RODRIGO SALDAÑA

Don Santiago y Di Stéfano, el dúo imbatible

JOSÉ ESTALELLA. Autor de 'Detrás del balón' y 'Además del balón, obras de las que se extraen estos relatos

Jose Estalella Limiñana
JOSE ESTALELLA LIMIÑANA

Don Santiago Bernabéu fue presidente del Real Madrid desde 1943 hasta 1978. El legado de títulos que dejó fue de 31 -seis Copas de Europa, dieciséis Ligas, seis Copas de España y una Intercontinental entre otros-. El presidente merengue apoyó extraordinariamente la idea del diario francés L´Equipe de organizar la Copa de Europa, mitad de la década de los cincuenta. Cuando se le metía entre ceja y ceja un fichaje no paraba hasta conseguirlo, andaba rápido en la toma decisiones, no titubeaba. Siempre elegía el camino más rápido y ordenaba a sus hombres la ruta correcta. Así consiguió algunos de los fichajes que mayor gloria le han dado al club. Histórica es la disputa con el Barça por Di Stéfano. Sus buenos contactos con los dirigentes del momento, y un resquicio contractual sobre la ficha del jugador, llevó a la Federación a mediar en el conflicto y resolver de manera salomónica, una temporada en el Madrid y otra en el Barça. Los azulgranas renunciaron y Don Santiago se frotó las manos, construyó una plantilla en torno a Di Stefano, logrando consecutivamente cinco Copas de Europa.

Otro pasaje que define su manera de dirigir el club es el fichaje de Luis Molowny, un joven que andaba despuntando en el fútbol regional canario, concretamente en el Marino FC de Las Palmas de Gran Canaria.

Don Santiago se enteró de que el chico tenía un porvenir bárbaro, al tiempo que alguien le sopló que el FC Barcelona había enviado, en barco, a unos representantes para cerrar el fichaje. Sobre la marcha le dijo a Jacinto Quincoces -secretario técnico-, que cogiera cien mil pesetas, se subiera al primer avión a Gran Canaria y lo fichara. Dicho y hecho. Para cuando los catalanes atracaron en el muelle de Santa Catalina en Las Palmas el prometedor Molowny ya era jugador del Real Madrid.

Estaba dedicado en cuerpo y alma al club, tenía un sueldo pero nada desorbitado, ni permitía dispendios, mucho menos aprovecharse de su posición, cada tarde al salir de las oficinas del club se llevaba el periódico y hacía apuntar el precio. A final de mes saldaba su deuda. Exigía de todos los empleados del club máxima entrega, y a los jugadores dejarse la piel en el campo. Para él no había excusas en la derrota.

Decía que «la camiseta del Real Madrid es blanca. Se puede manchar de barro, sudor y hasta sangre, pero jamás de vergüenza».

Estilo inconfundible

Famosas eran sus arengas en el vestuario para motivar a la plantilla, aquellas intervenciones no eran más que un enorme rapapolvo por la falta de actitud. En ellas no dejaba títere con cabeza. La primera -conocida- ocurrió en el Estadio del Rapid de Viena en la vuelta de los octavos de final de la Copa de Europa de la temporada 1956-57.

Los blancos traían una renta de 4-2, pero al descanso en Viena los austriacos le habían dado la vuelta a la eliminatoria con un 3-0, hat-trick del delantero Ernst Happel -actual nombre del estadio-.

Con ese resultado estaban eliminados. A Don Santiago se le comían los demonios por dentro viendo la indolencia con la que se desempeñaban sus muchachos en el campo.

Al descanso bajó a los vestuarios y les habló con tal contundencia que ninguno de los presentes olvidó jamás aquella bronca.

El resultado fue que cortaron la sangría de goles y lograron marcar uno que igualaba la eliminatoria que se resolvió por 2-0 en el desempate días después en Madrid.

Para siempre quedó como bautizada la arenga-bronca del presidente como santiaguina. Esa fue la primera de unas cuantas pues no dudaba en bajar a los vestuarios y ponerle «los puntos sobre las íes» a sus chicos cuando la cosa se torcía.

