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Milinkovic sonríe mientras posa en la red para el reportero gráfico en el Centro Insular de Deportes. Foto y vídeo: Arcadio Suárez
En Gran Canaria

Marcos Milinkovic: lecciones con una leyenda

Quedamos con el mítico exjugador argentino en el Centro Insular de Deportes para repasar una trayectoria al alcance de pocos mortales. Desde hace unos meses, el excapitán que lideró a una albiceleste legendaria y considerado uno de los mejores jugadores del mundo del siglo XX -ahora en labores de técnico- imparte cátedra en el novel equipo de Superliga 2 del Club Voleibol JAV límpico

Óscar Hernández Romano

Las Palmas de Gran Canaria

Sábado, 16 de marzo 2024

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A las seis era la cita en el Centro Insular de Deportes, pero él ya había llegado mucho antes. Ya dentro, al otro lado de la cancha, alguien le avisa de mi llegada y, de inmediato, acude a mi encuentro. Una figura delgada y de más de dos metros cruza la cancha. Viste pantalón corto negro, camiseta gris con su actual club, Hidramar Gran Canaria, estampado en su pecho, y playeras azules marca Mizuno especiales para jugar a vóley.

Estrecha la diestra -con la que reventaba el balón como pocos- con garra y mira fijamente a los ojos. «Soy Milinkovic», apunta alto y claro acompañado de esa sonrisa que, dicen, solo poseen los jugones. Justo en ese momento es cuando, realmente, me creo que estoy delante de Marcos Carlos Milinkovic (San Martín, Argentina, 1971), auténtica leyenda viva argentina de voleibol.

Posa para el redactor gráfico como si lo hubiera hecho toda la vida. Y le complace en cada una de sus tomas. Satisfecho de sobra Arcadio -el fotógrafo-, Marcos salta a la grada para «alejarnos de la cancha y se oiga menos ruido», apunta. Ya sentados, cuenta cómo está la Argentina que dejó atrás hace unos meses: «Está muy golpeada psicológicamente y, sobre todo, muy tocada en el tema de tranquilidad, de seguridad. Es un país que está atravesando una crisis muy grande. Hay lugares donde la inseguridad es tremenda… Además de la deportiva, esa también fue una de las razones por la cual decidimos salir del país en su momento, obviamente. A los argentinos nos gusta salir a la calle, estar con gente y poder pasear tranquilos, y es lo que podemos hacer aquí en Las Palmas» donde, añade, «estamos encantados desde el primer día».

«Traigo muchas ganas de trabajar» Foto y vídeo: Arcadio Suárez

Lo de trabajar con la joven cantera también tuvo fácil acuerdo. «Los últimos años estuve en Argentina trabajando con las Panteras [así se le denomina a la selección femenina de Argentina] y también con las Panteritas [categorías inferiores], y tenía ganas de probar esta experiencia, de poder dirigir un equipo femenino. Me gusta esta sensación de estar con los jóvenes, transmitir experiencia y conocimientos. Por medio de un amigo que conocí en Marbella contactamos con el Olímpico, mandamos el curriculum, empezamos a hablar y luego felizmente se dio todo», relata.

Como jugador -y ahora entenderán lo de leyenda- Milinkovic lideró a una Argentina histórica. Llegó muy joven a la Albiceleste. Primero la defendió en edad juvenil, donde disputó el Sudamericano de Catamarca del 89 (logró plata) y el Mundial de Egipto en el 91, el mismo año que debuta con la absoluta en los Juegos Panamericanos de La Habana, donde se cuelga el bronce.

La Argentina actual

«Está muy golpeada psicológicamente; hay lugares donde la inseguridad es tremenda»

Marcos Milinkovic

Con la sub-21 se lleva la plata en el Sudamericano del 92, y en marzo del 95 -ya con la absoluta- alcanza la gloria en los XII Juegos Panamericanos en Mar del Plata. Aquel 3-2 ante Estados Unidos lo tiene grabado para siempre en su retina. «Es imposible olvidar aquello: ganábamos 2-0, se pusieron 2-2 y estuvimos 14-12 abajo… Fue muy lindo. Ese sin duda, junto con los Juegos de Sidney del 2000 [Argentina terminó cuarta, pero fue nombrado MVP del torneo y su gorrazo a Dante, para superar a Brasil, es fábula en su país] son mis mejores recuerdos con Argentina», dice.

Además, entre otras actuaciones destacadas, fue el atacante más efectivo en el Mundial de Japón en 1998; máximo anotador en los clasificatorios de las Ligas Mundiales del 96, 97 y 2000; sus 150 puntos en los Juegos de Sydney le valieron para ser proclamado el MVP de la cita, donde Argentina alcanzaría la semifinal; repitió el entorchado de jugador más valioso en el Mundial de 2002… «Para todos nosotros la selección siempre fue algo especial. Nunca tuvimos la posibilidad de cobrar plata por ir, lo nuestro fue siempre una cuestión de corazón, de pasión y de amor a nuestro país y siempre lo representamos de la mejor manera que pudimos», recuerda.

Selección

«Nunca tuvimos la posibilidad de cobrar plata; siempre fue una cuestión de pasión, de corazón, de amor al país»

Marcos Milinkovic

«Lo único que le faltó a esta generación fue ganar algo importante. Estábamos siempre ahí, pero luego… Con Rusia en las semifinales de los Juegos, 28-26, 26-24… Mundial con Francia lo mismo para meternos entre los cuatro… Siempre estuvimos ahí cerquita», añade con nostalgia.

«La selección siempre fue algo especial». Foto: Archivo / Vídeo: Arcadio Suárez

Como jugador de club tampoco le fue nada mal. «Empecé a jugar a los 16 años. Antes practiqué como dos años al baloncesto, pero cuando probé el vóley encontré otra sensación, fue algo diferente, especial», recuerda.

