El Pío-Pío y otras mascotas

JOSÉ ESTALELLA. Autor de 'Detrás del balón' y 'Además del balón, obras de las que se extraen estos relatos

JOSE ESTALELLA LIMIÑANA

La RAE define la palabra mascota como animal de compañía, pero también como «persona, animal o cosa que sirve de talismán o trae buena suerte».

En el caso de nuestro Pío- Pío cumple las tres, es una cosa, pues no tiene vida propia, representa un animal y lo interpreta una persona.

Su origen se empieza a perder en la noche de los tiempos, fue en la década de los noventa. La UD Las Palmas pasaba por algunas de las temporadas más duras de su historia. Instalada en 2ª B no había manera de lograr el ascenso. El asunto económico también andaba a la pata coja. Muchos, desde dentro, se esforzaban, más allá de su obligación profesional, por mantener con vida al club, y otros lo hacían desde fuera.

Un grupo de entusiastas amarillos fundaron el «Colectivo pa´ Primera», en aquel momento el nombre era una quimera, casi una locura.

Cada temporada terminaba en decepción, no era fácil salir de aquel pozo, advertidos estábamos, pero una cosa es que te lo cuenten y otra vivirlo en carne propia.

Finalmente se logró salir del agujero en 1996, y un poco más tarde se llegó a la meta, en el 2000 ascenso a Primera División. Ni el objetivo era inalcanzable ni el nombre de la asociación era equivocado, D. Gregorio Cruz y los que le acompañaban tenían razón. Ellos empeñaron esfuerzo, tiempo y dinero para sostener al equipo. Casi a modo de dique para que la marea del olvido y la desilusión no lo llevara a la insignificancia.

En el camino desde el pozo hasta la alfombra roja el «Colectivo pa´ Primera» realizó múltiples acciones para recaudar fondos, mantener vivo el espíritu y alta la moral a pesar de los reveses, y también organizó un concurso para que el equipo tuviera una mascota, el ganador fue un pájaro canario con los colores del equipo, de nombre «Pío-Pío», diseño de José María Rodríguez quien renunció al premio en metálico para contribuir a la economía del club.

La nueva versión amarilla de la mascota Pío-Pío. / LALIGA

«Pío-Pío» debutó con victoria por 2-0 ante el Corralejo en el Estadio Insular en diciembre de 1996. Con el tiempo ha ido modificando su estética añadiendo o suprimiendo algunos detalles, pero la esencia permanece.

A la UD Las Palmas este colectivo le regaló una mascota, se lo dieron hecho al club, a otros como al FC KOLN -más conocido por el Colonia-, también desde fuera del club le pusieron el talismán, pero este de carne y hueso.

El equipo alemán ha tenido sus altibajos, fue el primer campeón de la Bundesliga, en 1963, ha participado en la Copa de Europa, pero también ha sufrido descensos pero lo que se ha mantenido inalterable es su mascota.

En 1950 un circo que se exhibía en la ciudad decidió hacer un regalo/broma al club y le obsequió con una cabra -macho-.

El club, de principio, no entendía muy bien a qué venía aquello, pero en seguida le cogieron cariño y bautizaron al animal como Hennes en consideración a «Hennes» Weisweiler leyenda del club, al que le ofrecieron -y aceptó- el apadrinamiento.

El animal vivía en el zoo de la ciudad, y cada quince días un encargado del club lo recogía y lo paseaba por los laterales del campo antes del partido para algarabía de la hinchada local.

La cabra llevaba una capa como la de los caballos de carreras con los colores del club y el escudo.

Tras el paseo inicial el animal quedaba en un costado presenciando el partido junto a su cuidador, y así ha quedado para siempre.

Tal fue la consideración que le tomaron al animal que incorporaron su figura al escudo del club en 1954, el dibujo de Hennes, de Hennes I hay que precisar, pues el asunto continuó.

Hennes I estuvo en activo hasta 1966, temporada en la que fue sustituido por una cría propia, Hennes II, que estuvo presente de 1966 a 1970.

Luego vinieron varios sucesores de estas mascotas hasta que llegó Hennes VII y asistió al Estadio durante 12 años, mientras que la octava generación estuvo convocada desde el 2008 hasta 2019.

En la actualidad vivimos «el reinado de Hennes IX», el ritual se mantiene y los aficionados y jugadores le consideran el símbolo máximo del club.

Un ejemplo de la devoción colectiva por la cabra se puso de manifiesto cuando uno de sus jugadores tuvo un comportamiento inapropiado con el animalito. El domingo 8 de marzo de 2015, el delantero local, el nigeriano Anthony Ujah, marcó el 4-1 al Eintrach de Frankfurt, el hombre corrió como poseído hacia la banda a celebrar, al llegar allí se encontró con Hennes VIII, preso de la euforia la agarró violentamente por los cuernos y la levantó a peso.

Su cuidador intentaba evitarlo a toda costa, pero le cogió por sorpresa, nadie esperaba aquella reacción de su centro delantero. Las críticas de los aficionados de su equipo no se hicieron esperar y el jugador tuvo que pedir disculpas públicas.

«Lo siento. Hennes es mi mejor amiga en el Colonia y no quise molestar a nadie», declaró.

Luego se publicó una foto dándole de comer en el zoológico de Colonia, y es que con la cabra del Colonia ni media broma, te juegas la repulsa de tu afición. Tiene perfil de Facebook, con treinta mil seguidores y en su espacio en el zoo han instalado una «Hennes-Cam» que retransmite su vida en pareja las 24 horas del día.

Lo de la mascota del FC Köln tiene su curiosidad, pero los que fueron un paso más allá son los del Atlanta argentino, que no se sabe si es animal o cosa, o ambas al mismo tiempo.

El Club Atlético Atlanta se fundó el 12 de octubre de 1904 en el barrio de Villa Crespo, Buenos Aires.

Muchas décadas militó en Primera División, 64 temporadas, era un habitual, pero desde mitad de los ochenta del Siglo XX, anda moviéndose por la Segunda e incluso algún rato en Tercera.

Uno de los hinchas más entusiasta era Don Francisco que acudía al Estadio Don León Kolbowsky a animar acompañado de su perro, un Foxterrier.

Era una curiosidad ver a un perro asiduamente en la grada, pero más aún lo era que fuera el más fanático de los hinchas.

El animalito, en cuanto veía a un jugador rival, le lanzaba sus buenos ladridos, eso llevaba a la afición al estado de jolgorio y le acompañaba en el abucheo al rival. Marcaba el ritmo el can.

Pero como a todo ser vivo al perro de Don Francisco le llegó el día de ya no estar en este mundo, y no poder acudir el estadio a defender a su equipo. En lo primero nada se podía hacer, pero lo segundo la afición «Bohemia» no lo iba a permitir, no ladraría más, no respondería a las carantoñas de los compañeros de grada, pero que no iba a estar más, de eso nada.

Lo embalsamaron y allá que llevan al animalito a todos los partidos que juegan de local para que no se pierda uno. Y al pie del cañón sigue sufriendo por los colores amarillo y azul del Club Atlético Atlanta, esperando escalar en las categorías y volver a los tiempos en los que se codeaba con los grandes.

Cuando a final de temporada, desde el cielo de los perros, el foxterrier vea al Pío-Pío subiendo la escalera que lleva a Primera División moverá la cola de alegría, al fin y al cabo, uno de los suyos es uno de los nuestros, pues el mito amarillo Daniel Carnevali defendió su portería igual que hizo con la de la UD Las Palmas.