El otro que no se callaba delante de nadie era Alfredo Di Stéfano.

En 1956 se pone en marcha la Copa de Europa, por el sistema de eliminatoria a doble partido excepto la final. El Real Madrid disputa su primer partido en Suiza contra el Servette FC.

La reina Victoria Eugenia, viuda del rey Alfonso XIII y abuela de un joven príncipe Juan Carlos de Borbón, residía en Lausanne. Por motivo de unas vacaciones el joven príncipe -en ese momento 17 años- estaba allí. El día previo al partido hubo una recepción y la expedición blanca rindió visita a la reina.

Raimundo Saporta, directivo madridista y hombre de absoluta confianza de Santiago Bernabéu, invitó a los allí presentes a asistir al partido. Don Juan Carlos, reconocido madridista, no desaprovechó la ocasión y se presentó en el estadio de Charmilles.

El primer tiempo acabó con empate a cero y un juego blanco manifiestamente mejorable.

Durante el descanso, el príncipe bajó a los vestuarios para saludar y animar a los jugadores.

Al llegar a Di Stéfano le dijo: «Alfredo, parece que hoy no le salen las cosas». Di Stéfano, que no estaba para bromas y haciendo gala de su proverbial locuacidad, le respondió: «andáte a cagar, nene». El resultado final del partido fue 0-2.

Al final de la temporada el Real Madrid conquistaría su primera Copa de Europa venciendo al Stade de Reims, por 4-3, en el Parque de Los Príncipes de París.

Cuatro años después, el 3 de Junio de 1959, se presenta el Real Madrid en el Neckarstadion de Stuttgart, en su cuarta final consecutiva repitiendo adversario de la primera, el Stade de Reims francés. En el Real Madrid formaban entre otros Marquitos, Santamaría, Kopa, Di Stéfano, Mateos, Gento...

En el equipo francés destacaba el delantero centro Just Fontaine, que había sido máximo goleador de la Copa del Mundo DE Suecia 1958, con 13 goles. El Real Madrid se adelanta 1-0 con gol de Enrique Mateos en el primer minuto de juego, y antes del descanso le pitan un penalti a favor.

Mateos se acerca a Di Stéfano, que era el encargado habitual de lanzarlos, y le pide que se lo deje tirar, que tenía una prima especial por contrato en función del número de goles. Di Stéfano, viendo que el resultado era favorable y que Mateos «pateaba bien los penales», accede. Mateos lanza y falla. A vestuarios con el 1-0 a favor, pero con la decepción de no haber dejado el partido resuelto.

Ya con los jugadores descansando se presenta don Antonio Calderón fuera de sí, dando gritos, y pidiendo explicaciones del asunto del penalti a Di Stéfano delante de todos.

Di Stéfano se pone de pie y le dice: «¿Quién sós tú?». Calderón -pensando que nombrar su cargo sería definitivo-: «¡Soy el gerente!». «Pues andáte a picar tickets», le respondió la Saeta Rubia. Salieron al campo, y a los dos minutos marcó Di Stéfano el 2-0. El Madrid salió campeón otra vez, cuarta consecutiva.

Ni media broma

Con Di Stéfano, ni media broma. Él hacía su trabajo y no le gustaba que nadie metiera las narices en sus asuntos, ni directivos ni príncipes.

Con los años dulcificó algo ese fuerte carácter, en noviembre de 2000 fue nombrado presidente de honor del Real Madrid, y cuando acudía a algún acto siempre dejaba alguna perla, con una socarronería extraordinaria y una gracia que sacaba las risas del público.

En 2008 le otorgaron el premio presidente de la UEFA, una de las máximas distinciones de la organización, al subirse al estrado para recoger el objeto y agradecer las palabras de Platini, Blatter, soltó: «Se han pasado. No me merezco todo esto, pero, en fin, lo tengo que aceptar y, como se dice en estos casos, no me lo merezco, pero lo trinco». Don Alfredo era una estrella pero siempre supo que el valor está en el grupo, y lo acuñó con una frase: «Ningún jugador es tan bueno como todos juntos».

Me parece que vale para cualquier ámbito de la vida.