Aquel cambio de modalidad no le sentó nada bien ni a su entrenador de básket ni a su vecino, directivo del club. «El técnico me quería matar, y mi vecino que era dirigente estuvo un año sin hablarme», recuerda mientras ríe.

Del modesto CS Villa Ballester pasó al Obras Sanitaria, de lo mejor de Buenos Aires. El traspaso le costó a su nuevo club «como seis o diez pelotas y una red. Éramos baratitos antes», relata mientras sonríe.

Luego, ya curtido, pasaría por las ligas más potentes de mundo: arrancó en la A2 italiana con el Livorno en el 92; luego viajó a Brasil para jugar con Cocamar Paraná en el 95, Chapecó São Paulo en el 96 y Olimpikus Río de Janeiro en el 97. Regresó a Italia para jugar en la A1 con el potente Sisley Treviso (1999), donde ganó la Champions y la Copa italiana, además de con el modesto Asytel Milano, con el que firmó un subcampeonato histórico antes de regresar, en el 2003, a Brasil para defender la camiseta del Unisul Sports, ex Olympikus. «Ahí viví uno de los mejores años de mi vida deportiva lejos de Argentina. Ganamos la Liga, la Copa… Fue un año increíble a todos los niveles», recuerda.

En el 2004 viajó a Grecia para unirse al potente Olympiakos, con el que ganó la Copa CEV, y en el 2005 el Plataneros de Corozal sería su siguiente destino en Puerto Rico. Tras un nuevo curso en Brasil, con el Florianópolis, regresaría a Argentina, donde lo acogieron con gusto el Unión de Formosa (alcanzó una histórica final de Liga) y el Buenos Aires de Mar de Plata, donde daría sus últimos pelotazos. «En el momento que decidí volver a Argentina ya jugaba año por año. Según me iba sintiendo seguiría o no».

Inmerso en el 2013 ya sabía que sería su último año. «Hubiese preferido retirarme de otra manera, ya que tras jugar una primera vuelta como nunca, espectacular, no pude seguir haciéndolo por un problema que tuve en el cuello. Se quedó esa manchita negra», rememora aún dolido por no poder jugar su última final por el campeonato.

Homenaje en Luna Park

Pero aún le quedaba un último partido. Y no uno cualquiera. Fue en Luna Park, cómo no. Allí, en el templo de Buenos Aires, un 16 de septiembre de 2015, logró «juntar a grandísimos amigos. Faltaron algunos europeos que no pudieron venir, pero estuvieron una gran mayoría y eso para mí fue lo más lindo», recuerda.

Milinkovic es aupado por sus compañeros y amigos en su partido de despedida. Foto: Archivo / Vídeo: Arcadio Suárez

Fue solo un hasta luego aquella pachanga entre amigos. Separarlo de las canchas no será tan fácil porque lleva el vóley en vena y le sobran conocimiento y ganas para transmitirlo allá dónde se le requiera como entrenador, donde recién empieza a trabajar con féminas tras su fugaz pero enriquecedora experiencia con las Panteras. «No sé si vivir de esto, pero sí es algo que disfruto; me enojo, quiero encontrarle a todo la solución… Me gusta trabajar con la gente joven, ver el progreso, la mejora. Es algo que hice toda mi vida y ahora lo que pretendo es seguir aprendiendo y tratar de hacerlo cada vez mejor», sentencia con mirada firme mientras se despide para empezar su entrenamiento diario con las jóvenes del Olímpico. Imposible retenerlo si lo reclama el voleibol. Su leyenda continúa.

Con su hijo Luka. Foto: Archivo personal de Milinkovic / Vídeo: Arcadio Suárez

2017: El año que lo cambió todo

Con su familia.

No todo ha sido un camino de rosas para Marcos Milinkovic en su vida. En verano de 2017, el excapitán argentino perdía a su hijo Luka, de solo 13 años. El adolescente falleció ahogado en una playa de Croacia, donde pasaba sus vacaciones junto a su madre. Aquello lo cambió todo. «Obvio que te para la vida. Ves la perspectiva del mundo desde otro lado ahora. Uno siempre se preocupa por muchas cosas y te das cuenta de que nada vale la pena: ponerse mal, enojarse… son pavadas», relata haciendo un ejercicio de superación al observar una foto junto a él. Ahora disfruta en Gran Canaria, junto a su mujer Mercedes, cada segundo de su hijo de dos años, Santino; y de sus otros hijos, Dunja y Juan Bautista, en la distancia. «Creo que si hay una cosa que me sacó adelante fueron mis otros hijos, mi hijo que nació hace unos años… Ahora vivo para ellos. Para verlos bien, felices y disfrutarlos cada día», relata.

Muchos amigos por el camino, pero uno muy especial: Maradona

Milinkovic hizo amistad con muchas estrellas argentinas. Una de ellas de calado especial: Maradona «El Diego, el más grande. Es una persona que le gusta a muchos y a otros nada. Conmigo siempre fue muy respetuoso. Vino muchísimas veces a ver jugar a la selección a Luna Park. Ese año -el de la imagen de abajo- coincidimos en una fiesta del Olimpiakos de fútbol tras proclamarse campeón. Yo jugaba en el club y él fue uno de los invitados. Nos encontramos y estuvimos unos días juntos«, asevera.

Con Maradona, su amigo, en Grecia. Foto: Archivo / Vídeo: Arcadio Suárez

«Yo siempre saco el lado humano de las personas y Diego tenía mucho. Luego, dentro de la cancha para mí era otro nivel. Como Messi o Pelé... son uno solo», añadió.

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