Los confinamientos y la desglobalización hacen temblar al dragón chino

El gigante asiático toca techo al cambiar su modelo basado en el comercio mundial con las exportaciones por bandera a otro que apuesta por el consumo familiar como principal motor económico

EDURNE MARTÍNEZ Madrid ÁLEX SÁNCHEZ Madrid

China ha establecido una política de covid cero que está perjudicando gravemente a su economía y que debería «recalibrar» para impulsar el crecimiento. Se lo aconseja el propio Fondo Monetario Internacional (FMI) después de calcular que el gigante asiático crecerá este año solo un 3,2% y un 4,4% los dos siguientes, unas cifras que aseguran la expansión de su economía pero a un ritmo muchísimo más bajo que antes de la pandemia.

Los bloqueos de las ciudades para frenar la expansión del virus «pesan sobre el consumo y sobre la inversión privada, incluso en el sector de la vivienda», actualmente principal problema económico del estado. Por ello, el FMI considera que China debería acelerar la vacunación y tomar más acciones para poner fin a la crisis inmobiliaria e impulsar el consumo de sus ciudadanos.

La principal razón detrás de esta política -cuyo objetivo es eliminar cualquier transmisión del virus- es el débil sistema sanitario del país. Ramón Gascón, coordinador del grupo de trabajo Asia-Pacífico del Club de Exportadores, indica que un alto nivel de infectados por covid provocaría bajas laborales que no se pueden permitir y que el sistema sanitario pudiera colapsar al no estar preparado para un número de ingresos proporcional a lo que ocurrió en Europa o Estados Unidos al comienzo de la pandemia. «No parece que esta política vaya a cambiar a corto plazo porque no tienen el mismo nivel de inmunidad que tenemos en Occidente», explica.

«Dar marcha atrás en la política de covid cero significaría para el gobierno chino reconocer un error»

Josep Comajuncosa

Profesor de Economía de Esade

Además, hay que tener en cuenta que el gobierno chino ha hecho de esta estrategia contra el covid su estandarte porque al principio de la pandemia fue muy exitosa. «Echar ahora marcha atrás implicaría reconocer un error», asegura en el mismo sentido Josep Comajuncosa, profesor de Economía y Finanzas de Esade.

Es evidente que el cierre de fronteras y puertos no favorece la actividad económica. Pero más allá de ello, el hecho de que la economía china haya crecido por encima del 10% interanual antes de la gran crisis de 2008 era algo difícil de mantener después. El avance del gigante asiático se fue consolidando en el 6%-7% a partir de entonces y esa tendencia se interrumpió con la pandemia cuando creció solo un 2% -un hito en sí teniendo en cuenta los desplomes del PIB que sufrieron otras grandes potencias como Estados Unidos y Europa en 2020-. En esto influye el cambio de modelo económico de un país muy basado en las exportaciones y la inversión, a uno con los ojos más puestos en el consumo de las familias y los servicios públicos.

La «trampa» de los países de renta media

Comajuncosa explica que esta conversión hacia una economía de renta media obliga a unas tasas de crecimiento que nunca son tan elevadas. El gobierno chino preveía asentarse en un crecimiento del 6% como su tasa habitual, pero eso no está ocurriendo. «La pandemia y las secuelas más prolongadas de los cierres que aún se están produciendo afecta mucho a la economía», dice el profesor, que también indica que hay una discusión abierta sobre si China se encuentra en la «trampa de los países de renta media».

Aunque es difícil de comparar porque ninguno es tan grande como China, podría asemejarse a lo que ha ocurrido en algunos latinoamericanos como México o Perú, también Turquía. Son países que logran crecer hasta ese estadio aprovechando sus recursos naturales o la mano de obra barata, pero una vez llegan a ese punto de crecimiento no logran incorporarse al grupo de países desarrollados. También les ha ocurrido a Brasil o Sudáfrica, se quedan «estancados». «El cambio de modelo era algo deseado por el gobierno chino porque supone una dispersión de la riqueza hacia capas más amplias de la población, pero su idea era seguir creciendo en el entorno del 6% y esto no se está cumpliendo», explica Comajuncosa.

«China no va a volver a ser lo que fue, pero tampoco le hace falta»

Ramón Gascón

Coordinador de Asia-Pacífico del Club de Exportadores

Los analistas coinciden en que China no va a volver a ser lo que fue, pero «tampoco le hace falta»: «Es como escalar una montaña, llega un momento que tocas cima y solo te queda bajar, aunque sigue siendo un 'player' mundial de primer orden», asegura Gascón.

