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En la imagen Gabriel Rodríguez, un joven empresario agricultor de La Aldea de San Nicolás. C7

Gabriel Rodríguez: «Entrar en la agricultura es difícil para los jóvenes»

Este empresario de La Aldea de San Nicolás desmonta algunos mitos sobre que los jóvenes no acceden a trabajar en el mundo rural no por comodidad, sino porque no tienen los recursos económicos necesarios para trabajar en el sector

Sábado, 8 de abril 2023, 23:34

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Gabriel Suárez es un joven empresario agricultor y también un joven con suerte. Con 18 años comenzó a trabajar en las fincas de su padre y su abuelo, mientras lo combinaba con la carrera de Magisterio, y hoy en día cuenta con siete fanegadas en las que tiene plantado tomates, aguacates y cultiva plataneras.

Este aldeano se inició en la agricultura porque desde pequeño veía como su padre y su abuelo se dedicaban al campo y él quería continuar con esta tradición familiar. Además, aclarando lo de que es un joven con suerte, gracias a que su familia se dedicaba a la agricultura él tuvo la oportunidad de seguir trabajando sobre esas tierras, y así evitó gastarse cientos de miles de euros.

«Que las tierras sean de mi familia me ha ayudado bastante. Yo no tuve que hacer un desembolso para comprar terrenos, yo tenía ya el aval de la tierra, y fui al banco a hipotecarla para que me adelantaran el dinero de la subvención», cuenta Gabriel.

Además de contar con las tierras, este joven contó con otro tesoro necesario en su finca «yo no tuve que hacer estanques, ya tenía en la finca y eso fue clave. Sino habría tenido que entrar en uno de la comunidad, que te piden 4.000 o 5.000 euros o hacerme uno propio, que es muy caro». Él como otros jóvenes, no se hubiera podido dedicar a la agricultura sino fuera por el apoyo de tener las tierras, ya que no contaba con el dinero que se necesita para mantenerlas.

«A mí me dicen de empezar de cero, sin tierras ni nada y ya te digo que yo no me meto a trabajar en la agricultura»

Gabriel Rodríguez

Joven agricultor

Comprar una hectárea de tomateros y hacer una inversión en ella «son unos 250.000 euros», una cifra muy alta que «le quita el sueño a mucha gente».

Gabriel reconoce que lo tuvo y lo tiene «fácil porque vengo de un relevo generacional donde la peor parte ya la tenía. Pero a mí me dicen de empezar de cero, sin nada y ya te digo que yo no me meto en esto porque desde el principio te ves con una mochila de piedras colgada en la espalda. Te ves hoy con la cuenta bien y al día siguiente te ves con una deuda de 250.000 euros».

Cada paso que se dé en este sector significa una salida importante de dinero, por eso Gabriel recomienda que los agricultores «entren en cooperativas». Esta unión entre trabajadores agrícolas es una forma de compartir gastos, conocimientos y beneficios, al mismo tiempo que trabajan de forma conjunta para poder acceder a mercados más grandes.

«Yo pertenezco a la Cooperativa de Agrícola del Norte y a Coagrisan en La Aldea de San Nicolás. Para un agricultor lo mejor es formar parte de una cooperativa porque con la unión de más agricultores somos una marca y tenemos un volumen de mercado para esos meses en los que yo a lo mejor no tengo fruta, pero tiene otro agricultor de la misma cooperativa y así evitamos perder al cliente», asegura.

Gabriel cuenta con siete fanegadas de tomateros, plataneras y aguacateros. C7

Tener una finca no es solo plantar. Mantener las tierras conlleva gastos, dedicación y tiempo, además de «contratar a una o varias personas para que me ayuden a plantar y a recoger la fruta cuando llegue el momento».

La recogida de frutas y verduras no se da durante todo el año sino que primero se cultiva o se planta y después hay que esperar hasta que la planta comience a dar sus frutos. «Nosotros empezamos a plantar tomateros en agosto, pues desde agosto estamos pagando sueldos, seguridad social y se me van 6.000€, más abono, agua y otros gastos ponle 9.000€ en un mes. En septiembre y octubre igual, ya son 27.000, porque en octubre empezamos a recolectar pero hasta noviembre no me los pagan».

Una situación que se repite en el cultivo de plátanos, «tardamos nueve meses para empezar a coger plátanos. Gastamos 13.000€ durante estos meses, ¿tú te crees que alguien quiere iniciarse en esto sabiendo los gastos que supone?, es que nadie quiere, y el que quiere se rinde a la primera de cambio».

Gabriel es beneficiario de una subvención y uno de los requisitos es contratar, como mínimo, a una persona para que te la den. «Cada hectárea es una UTA, que es una unidad de trabajo agrario en plataneras. En tomateros son tres ó cuatro UTAS las que tienes que contratar durante cinco años. Como te pases un año ó dos después tengo que dejarlos fijos indefinido y salga el sol por donde salga tengo que pagarles a ellos, a la seguridad social y cada tres meses la retención de los trabajadores y las vacaciones».

Este joven aldeano se encarga de las tierras que algún día mantenían su padre y su abuelo. C7

Pedir subvenciones y sobretodo, obtenerlas, es necesario para llevar el pleno desarrollo y montaje de una finca si la persona interesada parte de cero. Una vez el préstamo llega a la cuenta bancario hay que cubrir gastos como «hacerte un estanque propio o entrar en una comunidad, hacer los invernaderos, comprar la semilla del producto que se quiera plantar, comprar una máquina de riego y montarla, pagar transporte, barco o cajas si envías la fruta fuera y más gastos».

«La agricultura es un trabajo muy sacrificado y duro, pero poder dedicarme a algo de primera necesidad es algo de lo que estoy orgulloso», concluye Gabriel

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