De silbidos y pitidos

JOSÉ ESTALELLA. Autor de 'Detrás del balón' y 'Además del balón, obras de las que se extraen estos relatos

Jose Estalella Limiñana
JOSE ESTALELLA LIMIÑANA

El 30 de septiembre de 2009, el silbo gomero fue inscrito por la UNESCO en la lista representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Este sistema de comunicación entre los habitantes de la isla es anterior a la conquista. Su origen se pierde en la noche de los tiempos. Los expertos concluyen que, tras la llegada de los castellanos, los habitantes de la isla adaptaron los sonidos a la lengua de los súbditos de los Reyes Católicos, y así ha llegado a nuestros días.

En el fútbol también hay silbos, los que emite el silbato del árbitro, aunque a veces hay algún listillo que se aprovecha de su habilidad para imitarlo y sacar provecho.

La noche de Pinto

Corría el año 2010, noviembre, noche de Champions en el Camp Nou. El Barça de Guardiola recibía al Copenhague, líder del grupo y vistoso juego. Un rival peligroso que si sacaba un buen resultado podría complicar el deseado primer puesto del grupo.

Se adelanta el Barça con gol de Messi, minuto 16, pero el Copenhague no le pierde la cara al partido, prosigue el amenazante buen juego de los daneses.

En el minuto 26, un descuido en el sistema defensivo provoca que al delantero visitante Santis -sin nadie que le marque- le llegue un balón en condiciones. Santis tiene una autopista hasta la portería de Pinto. Su compañero, el delantero centro, también le acompaña. Ellos dos contra un solo defensor. El Camp Nou ya descuenta el empate. De repente, de manera incomprensible, el brasileño Santis se detiene, deja la jugada, abandona el prometedor avance.

El soci respira, Guardiola también, aquello pintaba gol seguro.

Nadie parece saber qué ha ocurrido.

Santis se gira y expresa que escuchó el silbato del árbitro, el colegiado gestualmente le indica que él no ha señalado nada.

Unas risas en el banquillo de Guardiola ponen sobre la pista a las televisiones, y se descubre el origen del sonido.

José Manuel Pinto Colorado, Pinto sacó a relucir su habilidad de imitación del pitido cuando observó que la jugada llevaba peligro y podía complicar el partido.

Tan bien imitó el silbatazo Pinto que Santis se lo tragó. Su entrenador, Solbakken, al que se quería tragar era al brasileño. La bronca a Santis fue importante y la indignación con el banquillo local tremenda, no era para menos, les habían hurtado una ocasión para empatar y complicar mucho la noche a los Messi & Co.

La UEFA investigó el asunto y le cayeron unos partidos de sanción a Pinto. Pero el resultado quedó como estaba 2-0 para los locales.

Pinto pensó que lo del fair-Play mejor dejarlo para otro momento que lo importante era cortar el ataque.

Lozano, otro que silbaba

John Harold Lozano recaló en el Real Valladolid en 1996. Había participado en el Mundial de USA´94 con la selección de Colombia.

Centrocampista de 1,92 de estatura, chocar con él era como golpearse con una roca.

Adornaba sus cualidades con una particular habilidad que ponía como una moto a los entrenadores -sobre todo a Pepe Moré.

En los partidillos de entrenamiento imitaba el silbato, lo clavaba.

Cuando quería despistar o cachondearse un rato recurría a su singular destreza y paraba el juego emitiendo el sonidito.

Esto ocurría en un ambiente doméstico, durante los entrenamientos, hasta que un día el colombiano fue un paso más allá y lo puso en práctica en un partido oficial.

El 29 de septiembre de 2001 se jugaba el Real Madrid – Real Valladolid en el Santiago Bernabéu.

A los 5 minutos Zidane adelanta a los blancos.

Nada más sacar de centro el Valladolid se aproxima al área blanca, el ataque va por la derecha. Hay una entrada del defensor en el lateral del área y el 8 del Valladolid va al suelo. En ese momento Lozano decide sacar a pasear sus virtudes silbadoras. Los jugadores del Madrid se quedan parados al escuchar el sonido (¿del árbitro?) el balón queda suelto camino de la línea de fondo.

Los compañeros de Lozano, que habían sufrido su habilidad reconocieron el pitido, siguieron la jugada. Uno recogió el balón sin dueño y se internó en el área blanca, pase de la muerte y a puerta vacía sin oposición Fernando Fernández le marcó un gol a Casillas.

El colegiado Téllez Sánchez señaló el centro del campo. Empate a uno.

Se armó la marimorena, los blancos le protestaban enérgicamente, pero el colegiado decía que él no había pitado.

