las condiciones, admite que tiene la intención de trabajar fuera.

Empleado. 22 años

Agustín Santana

Cambió la universidad por un ciclo superior de automoción y luego dedicó mucho tiempo a enviar currículum sin éxito. Actualmente trabaja de mozo de almacén y no prevé trabajar en lo suyo a corto plazo por la escasa oferta.

Empleada. 25 años

Paula Jiménez

Consiguió trabajo nada más terminar la carrera de Ingeniería informática y recientemente ha cambiado de puesto. Asegura que en su sector hay demanda y quiere ganar experiencias diferentes.