Inflación y política monetaria

Sus índices PMI confirman esta teoría. La economía china se recuperó en el tercer trimestre (3,9%) tras la contracción trimestral del segundo (-2,7%), pero los datos de actividad no son especialmente optimistas. El PMI manufacturero (que mide el nivel de actividad industrial) sigue por debajo del nivel 50, lo que indica contracción económica. En noviembre el indicador ha llegado a marcar 48 puntos, desde los 49,2 puntos de octubre, su nivel más bajo desde abril. El PMI de la actividad no industrial mostró una evolución aún peor, hundiéndose hasta los 46,7 puntos en noviembre, también el peor registro desde abril. «Estos datos reflejan el debilitamiento de la demanda mundial con China, aunque las dificultades relacionadas con la política del covid cero también siguen lastrando la actividad nacional», indica el director de Riesgos de Ebury, Enrique Díaz- Álvarez.

En un momento de crisis inflacionista en el mundo occidental, llama la atención las tasas de precios en China, que no han superado el 2,8% este año. Al controlar su propia divisa (el yuan), el gobierno ha seguido relajando su política monetaria para intentar apoyar la economía y aliviar parte de la presión de las duras restricciones de la pandemia. La postura de su banco central contrasta con la de sus homólogos tanto en Asia como sobre todo en Europa (BCE) y Estados Unidos (Fed).

El problema es el riesgo que esto ha supuesto para el yuan en los últimos meses, aunque una pausa en el ciclo de flexibilización debería limitar la presión de depreciación sobre la moneda. «La flexibilización de China ha aprovechado las presiones de los precios, aunque un aumento de la inflación hacia el objetivo del banco central del 3%, y la reciente caída del yuan pueden impedir una flexibilización extra», advierte Díaz-Álvarez. La inflación general del IPC subió al 2,8% en septiembre, su nivel más alto desde abril de 2020. Dicho esto, la fuerte caída de la inflación de los precios de producción (0,9% desde más del 13% a finales del año pasado) puede contener la subida de los precios de consumo a medio plazo.

Acercar a casa la producción

El objetivo de Europa desde que en la pandemia fue consciente de su falta de provisiones es acercar la producción y dejar de depender tanto de China. Pero es una meta que no se consigue en dos días. «Hay consenso en que la dependencia no puede ser tan alta pero hay que ver cómo bajar eso a la realidad y qué países pueden salir más beneficiados, como será Vietnam», explica Gascón.

Por su parte, el profesor de Esade, Comajuncosa, asegura que si Europa hubiera decidido hace una década desligarse de su dependencia china le hubiera hecho mucho más daño a la economía del gigante asiático, mucho más basada en exportaciones, que ahora. «La globalización va a menos, pero se está convirtiendo en una regionalización de la economía global donde China podría ser el gran exportador de toda la región Asia-Pacífico», indica.

Esta nueva política comercial obliga a China a reorientarse, lo que puede frenar durante un periodo el crecimiento, pero que luego vuelva al ritmo habitual «si eliges bien tus países importadores». Así, China ahora está mirando hacia el resto de Asia, África y Latinoamérica.

Alejarse de China es «muy difícil» para los exportadores españoles

La advertencia llega desde los propios empresarios dedicados a las exportaciones: «Deslocalizar de China las cadenas globales de valor no será rápido ni se conseguirá en el corto plazo». Los expertos reunidos por el Club de Exportadores aseguraron en un evento organizado por la consultora Iberglobal que aunque este proceso ya ha comenzado, es «muy difícil» sustituir al país asiático como principal centro de producción y aseguran que actualmente «ningún territorio del mundo reúne sus características».

En la reunión, el director de Global Risk Consulting de AON, Carlos Bereciartua, destacó la preocupación que en estos momentos sienten las empresas por los costes económicos y humanos que conllevan los cambios en la cadena de suministro. «Las empresas son conscientes de que una reestructuración de la cadena de valor implica una serie de costes monetarios y de recursos humanos, y que no todas las compañías tienen el músculo suficiente para afrontarlo en este momento», señaló.

Los posibles nuevos socios comerciales de las empresas españolas serían los países de la ASEAN (Asociación de países de Asia Sudoriental) porque son «cómodos en términos de suministros y conocidos por el mercado español». Por otro lado, lamentaron la oportunidad que está perdiendo América Latina para tomar el relevo de China en las cadenas globales de valor y señalaron a Marruecos como opción interesante para las empresas españolas.