Algunos jugadores locales fueron amonestados, eso encendió aún más los ánimos en el campo y en la grada.

Los del Valladolid celebraban el gol, Lozano con media sonrisa se hacía el despistado y deambulaba de aquí para allá, como intentando pasar desapercibido.

En esas su portero, César, se le acerca, entre risas, a felicitarlo. Lozano que lo vio venir lo recibió con un: «Vete de aquí huevón que me vas a delatar».

El partido siguió, el Madrid apretó a los visitantes, parecía que aquel silbatazo sería la anécdota de ese Madrid-Valladolid, más aún cuando los locales marcaron el 2-1, en el minuto 18. Eso dejaba el marcador en su previsible lugar, pero la historia no termina ahí.

En los minutos finales del partido el mexicano Cuahtemoc Blanco logró el empate a dos, de lanzamiento de falta directo, su primer gol en España.

Un punto que supo a gloria en feudo visitante pero que les dejó un regusto amargo… Y es que la plantilla del Valladolid jugaba una quiniela todas las jornadas y había apostado al 1 en ese partido.

Se ve que no tenían fe en sus posibilidades, pero sí buen ojo para las apuestas pues acertaron el resto del boleto, solo les falló ese para el pleno al 15.

Se tuvieron que conformar con el premio a los 13 aciertos por 94,68 euros en lugar de los 6.095,62 euros que se pagaron a los 183 acertantes del pleno al 15 en esa jornada.

La plantilla blanquivioleta se dejó por el camino, entre el silbatazo y el tiro libre, 6.000,94 euros, pero se llevaron un puntito del Bernabéu y eso no ocurre todos los años.

Ya ven dos pitidos, el de Pinto y el de Lozano, que generaron mucha polémica, porque ellos no estaban allí para pitar.

El que sí estaba para pitar y no paró

José Japón Sevilla arbitró en Primera División durante varias temporadas. El colegiado andaluz, además de tener un nombre muy singular, consiguió un récord aún hoy en vigor.

Ocurrió en la penúltima jornada de la Liga 1995-96 -19 de mayo de 1996- en el estadio Carlos Tartiere de Oviedo.

El Oviedo ya estaba salvado y el Valladolid necesitaba ganar para evitar el descenso directo.

Nada hacía presagiar lo que iba a ocurrir en los siguientes 90 minutos, Japón Sevilla con el gatillo fácil no dudaba en señalar penas máximas una detrás de otra. Un concierto de pito en sol mayor.

Comienza el partido y el minuto 6, penalti que transforma Christiansen, 1-0. En el 27, Peternac pone el 1-1, también de penalti. Antes del descanso Japón Sevilla señala otro penalti a favor del Oviedo, mismo lanzador y gol. 2-1.

Vayan sumando, 3 penaltis en el primer tiempo.

La afición blanquivioleta que se había desplazado hasta Asturias estaba de capa caída, veían que aquello tenía un color muy oscuro para sus intereses.

Pero a los 49 minutos, el colegiado marca el punto de penalti del área del Oviedo, lo lanza Peternac y gol. Empate a dos, renace la esperanza en la grada ocupada por los visitantes.

Cuatro penaltis y dos dobletes, por el momento.

Y quedaban más de cuarenta minutos por delante.

En el 59 el Mami Quevedo de jugada marca el 2-3.

Otro penalti en el 68 para el Valladolid Peternac lo convierte en el 2-4. Algo de tranquilidad para la afición vallisoletana, ponen tierra de por medio.

En el 75, de jugada Peternac marca el 2-5.

En el 84 vuelve a marcar, de penalti, Peternac, 2-6.

Ya en ese momento la afición visitante está en la fiesta y se suma también la local, a coro cantan el «un limón, medio limón, dos limones, medio limón…». Pero aún faltaba la traca final.

El ovetense Carlos recortaba distancia en el 87 y dejaba el marcador en 3-6, pero Quevedo marcó en los dos minutos siguientes, un gol en cada uno. Dejando el marcador en un histórico 3-8.

Un partido para la historia del fútbol, del gol y del penalti. 11 goles, con un doblete -Christiansen, un hat-trick -Quevedo- y un repóquer -Peternac-.

Japón Sevilla entró de lleno en el Libro Guinness al señalar 6 penaltis en un solo partido. Todos los lanzamientos terminaron en gol, con sus correspondientes silbatazos -al señalarlo, al indicar que el lanzador puede proceder, al validar el gol y el que marca el reinicio del juego-. Un concierto de pito, solo en los penaltis van 24 silbatazos. Quedó amortizado el instrumento.

¿Irrepetible? Ya veremos. El fútbol sigue...